Lo que vemos son las sucesivas zancadillas que Espino le aplica a FCH, aunque después pide que no se malinterprete lo que declara o hace, como si no fuera obvio que maneja un doble discurso y que opera un juego perverso.
29 julio 2007
""
SUGEY ESTRADA / JESÚS LÓPEZ / HUGO GÓMEZ
Pellizcos de monjaAhora sí, el líder nacional del PAN, Manuel Espino Barrientos, ya se pasó de azul, si no es que de listo, porque, atento al termómetro político, nada más esperó que el escándalo del chino Zhenli Ye Gon se complicara para darle otro golpe artero a Felipe Calderón Hinojosa, lo cual sería comprensible, aunque no justificable, si el sonorense fuera militante de algún partido de oposición.
Pero no es así, porque tanto él como el Presidente Calderón son panistas, aunque esto parece no preocuparle a Espino, a pesar de que por elemental sentido común se esperaría que, sobre todo, la dirigencia de Acción Nacional pusiera sus mejores esfuerzos para que el gobierno calderonista se fortaleciera y con ello probara por qué durante más de 50 años los blanquiazules nos estuvieron diciendo que ellos serían mejores gobernantes que los priistas.
Sin embargo, lo que vemos, desde antes, durante y después de la campaña electoral, son las sucesivas zancadillas que Espino le aplica a FCH, aunque después pide que no se malinterprete lo que declara o hace, como si no fuera obvio, indican los analistas, que maneja un doble discurso y que opera un juego perverso, el cual da lugar a que todo cuanto digan o hagan los "pegítimos" en contra de Calderón terminen por ser unos pellizcos de monjas.
Como es larga la cronología y relación de hechos que ilustran la apreciación anterior, baste, por el momento, referirse al problema que Espino acaba de causarle al gobierno calderonista por haber ido a Venezuela a desatar las iras de Hugo Chávez, a sabiendas de que FCH intenta recomponer las relaciones de México con todos los países latinoamericanos.
Rip al castañedismo
En efecto, a diferencia de lo que ocurrió el sexenio pasado, ahora, sin el servilismo a favor de Estados Unidos, como lo predicaba la efímera doctrina jorgecastañedista, se intenta regresar a la tradicional política exterior mexicana que, de entrada, reconoce el derecho a la autodeterminación de cada pueblo.
La misma política mexicana, además, exige el respeto a la soberanía de cada nación para que ésta pueda buscar y darse el sistema de vida y las instituciones económicas, políticas y sociales que mejor le convengan; también se demanda, el apego a los principios de la no intervención de ningún país o grupo de países en los asuntos internos de otro, lo que debe entenderse como norma de aplicación general y no como un hecho casuístico.
Todos estos principios, propuestos por México desde hace décadas y que han sido retomados por varios países, a Espino le parecieron irrelevantes y, como se decía, se fue a Caracas donde, el pasado 20 de julio, armó la de Dios es Cristo al acusar a Hugo Chávez de injerencista.
Ciertamente así fue, y en su calidad de presidente de la Organización Demócrata Cristiana de América, MEB acusó al mandatario venezolano de incurrir en una "injerencia indebida" y consideró que el "chavismo" representa riesgos para América Latina.
Enemigo de la expresión
Al participar en el Foro Sobre Democracia y Libertad de Expresión en Venezuela, organizado por la ODCA, en la casa del ahorcado, para analizar la negativa oficial a renovar la concesión de Radio Caracas Televisión, Manuel Espino Barrientos dijo que a Chávez "no le gusta respetar la libertad de expresión y opinión".
Temeroso de que sus palabras molestaran a Chávez, el panista añadió que sus comentarios no tenían por qué ser tomados a mal, pues eran tan sólo una opinión, "que como todas las opiniones merecen respeto".
Ya encarrerado añadió que él sabía "que al gobierno de Venezuela no le gusta respetar la libertad de expresión y opinión, pero espero que respete la mía"; en ese marco puntualizó que de lo que ahora se llama chavismo, "hay también en México y nos parece muy riesgoso para Latinoamérica que una expresión que no respeta a su comunidad, y no respeta a las comunidades de otros países, quiera tener esa injerencia".
Espino también subrayó que la próxima reforma constitucional para anular los límites a la reelección presidencial en Venezuela le parecía "una argucia para mantener a perpetuidad" a Chávez en el poder.
Vocero la sociedad
Encima, sin que nadie sepa quién lo hizo vocero de los mexicanos, en Venezuela se sintió facultado para sostener que la sociedad mexicana reconoce una amenaza en el chavismo, porque afecta su forma de pensar y el libre desarrollo de la política; "el pueblo mexicano lo percibe como una amenaza porque queremos vivir en paz con nuestras propias formas de ser y de pensar, y no queremos que nos infundan desde el extranjero una corriente de pensamiento que es ajena a nosotros".
