La impresión de los caricaturistas de que sus libertades podrían verse amenazadas por la crisis de Mahoma se suma a presiones financieras, especialmente en EU. Los periódicos ahora emplean menos de 90 caricaturistas de tiempo completo, en compar

06 marzo 2006

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Rafael Fernández de Castro/Proceso

Los dibujantes de caricaturas políticas en Estados Unidos, el Medio Oriente y otros sitios temen que su profesión corra el riesgo de convertirse en víctima del furor provocado por las caricaturas dinamarquesas sobre el profeta Mahoma.
Más que la indignación de los musulmanes, algunos artistas ven una amenaza en sus propios empleadores, de quienes sospechan podrían empezar a poner límites a su arte controversial.
"Estos no son buenos tiempos para los caricaturistas políticos. Y creo que esta controversia agrava la situación porque los directores son tímidos y ven a sus caricaturistas como lanzabombas que necesitan ser controlados", comento el caricaturista Daryl Cagle, de MSNBC.com, en una entrevista telefónica.
La agencia con la que trabaja, Cagle Cartoons, Inc., distribuye las obras de unos 50 caricaturistas a periódicos en Estados Unidos, Canadá y Latinoamérica.
Los caricaturistas europeos han publicado las caricaturas sobre Mahoma en solidaridad con los dinamarqueses. Los artistas estadounidenses han hecho lo mismo, aunque unos pocos dicen haber tenido dificultades para hacerlas publicar.
Brian Fairrington afirma que la revista The New Republic le pidió una portada para ilustrar un tema después de los dibujos dinamarqueses, pero que rechazó su esbozo de un hombre con turbante y espada luchando contra otro que portaba una Biblia, idea que atribuyó a la misma publicación.
El director ejecutivo de The New Republic, Adam Kushner, dijo que los motivos para suprimir el dibujo "no tuvieron nada que ver con la ´reacción´ que supusimos pudiera generar".
"El problema era que sus dibujos, pese a nuestra insistencia, no lograron representar la serie de cuatro historias de portada que publicamos en ese número", dijo Kushner en un mensaje de correo electrónico a la AP. "Se trató de una decisión puramente estética".
Los caricaturistas han participado activamente en el debate mundial suscitado por las caricaturas de Mahoma, que se ha centrado mayormente en temas amplios como el precario equilibrio entre la libre expresión y el respeto a las sensibilidades religiosas.
Las caricaturas de Mahoma, publicadas por primera vez en un diario dinamarqués en septiembre y luego reproducidas por otros medios mayormente occidentales, en algunos casos en el nombre de la libertad de expresión, fueron artísticamente comunes y corrientes, pero desafiantes: uno muestra al profeta del Islam con un turbante en forma de bomba.
La indignación de los musulmanes por las caricaturas, alimentada, dicen algunos, por Irán y otros, finalmente estalló este año en protestas violentas y ataques a embajadas dinamarquesas y de otros países occidentales en varios países musulmanes. Docenas de personas han muerto en las protestas.
Los caricaturistas se han burlado de las protestas y las expresiones musulmanas de indignación. Algunos desafían la noción de que los dibujos dinamarqueses merecieran tanta repercusión. Otros sugieren que los musulmanes son hipócritas aduciendo que se enfurecen por las caricaturas pero no por el terrorismo.
"¿Pero esta gente no tiene ningún sentido del humor?", pregunta un ángel a Jesús en una caricatura de Vince O´Farrell en Australia, una de docenas de todo el mundo recopiladas en www.cagle.com de Cagle.
Los caricaturistas también han hecho un examen de conciencia con dibujos que representan una profesión en crisis, amenazada por ataques suicidas o por el alfanje.
En Estados Unidos, Mark Cohen representó a un caricaturista frente a la mesa de dibujo, cavilando profundamente sobre la cuestión de Mahoma. Y en los dos últimos cuadritos, un terrorista encapuchado lo decapita y se lo lleva sangrando.
Rainer Hachfeld, en Alemania, también dibujó la decapitación de un artista. El caricaturista francés Stephane Peray, con sede en Bangkok, Tailandia, dibujó manos cortadas que colgaban del poste de un arco de fútbol todavía asiendo plumas y goteando sangre.
Otro caricaturista, Nikahang Kowsar, de Irán, que estuvo preso en 2000 por dibujar un clérigo iraní en forma de cocodrilo, dice que teme por la libertad de sus colegas en el mundo musulmán. El arte llegó como una exportación desde Europa en el Siglo 19 y la tolerancia a las caricaturas es menor en el Medio Oriente que en occidente, afirmó.
Después de las caricaturas dinamarquesas, los caricaturistas (en la región) "estarán bajo la lupa de las autoridades y de poderosos líderes islámicos", dijo en una entrevista telefónica desde Canadá, donde vive ahora.
"Para asegurarse de que los caricaturistas actúen como buenos muchachos, les pedirán que ataquen a Israel, el holocausto, y se asegurarán de que sean la buena gente que los gobiernos quieren que sean. Esto es negativo para el arte".
Uno de los principales periódicos iraníes, Hamshahri, ya ha lanzado un concurso solicitando caricaturas sobre el genocidio judío, en lo que considera una prueba de la disposición de occidente a publicar dibujos sobre la matanza nazi de 6 millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.
Un caricaturista israelí, Amitai Sandarovich, ha respondido a la oferta iraní con un concurso propio: ha pedido a artistas judíos que dibujen caricaturas antisemitas.
El caricaturista Shujaat Ali, de Katar, cuyos dibujos aparecen en www.aljazeera.net dice que le gustaría ver un código de ética para la profesión. "Debemos mantenernos al margen de cuestiones religiosas", opina.
Él también teme repercusiones negativas de la controversia dinamarquesa.
"La gente empezará a pensar que estas situaciones causan problemas a la organización o al periódico, de modo que muchos podrían perder sus empleos", dijo por teléfono. "Es injusto para toda la comunidad de caricaturistas porque no todos nosotros nos proponemos atacar ninguna religión".
La impresión de los caricaturistas de que sus libertades podrían verse amenazadas se suma a presiones financieras, especialmente para los artistas en Estados Unidos.
Los periódicos estadounidenses ahora emplean menos de 90 caricaturistas de tiempo completo, en comparación con casi 200 en la década de los 80, según un informe en 2004 de la Fundación Nieman para el Periodismo, de la Universidad de Harvard.
"La caricatura política es una profesión que podría estar muriendo junto con los periódicos", advirtió Cagle.
Otros argumentan, por el contrario, que la crisis de Mahoma podría dar un impulso a la actividad al ofrecer un poderoso recordatorio de su capacidad para concitar la atención sobre distintos temas.
"Por un momento, supongo, estaremos prestándole un poquito más de atención", dijo Richard Crowson, del The Wichita Eagle, en un mensaje de correo electrónico. "¿Acaso la restringiremos? No lo creo a largo plazo".