Las enseñanzas de Weber frente a los desaparecidos
19 enero 2013
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Éric Vega
El encuentro que Miguel Ángel Osorio Chong tuvo el pasado 13 de enero con familiares de personas desaparecidas, me hizo recordar la conferencia magistral que Max Weber dictó en enero de 1919 en la Asociación Libre de Estudiantes de Munich. De manera por demás lúcida, en aquel encuentro el célebre sociólogo legó unas enseñanzas invaluables para los que viven del quehacer político. Ante la evidencia de la desgracia relatada por los dolientes, sería lógico esperar que el responsable de la política interna de nuestro País hiciera gala de las tres cualidades que, según Weber, debe poseer un político profesional: pasión, responsabilidad y mesura. Por razones de espacio me centraré en las aristas de la responsabilidad frente al caso de los desaparecidos en México.Según el comunicado de prensa número cuatro de la Secretaría de Gobernación, su titular "se comprometió a establecer contacto con las instancias estatales correspondientes para avanzar en las investigaciones en curso a fin de encontrar a los desaparecidos". Con la pasión propia del político, Osorio Chong declaró: "Vamos a buscar a todos". ¿Hasta dónde dicha declaración deja de ser mera "política de imagen" para convertirse en una verdadera "política de responsabilidad" frente a las víctimas? Para el caso, la responsabilidad obliga a que el mal generado sea enmendado o, como mínimo, siguiendo a Hannah Arendt, "desbanalizado". Ante la magnitud de la desgracia, no valen las falsas promesas. Por tanto, es menester de la autoridad confeccionar las mejores vías para resarcir el daño efectuado y cumplir de inmediato con todo lo ofrecido en la reunión del 13 de enero.
Sin embargo, la magnitud del problema rebasa por mucho las convicciones del Secretario de Gobernación por hacer valer "el compromiso y convicción del Presidente Enrique Peña Nieto". Responsabilizarse de veras por las víctimas exige mucho más que hablar con pasión y vehemencia. Exige capacidad efectiva para que en el corto y largo plazo le sea posible dar buenas cuentas a los dolientes. Como nos mostró Marcela Turati en su escalofriante artículo, "Las enseñanzas de Sarajevo", en la antigua Yugoslavia los más de 29 mil desaparecidos obligaron al gobierno a pasar de la "buena voluntad política" a la dotación de recursos materiales, humanos y científicos para hacer frente a la tragedia. Con más acciones que palabras, en aquella región la Comisión Internacional sobre Personas Desaparecidas (ICMP) ha posibilitado la identificación de más de 18 mil personas que desaparecieron durante la lucha que sostuvieron bosnios y herzegovinos. Ante la desdicha de las víctimas, el equipo de Osorio Chong se comprometió a complementar las actuales bases de datos, contactar a las instancias estatales y conocer el estatus de las investigaciones en curso. ¿Dicha promesa es suficiente ante la cantidad de desaparecidos en México? Evidentemente no. En Sarajevo el edificio que albergó los restos de los 18 mil encontrados no sólo tenía nueve pisos de planchas metálicas, sino que contaba con laboratorios, especialistas de distintas áreas, millones de archivos electrónicos y un vigoroso respaldo judicial y jurídico. En México ya contamos con la Ley General de Víctimas, pero no con los recursos económicos, técnicos y humanos para hacerla valer y pasar de las percepciones a los resultados. Es notoria la preocupación del Gobierno, no así los recursos para materializarla.
Y si Osorio Chong decidiera recuperar las enseñanzas de Weber, podría optar por una "ética de la convicción" o una "ética de la responsabilidad". La primera lo movería desde los valores, deberes y principios que vertebran su quehacer como Secretario de Gobernación, sin reparar en las consecuencias derivadas de dicha actuación. Se movería como los santos, Kant o los ángeles: meramente por principios morales, no por los efectos. Por el contrario, una ética de la responsabilidad le ordenaría "tener en cuenta las consecuencias previsibles de la propia actuación". Cualquiera de las vías por las que se decida no escapará del juicio moral de los agraviados, debido a que quien tiene a la política por profesión, nos recordará el filósofo y sociólogo alemán, "no puede eludir el hecho de que para conseguir fines `buenos´ hay que contar, en muchos casos, con medios moralmente dudosos, o al menos peligrosos, y con la posibilidad e incluso la probabilidad de consecuencias laterales moralmente malas". Los políticos no son ángeles, ni santos, de ahí que, como dijo Weber, el político no pueda buscar la salvación de su alma por el camino de la política. Las tareas y fines de ésta son muy distintos a los que procura el santo. La política sólo se hace valer mediante la fuerza. La obra del santo mediante el amor. Supongo que la motivación de Osorio Chong para hacer justicia no tiene por fin la salvación de su alma, pero tampoco puede olvidar que el uso de la fuerza en México se ha desgastado en extremo. Se ha vuelto muy poco efectivo.
Por tanto, si nuestro Secretario de Gobernación decidiera actuar conforme dicta una ética weberiana, deberá asumir la responsabilidad de todo lo que decida y realice, sin rechazar, descargar o delegar su rol en sus subordinados, teniendo en cuenta, a la vez, las consecuencias previsibles de sus decisiones en el corto y el largo plazo. Y para dar fuerza moral a sus compromisos y alejarse del mero cálculo de las consecuencias en sus acciones, debería incluir tres criterios morales clave: prever las consecuencias humanas en el largo plazo; verificar que los resultados beneficien a la sociedad en su conjunto; y, evitar más violaciones a los derechos humanos. Actuar de ese modo lo conduciría no sólo a escapar de las declaraciones anodinas y hacer justicia a las víctimas, sino que lo pondrían a la distancia del envilecimiento moral que generan las promesas incumplidas.
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