La responsabilidad de vacaciones

18 abril 2006

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Manuel Antonio Díaz Cid

Están corriendo las vacaciones de las Semana Mayor y de Pascua. Oficialmente se llaman: "Vacaciones de Primavera" porque el laicismo no reconoce que existen los días santos. Así semos (sic).
Estoy en Altata. El agua de la Bahía estuvo pardusca unos días porque la coloreaba el plancton, vegetal y animal, que muere y se torna rojizo antes de depositarse en el fondo. Los nutrientes que estamos vertiendo a las lagunas litorales permiten que este plancton y las algas y zacates marinos se desarrollen y mueran en sus aguas. Pasan en la corriente como grumos color café y a veces se adhieren a papas marinas o se aglomeran en balsas hasta de medio metro cuadrado. Algunas son arrojadas a la orilla donde se descomponen al sol junto con las conchillas y mini-cangrejos que se alojaron en ellas durante su vida en el mar. El efecto es asqueroso y pestilente pero nadie es responsable. Maravillosamente el cambio dos veces diarias, por las mareas, de noventa centímetros de profundidad por el área de la bahía introduce muchas toneladas de oxigeno disuelto en el agua que rápidamente degrada toda la materia orgánica que ha muerto. Hoy amaneció el agua cristalina, gracias al poder de recuperación de la naturaleza mas no a quienes deben atender su cuidado.
Sobre el agua corren a toda velocidad todo tipo de embarcaciones: Jet skis, wave runners, botes de turbina y de motores diversos. Nadie conoce las reglas de tránsito marino. Ni la más elemental de ellas es conocida: Que el nadador tiene preferencia sobre el bote de remos, éste sobre los veleros y estos sobre lo motorizado. ¿Por dónde rebasa un tipo de embarcación a otra o hacia donde virar para evitar un encuentro? Son reglas totalmente desconocidas. Nadar en lo hondo es exponer la vida.
En tierra corren la trici y cuatrimotor. He visto conductores de seis años de edad con cinco pasajeros a bordo. Ninguno con casco, coderas o rodilleras. Pasan zumbando. Los juicios de criterio de qué velocidad es segura, qué tan rápido dar vuelta, cómo tomar un bache o una loma quedan a voluntad del conductor. He visto a niños todavía de menor edad tripulando estos vehículos. La vida de pasajeros y peatones a su disposición.
¿Y los jóvenes? En pickups con potentes bocinas a todo volumen generosamente compartiendo su gusto musical. Reuniéndose en grupos en las calles, haciendo todo el ruido posible de sol a sol. Esto es desde que éste se mete hasta que vuelve a aparecer al día siguiente. ¿De qué se trata? ¿Por qué consideran muy satisfactorio molestar a todo el mundo y amanecer ahogados en alcohol?
¿Y las familias que acampan? Muchas vienen y se van el mismo día pero igual tienden cobertizos de lona, instalan anafres y sanitarios efímeros. Todos dejan un cochinero. Bolsas del super, todo tipo de papeles usados, platos y cubiertos desechables, garrafones quebrados y todos los desperdicios que produjeron. Que no cuenten que queremos a México. No se trata así al país que se dice amar.
Alguna vez, antes de esta hermosa carretera a las playas, me preguntaron: ¿Cuál es el camino al Tambor? -Fácil les dije: "Váyanse por el medio de los botes de cerveza y de las servilletas. No tienen pierde".
Lo que a continuación relato parece exageración. Créanmelo porque lo he vivido muchas veces. De regreso en automóvil de los EU, al entrar al territorio mexicano, un compañero ha abierto la ventana y arrojado los envases de refrescos y las servilletas de papel a la vera del camino al tiempo que gritaba: Viva México. Aquí sí tenemos libertad.
Qué despropósito. Qué verdadera confusión mental. Debiera haber autoridades que cuantas veces sorprendan a un desechador de basura a la vía pública lo obliguen a limpiar un tramo de carretera, de ribera de río o de playa. Que se le tome fotografía y aparezca al día siguiente en el periódico con un letrero de "MARRANO" en el pecho; consignando su nombre, dirección, teléfono y correo electrónico. Si se le pilla cometiendo el mismo delito por segunda vez, se le acusará de lesa patria y se azotará en la plaza pública junto con la defensora de los derechos humanos que proteste. Si se le sorprende por tercera vez, se le fusilará tres veces y su nombre será borrado del registro civil para que desaparezca toda huella de que alguna vez habitó este planeta.
Creen que es broma: No lo es porque los castigos que propongo son demasiado leves y nos animaríamos a soportarlos porque el impulso de tirar basura es incontrolable porque tenemos ganas de librarnos de toda obligación, ansias de impunidad y anhelo de importamadrismo. Hacer por un momento lo que hacen los poderosos. El libertinaje confundido con la auténtica libertad que implica respeto a los demás.
Lo he platicado antes y lo repito aunque me avergüence.
- ¿Qué hace ese bote en el agua?, me dijo un nieto.
- No sé, le contesté.
- Abuelo, estabas tomando una cerveza hace un momento: ¿En donde está el bote vacío? ¡Vámonos! Llegando te acuso con la abuela que eres un cochino.
Quizás ésa sea la solución. Educar a las nuevas generaciones para que ellas nos castiguen por ensuciar el mundo que les dejaremos.
Este artículo, con sus variantes, lo publico cada pascua. Siempre he felicitado al Ayuntamiento de Navolato por limpiar la basura que le dejamos. Durante esta Semana Santa, tuvieron servicio de recolección de basura y ahora hubo agua todos los días. Primera vez que no tengo que conseguir agua en pipa. ¡Bravo!