Opacidad a ultranza

07 abril 2008

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Saúl Valdez / Fernanda González

Las fracciones parlamentarias llegaron a varios acuerdos para crear la Auditoría Superior del Estado, pero a la hora de plasmarlos en un documento se pretendió desconocer algunos de ellos.
En la reunión que efectuaron el jueves las comisiones de Puntos Constitucionales, Glosa y Vigilancia del Congreso estatal, el dictamen que se leyó no reflejaba el contenido de lo que se había determinado por consenso.
Se excluye de la fiscalización a los poderes Legislativo y Judicial, no se especifica que el titular del órgano auditor se elija por mayoría calificada en base a una terna que sería escogida mediante consulta pública, y no se otorga autonomía financiera a la ASE. Los diputados del PRD y del PAN protestaron y la reunión se suspendió.
"Se nos quiere sorprender, quieren designar a quien ellos (el PRI) quieren. Con esto no va a haber credibilidad de que (la ASE) sea un organismo autónomo e independiente", declaró el diputado panista Adolfo Beltrán.
La ASE se concibió como un organismo autónomo para fiscalizar a todos los poderes y órganos públicos, inspirado en el modelo de la Auditoría Superior de la Federación, y que sustituirá a la Contaduría Mayor de Hacienda.
Pero en el Gobierno existe resistencia a que se establezca un órgano genuinamente independiente, que pugne por la transparencia en el uso de los recursos públicos y la rendición de cuentas.
La maniobra dirigida a crear una ASE coja, mellada, forma parte de una política estatal sistemática, más vasta para tratar de mediatizar, limitar y volver inofensivos los organismos autónomos existentes, como la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Comisión Estatal de Acceso a la Información Pública del Estado de Sinaloa y la Comisión Estatal Electoral.
Lo que está sucediendo en el Congreso con los intentos de desviar la naturaleza de la ASE no es por consiguiente un caso aislado. El Gobierno de Jesús Aguilar Padilla ha logrado mantener su opacidad sin problema y colocar un cuadro de su confianza en la CNDH.
Pero además, la oposición que enfrenta por el lado de los partidos políticos es débil, en gran parte a causa de que sus líderes se preocupan más por sus rencillas internas y por conseguir puestos públicos, que por los intereses generales de la entidad.
Lo que hace falta es que la sociedad se organice, proteste, vigile al Gobierno y a los partidos políticos para que se establezcan organismos autónomos genuinos y para que éstos cumplan con los fines para los que fueron creados.