La trinchera

23 septiembre 2006

""

Jesús González Schmal

Sin ser una dolencia privativa del Partido Revolucionario Institucional, el hecho de permitir, sin objeción alguna, que el Diputado Emilio Gamboa Patrón acceda al cargo titular de la bancada priista en la Cámara de Diputados pone de manifiesto que los antecedentes que manchan la integridad moral de un político pueden ser contemplados como simples errorzuelos de pillín que no ameritan registro en el currículum de un legislador, ni siquiera como causa de reserva.
Así haya sido obtenida por medio del delictivo espionaje telefónico, la evidencia de que, como miembro del Congreso de la Unión en anterior periodo, el hoy Diputado Gamboa Patrón se expuso abiertamente al servicio de los tortuosos intereses del, entre otras linduras, acaudalado empresario textil Kamel Nacif, debió haber motivado, al menos, a un esbozo de rubor por parte del líder cameral priista, quien, sin ahondar en aclaraciones, recurrió al sobado recurso de proclamarse víctima pasiva en lugar de autor en complicidad.
Es obvio que el intento de reconsiderar el nombramiento de Gamboa Patrón hubiera significado una actitud decente, pero tal opción se supone fuera de realidad. Pelillos a la mar, y a ver en qué se puede servir al magnate del florido lenguaje. (Sin llamadas telefónicas, "papá" Kamel.)
A propósito, el tema de la pederastia es actualmente socorrido por recientes acontecimientos, entre ellos la acusación presentada por el joven Joaquín Aguilar Méndez, cuya demanda formal señala al cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México, como encubridor del sacerdote Nicolás Aguilar quien, según el demandante, lo violó cuando era niño.
El caso resulta insólito por el primerísimo nivel clerical que en México se ve afectado esta vez en la persona del cardenal Rivera Carrera, en cuya defensa, la Arquidiócesis de México arguye que la acusación del presunto ofendido corresponde a una venganza política de grupos de la izquierda, la cual se da a raíz de que el Arzobispo Primado hizo una pública exhortación de apoyo ciudadano al Presidente electo Felipe Calderón Hinojosa.
De tal forma se están ubicando en el conflicto poselectoral las causas de la demanda de Aguilar Méndez quien, de acuerdo con la réplica de las autoridades eclesiásticas, adquiere patente de vengador de López Obrador, autoproclamado Presidente legítimo de México, y a quien el prelado Rivera Carrera desconoció tácitamente al llamar a unir voluntades en torno al Presidente formalmente electo, cuya propuesta, pese al sesgo izquierdizador de Calderón Hinojosa, se identifica con la derecha.
Aun cuando en los círculos más radicales del Partido de la Revolución Democrática se denuesta actualmente a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, a quien antes ya se había criticado por aceptar una encomienda del gobierno foxista, que resulta muy pobre para su nivel, debe reconocerse que en lo expresado por quien fuera fundador del PRD hay verdades muy rescatables como generadoras de reflexión.
La advertencia de Cárdenas Solórzano, sobre el inevitable desgaste que podrán registrar la causa lopezobradorista y el propio PRD, no parece producto de un mero resentimiento contra quien lo desplazó como líder de ese partido, sino de quien, hace 18 años, optó por asimilar la injusticia electoral, antes que propiciar un esquema conflictivo para el país.
Quienes, al calor de la remembranza, estiman que Cárdenas Solórzano debió haberse mantenido en pie de lucha contra el fraude electoral que se cobijó con la supuesta caída del sistema, tal vez no toman en cuenta que eran otros tiempos.
Todavía entonces existía la ominosa posibilidad de enfrentar medidas represivas, si bien, no tan brutal y abiertamente violentas como las de 1968, sí suficientes como evidencias de que el país no se había adentrado en el proceso democratizador que ahora, pese a todo, está en marcha.
Sin embargo, no se descarta la impresión de que una posición radical contra el discutible triunfo de Carlos Salinas De Gortari pudo haber generado trascendentes logros para el movimiento ya entonces identificado como de izquierda. Pero esa coyuntura histórica no fue aprovechada.
Vale tomar en cuenta que en los comicios del 2 de julio anterior, sin ganar la Presidencia, el PRD fue triunfador indiscutible en razón del arrollador crecimiento que registró como partido.
Esto es precisamente lo que Cuauhtémoc Cárdenas y muchos mexicanos más plantean ante posición de Andrés Manuel López Obrador, cuya mejor opción pudo haber sido la de constituirse en jefe de la resistencia nacional, título que hubiera dado una serena e incuestionable configuración a su trinchera.