Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se autoproclaman marxistas-leninistas y operan en su país y en las regiones fronterizas

15 marzo 2008

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JANNETH ALDECOA/ JOSÉ ALFREDO BELTRÁN

Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia



Es un levantamiento armado, cuyos principios, metas y fines no tienen sentido. Es una insurgencia muy antigua que, junto con otros grupos de alzadas como los de Birmania y Cachemira, parece que les divierte sembrar la zozobra y el caos en sus naciones y fuera de ellas.
A estas fechas nada sabemos de sus propósitos y menos de sus logros, como no sea el asesinato, el robo, el secuestro, el narcotráfico y el atraco. No se sabe de nada positivo que hayan hecho, como no sea crear la inestabilidad de sus gobiernos y sembrar el terror entre sus propios conciudadanos.
Lo malo es que exportan esa horrenda manera de vivir a otras naciones, pero sobre todo, a los jóvenes que se sienten incomprendidos por la sociedad y la humanidad.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia se autoproclaman marxistas-leninistas y operan en su país y en las regiones fronterizas, metiendo en serios problemas internacionales a los países limitantes con Colombia. Su organización está conformada por un secretariado de siete miembros que comanda Pedro Antonio Marín; la gran mayoría de sus componentes usan pseudónimos para evitar ser reconocidos; así su comandante supremo, Pedro Antonio Marín, es conocido como Manuel Marulanda o Tirofijo.
Su segundo en mando fue Luis Édgar Devía Silva, quien se hacía llamar Raúl Reyes, muerto en un ataque colombiano, perpetrado el sábado 1 de marzo en un campamento ubicado en tierra de Ecuador, muy cerca de la línea divisoria con Colombia, cuando a las 12:20 de la noche, fueron abatidos por los aviones y helicópteros del país de la coca. Desafortunadamente en esa refriega se encontraban varios jóvenes mexicanos supuestamente estudiantes de la UNAM y del Politécnico.
Entre ellos, Lucía Morett Álvarez, quien salió con varias heridas en distintas partes del cuerpo, por esquirlas de las bombas disparadas por el Ejército Colombiano.
Los muertos fueron alrededor de 24 personas y se supone que cuando menos 5 de ellos eran estudiantes mexicanos.
Los estudiantes que se encontraron en el campamento guerrillero, explican que fueron a un Congreso que se celebró en Quito, Ecuador del 24 al 27 de febrero.
Otras versiones que dan es que son estudiantes de la Escuela de Filosofías y Letras de la UNAM y que iban en plan de estudio de los movimientos sociales que se producen en el mundo.
Bien o mal, meterse en la cueva del lobo, por ningún motivo era recomendable, pero siguiendo las actividades de alguno de ellos nos dejan con la idea de que les gusta tener ligas con las revueltas porque, por ejemplo Lucía Morett fue la estudiante que le dio la calurosa bienvenida al Sub-comandante Marcos, en la ciudad de México, durante el zapatour.
El estudiante muerto por la metralla colombiana, identificado por sus padres como Juan González del Castillo, en la morgue, por las piernas que permanecían en ese trágico lugar. En este y en los demás casos, claro, exclaman los padres justicia y reclaman al Gobierno mexicano cierta tibieza conformista por la muerte de los estudiantes mexicanos.
Pobres padres, tristes y acongojados fueron a buscar a sus vástagos a otros países para enfrentarse a una cruda realidad que era inminente en cualquier momento. Pero hoy reclaman a las autoridades mexicanas la falta de presión a los gobiernos de otros países que, dicho sea de paso, tienen que defender su soberanía y sus instituciones de los vándalos.
Los padres tenemos que saber que los guerrilleros del monte y de las ciudades no tiene contemplación de nada y de nadie; tampoco tienen, ni observan ningún tipo de regla; el sentido que los mueve es sólo de muerte.
No se sabe a ciencia cierta qué pasó con los demás estudiantes del grupo, porque el Gobierno dijo haber proporcionado visa de turistas, también a Verónica Natalia Velásquez Ramírez, Fernando Franco Delgado y a Soren Ulises Avilés Ángeles, de acuerdo con la cancillería mexicana. Ojala hayan corrido con mejor suerte.
En días próximos al ataque del Campamento guerrillero el Gobierno de Colombia instó al Gobierno mexicano a levantar una investigación cuántos estudiantes de la UNAM, habían asistido al supuesto Congreso y sus nexos con la FARC.
La guerrilla colombiana está considerada por gran número de países de América y de Europa, como un numeroso grupo terrorista. Así la considera la propia Colombia, Perú, Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. Los gobiernos de algunos países latinoamericanos, como Ecuador, Bolivia y Brasil han decidido no intervenir, pues consideran un asunto interno de Colombia. El Gobierno de Venezuela ha solicitado que se le otorgue un status de grupo beligerante a las FARC y no los consideren terroristas.
Sin embargo, sus acciones no dejan lugar a duda para llamarlos terroristas. Sus métodos de combate incluyen la guerra de guerrillas y combate regular convencional. Sus actividades también incluyen los secuestros, actos terroristas y la utilización de armas no convencionales como cilindros bombas.
Organismos defensores de los derechos humanos, como Human Rights Watch, entre otros, le han solicitado a la FARC que deje de usar armas no convencionales, pues según el organismo internacional, el continuo uso de cilindros de gas por los FARC-EP muestra un flagrante desprecio por la vida de los civiles por parte de estos grupos armados.
Según la Ley 002 de 2000 anunciada públicamente por el Mono Lojoy de las FARC, durante las convenciones de paz de Gaguán, cualquier directivo de empresa o persona natural con un patrimonio mayor a un millón de dólares deberá pagar un equivalente al 10 por ciento de dicho patrimonio, bajo la amenaza de secuestro. Esta amenaza provocó en su momento un éxodo de colombianos hacia el exterior.
Hay fuentes que afirman que las FARC utilizan armas químicas que violan el Derecho Internacional Humanitario con serias repercusiones contra la población civil. Según estadísticas de la Campaña Internacional contra las minas antipersonales, las FARC son los mayores sembradores de minas antipersonales en Colombia y en el mundo.
La Unión Europea y el Gobierno de Estados Unidos de América incluyeron en 2001 a las FARC-EP en la lista de organizaciones terroristas, al igual que a la guerrilla de ELN y las AUC. Organizaciones de Derechos Humanos como Human Rights Watch Internacional los consideran al igual que otros grupos ilegales, culpables de violar los Derechos Humanos, de atacar y perjudicar indiscriminadamente a civiles. La misma Human Rights Watch asegura que las FARC han reclutado a niños incluyendo a menores de 18 y 15 años.
Hasta la década de 1980, las FARC crecieron de manera relativamente lenta, además de sufrir una escisión por parte de Javier Delgado y Hernando Pizarro Leongómez, antiguo comandante de las FARC, formando aparte una guerrilla llamada Comando Ricardo Franco Frente-Sur. Las FARC contaban entonces entre mil y tres mil hombres. En la séptima conferencia del 4 al 14 de mayo de 1982, bajo el mando del líder político Jacobo Arenas, se plantearon varias directrices estratégicas nuevas y se reafirmo el principio de la combinación de todas las formas de luchas, la política y la armada.
A partir de ese momento las FARC se nombran Ejercito del pueblo (FARC-EP) y se plantea la política del desdoblamiento de frentes, como objeto de duplicar el número de integrantes y se fijan fechas para una futura toma efectiva del poder en los años 90.