La Plaza Taksim y el Zócalo

Elizabeth Gámez
18 junio 2013

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Aunque a primera vista no lo parezca, hay una estrecha conexión entre la situación de Turquía y la de México. Ambos países tienen una larga tradición secularista, con estados laicos largamente establecidos y sociedades que han transitado de regímenes autoritarios a crecientemente democráticos, lo que ha paradójicamente abierto la puerta a gobiernos conservadores apoyados por sectores religiosos. Dichos gobiernos han puesto crecientemente en cuestión al sistema (democrático y laico) que les permitió acceder al poder, limitando lenta e inexorablemente los derechos de aquellos que no comparten su visión del mundo. El populismo religioso ha terminado por infiltrar los círculos políticos no sólo de la derecha clásica, sino también de sectores moderados en ambos países, los cuales sin embargo, ahora reaccionan para oponerse a esa nueva amenaza contra sus libertades.
Si Turquía es hoy un país moderno con amplias libertades para el conjunto de sus ciudadanos, ello se debe en buena medida a que desde el Siglo 19 inició una profunda transformación encabezada por un grupo de renovadores llamados los jóvenes otomanos, cuyo objetivo era modernizar el imperio para poder competir con las potencias occidentales. Aun así, el Imperio Otomano se convirtió en "el enfermo de Europa" y después de la I Guerra Mundial tuvo que enfrentar su desmembramiento, con la pérdida de los territorios árabes que hoy comprenden Siria, Irak y Arabia Saudita. Es cuando surge la figura de Mustafa Kemal Atatürk, gran héroe de la independencia turca frente a las potencias coloniales (particularmente Francia y Gran Bretaña) que planeaban reducir Turquía a su mínima expresión. Kemal inició entonces y hasta su muerte una serie de reformas para modernizar el país y laicizar el nuevo Estado. Adoptó códigos civiles y la vestimenta occidental, un alfabeto turco más cercano al latino que al árabe, eliminó la poligamia y la segregación de las mujeres que establecían las leyes islámicas, al mismo tiempo que promovió una rápida alfabetización y la integración de las mujeres a la vida nacional.
Atatürk tuvo un enorme apoyo popular para sus medidas modernizadoras y laicistas, aunque, como era de esperarse, también enfrentó la oposición de grupos religiosos que no se resignaban a la eliminación del califato, del lenguaje árabe original del Corán y de las medidas que durante siglos habían mantenido a las mujeres como entes dependientes de los hombres. Después de su muerte, el "kemalismo" continuó la modernización del país, con el apoyo en particular de las fuerzas armadas, las cuales se fueron sin embargo desprestigiando con el paso del tiempo, por su intervencionismo golpista.
En suma, se trataba de un laicismo ilustrado pero autoritario, como en buena medida conocimos en México durante las primeras décadas del régimen revolucionario. En ambos casos, los esfuerzos modernizadores y laicistas, ciertamente autoritarios, se enfrentaron a una resistencia de los sectores religiosos más conservadores. En ambos casos también, después de décadas de políticas secularistas, la creciente democratización obligó a un replanteamiento del tipo de laicismo que la misma sociedad quería, con la introducción de una nueva perspectiva en materia de derechos humanos y por lo tanto libertades religiosas. Así por ejemplo, las universidades turcas, que antes impedían la asistencia de mujeres con velo a sus aulas e instalaciones, comenzaron a permitirlo para aquellas que por razones religiosas desearan portarlo. En México, las reformas de 1992 tuvieron el objetivo similar de relajar ciertas políticas autoritarias anticlericales, para volver al espíritu liberal de las Leyes de Reforma. En el caso de Turquía la situación se volvió todavía más compleja por el retorno de lo que en los años 70 del siglo pasado se denominó "el Islam político" y que básicamente representó un cuestionamiento de las políticas occidentalistas y secularistas impuestas en ocasiones de manera forzosa, como había sido el caso en el Irán del Sha Reza Pahlevi, o en el Egipto de Gamal Abdel Nasser y sus sucesores.
La gran paradoja, compartida por México y Turquía es que, en ambos casos, gracias a la construcción de un sistema secular y democrático, con un Estado laico que abandonó su carácter autoritario, se hizo posible el arribo de gobiernos conservadores que, bajo la bandera de la libertad religiosa, comenzaron a horadar el mismo sistema que les permitió llegar al poder. La clave del cambio se encuentra en que amplios sectores de la sociedad, ya secularizados, optaron por gobiernos que ofrecían ampliar los esquemas de libertad para todos. Sin embargo, eso no ha sido el caso y esa es la razón por la que en Turquía muchos están protestando. En efecto, el actual Gobierno conservador y pro-religioso ha estado reintroduciendo de manera sutil y persistentemente políticas públicas que limitan los derechos de los "secularistas". Así como aquí en México el PAN, muchas veces apoyado por el PRI, introdujo políticas públicas que han terminado por afectar los derechos humanos de aquellos y aquellas que no comparten una determinada visión religiosa. Por eso el Zócalo no está tan lejos de la Plaza Taksim.


roberto.blancarte@milenio.com