Asimismo, recalcó que es evidente que el chavismo "está causando sufrimiento, pobreza, retraso en la población venezolana"; "mi país (México) ha padecido incertidumbre, odio y resentimiento alentado por esta corriente que hoy se está intentando poner de moda en Latinoamérica".
Para rematar, indicó que "recientemente en el proceso electoral mexicano había muchas personas de Venezuela participando en los denominados círculos bolivarianos, alentando campañas electores de un partido político afín al chavismo"; estos venezolanos, acusó, participaron en eventos que generaron disturbios sociales, "como la toma de la avenida Paseo de la Reforma, de la Plaza del Zócalo", en la ciudad de México.
Desde luego, el desempeño político de Hugo Chávez, teniendo en cuenta lo que representa y su peculiar ideología, es todo lo criticable que se quiera, pero que algún extranjero vaya y se lo diga públicamente en su gallinero, y ante los medios informativos locales e internacionales, puede ser tomado como un suicidio, o la falta de manejo político, o, de plano, como una burda torpeza.
Del partido gobernante
Lo anterior es más grave si quien se pone a cuestionar es parte de organismos multinacionales y está vinculado con el partido gobernante en una república como la mexicana, cuyo Presidente busca sostener buenas relaciones con los gobiernos del subcontinente, sin entrometerse en los asuntos de cada nación.
Pero mientras el mandatario mexicano ha manifestado que ésas son sus prioridades, resulta que el líder de su partido, el PAN y también de la OCDA, con menos tacto que un elefante, considera que el Presidente de Venezuela es indigno de gobernar a los venezolanos, por tomar la decisión, dentro de sus facultades y su soberanía, de no renovar la concesión de Radio Caracas Televisión, lo cual puede no gustarnos, pero México no estarían en lo correcto si condena esta decisión del gobierno venezolano, porque cometería una intromisión y practicaría el intervencionismo que siempre ha condenado.
Por supuesto, esto lo perdió Espino de vista, y, en el colmo de su ceguera, en el mismo viaje acusó a Chávez de practicar una "injerencia indebida", cuando el mismo panista se está entrometiendo en los asuntos nacionales de Venezuela.
Quiérase o no, la lectura de lo hecho por Espino, dicen los analistas, se interpreta como que el panismo que gobierna a México mandó a Espino a refrendar la guerra que le tienen declarada a Hugo Chávez; sobra decir que MEB reclama respeto a sus opiniones, las que son consideradas insultos por los chavistas.
Van a decirle falsario
Empero, si lo anterior es parte de las apreciaciones que Espino hace sobre el problema de la citada televisora venezolana, entonces el asunto es parte de una confrontación discursiva, pero no es lo mismo si se afirma que el chavismo "está causando sufrimiento, pobreza, retraso en la población venezolana" pues es el algo que el sonorense no tendría con qué probar y se expone a que le digan mentiroso.
Igualmente, resulta descabellado y exagerado su dicho acerca de que "mi país ha padecido incertidumbre, odio y resentimiento alentado por esta corriente (chavista) que hoy se está intentando poner de moda en Latinoamérica, porque recientemente en el proceso electoral mexicano había muchas personas de Venezuela participando en los denominados círculos bolivarianos, alentando campañas electores de un partido político afín al chavismo"; estos venezolanos , acusó, participaron en eventos que generaron disturbios sociales, "como la toma de la avenida Paseo de la Reforma, de la Plaza del Zócalo", en la ciudad de México.
Si esto fuera cierto, entonces habría que reclamar por qué el Gobierno de Vicente Fox no denunció dicha intromisión, o mejor aún, por qué no detuvo y encarceló a los agitadores venezolanos y a sus encubridores mexicanos, en virtud de que nuestras leyes son muy claras al respecto y no dan pie a miramientos, como también se establece en Venezuela, con quienes tratan de desestabilizar al país, sobre todo en un momento coyuntural muy delicado, como lo fueron las elecciones y la renovación de los poderes federales.
Consecuentemente, el Gobierno foxista pudo incurrir en una omisión, si es que Espino habló con las pruebas en la mano, aunque quizá sólo inventó dislastes para impedir que México regularice sus relaciones diplomáticas con Venezuela, como lo advierten algunos analistas.
Dañan la reconciliación
De ser válidas dichos señalamientos, seguramente, Espino y socios han logrado importantes avances para obstaculizar las relaciones México-venezolanas, pues, en efecto, Chávez se encolerizó y al día siguiente de que habló Espino, el mandatario venezolano ordenó (domingo 22) a la Vicepresidencia y a los Ministerios del Interior y Exteriores expulsar a los extranjeros que hablen mal de su Gobierno.
Extranjero, recalcó Chávez, que venga aquí a denigrar a los venezolanos, al gobierno libre, democrático y legítimo de Venezuela, tiene que ser, con todo respeto, llevado al aeropuerto internacional de Caracas y decirle que "aquí está su maleta señor, váyase de este país".
"¿Hasta cuándo nosotros vamos a permitir que venga fulano de tal, de cualquier país del mundo, aquí mismo, a nuestra casa, a decir que aquí hay una dictadura, que el presidente es un tirano y nadie dice nada? No, eso está prohibido a los extranjeros", dijo hoy el gobernante, aunque no nombró a nadie en particular.
"Ningún extranjero, fuera quien fuere, puede venir aquí a arremeter contra nosotros. El que venga hay que sacarlo de este país; no se puede permitir, es una cuestión de dignidad", concluyó.
Un panista respondón
Ante la reacción de Hugo Chávez, lo recomendable hubiera sido que el panista Manuel Espino guardara un prudente silencio, sobre todo en atención de que México busca distender sus relaciones con Latinoamérica; pero en vez de eso se puso respondón, y el miércoles 25 le envió una carta a Hugo Chávez, en la que censuró su decisión de expulsar de Venezuela a extranjeros que hablen mal de su gobierno y le reviró que es él mismo quien genera esa injerencia cuando ataca a gobiernos, presidentes y otros jefes de Estado.
"Usted critica la injerencia, pero es usted mismo quien la genera cuando cuestiona públicamente a otros gobiernos y Jefes de Estado por pensar diferente a usted".
La referida misiva fue enviada a nombre de todos los integrantes de la ODCA, y en este sentido también le comunicó al gobernante venezolano que los 35 países integrantes de la organización "respetan pero no comparten" sus declaraciones en las que ha señalado que, el único defecto que tiene la democracia en Venezuela consiste en que existe demasiada libertad y que se respeta la libertad de expresión.
"La ODCA considera importante señalar que si bien usted critica la injerencia, es usted mismo quien la genera cuando cuestiona públicamente a otros gobiernos y Jefes de Estado por pensar diferente a usted, por otro lado la promueve hasta en su propio país, teniendo miles de extranjeros haciendo actividad y proselitismo político en favor de su proyecto de gobierno".
Así, desde la sede nacional del PAN, Espino llamó a Chávez a respetar la libertad de expresión y el libre flujo de pensamiento, pues "es sobre la base de la tolerancia y el respeto a este derecho universal como se construyen las verdaderas sociedades democráticas".
Envalentonado, seguramente porque estaba lejos y fuera del alcance de los agentes venezolanos de seguridad, adelantó que, pese a las amenazas contra extranjeros, Chávez no impedirá que la organización que encabeza realice su trabajo en Venezuela e incluso afirmó que regresará en pocas semanas a ese país, aunque, por las dudas, no precisó la fecha; "no sé cuando iré pero llegado el momento se enterarán de que ando por allá", dijo desafiante.
Ping pong riesgoso
Como es posible apreciar, este ping pong se volvió riesgoso para los intereses mexicanos y preocupantes porque parecía que Manuel Espino Barrientos andaba de embajador plenipotenciario de Felipe Calderón, situación que tenía varias implicaciones, entre otras que, en este caso, se estaba operando de acuerdo a los lineamientos dictados desde Washington, así como que se le estaba dando la razón a Vicente Fox y a sus cancilleres.
Desde luego que no hay tal cosa, porque lo que se evita, como lo manifestó anteayer el embajador de Argentina en México, Jorge Raúl Yoma es no generar encontronazos con la mayoría de los pueblos latinoamericanos; está claro que ahora no tratamos de asumirnos como abanderado de temas que nada tienen que ver con los intereses de su pueblo y de la región; ésa es la diferencia entre VFQ y FCH.
Consecuentemente, por lo delicado de estas cuestiones, el actual gobierno mexicano se vio obligado a deslindarse de Manuel Espino, y el miércoles la embajada de México en Caracas informó que las mencionadas declaraciones fueron hechas a título personal por el líder panista y de la OCDA y no representan el sentir o la opinión del gobierno mexicano.
También se especificó que el Presidente Calderón busca "mantener relaciones positivas con todos los gobiernos de la región, sin excepción, sobre la base del respeto recíproco".
"En el caso de Venezuela, la cancillería mexicana tiene instrucciones precisas de buscar normalizar las relaciones diplomáticas, lo cual presupone, como primer paso, el restablecimiento de embajadores", se apunta en el documento aludido.
Es improbable que, con este coscorrón que le dieron, Espino asuma una conducta más responsable a favor de México; pero aun así, ya debe haberle quedado claro que cuando hable de más lo van a poner en su lugar.