Paleografía

22 septiembre 2012

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Lupishen Tirado

Del Archivo de Sevilla al Archivo Municipal

En un esfuerzo precursor, el Instituto Sinaloense de Cultura del Estado y el Municipio de Culiacán, a través de La Crónica de Culiacán, se propusieron la tarea de paleografiar los documentos que integran el Fondo Histórico de Nuño de Guzmán, yacientes en el Archivo de Indias, radicado en la ciudad de Sevilla, España.
No ha sido fácil. Aunque trabajados en copias, las peripecias vividas para lograrlo han sido innumerables. Felizmente, este año llegarán a la meta final, de la que oportunamente se darán a conocer sus resultados.

Modernizar lo antiguo; entender el pasado
Para empezar, digamos primero qué es la paleografía, cuál su objetivo y, sobre todo, su utilidad. Aunque de antemano tengamos que decir que se trata de los documentos básicos, muchos de ellos de la firma del propio conquistador, sobre la fundación de Culiacán y el poblamiento español en tierras del noroeste de México.
La Paleografía es un término lingüístico que significa escritura o escrituras (grafia) antiguas (paleo). Su uso se ha entendido como ciencia de las escrituras antiguas, sobre todo, las trazadas sobre materiales suaves, como papel, papiro, pergamino; las trazadas sobre materiales duros, como mármol, bronce, granito, se les define como Epigrafía.
Se aplica a la lectura o interpretación de los escritos o símbolos que en el presente son difíciles de traducir o de expresiones históricas que con las escrituras modernas no coinciden en rasgos ni significaciones.
En la historia de México tienen el carácter de paleográficos los documentos prehispánicos o códices y los manuscritos de los siglos 14 a 17, periodos en los que el castellano y otras hablas peninsulares se asimilaron al idioma español.
Para el caso, se trata de un castellano del Siglo 16, en el que los conquistadores, pobladores y cronistas del Nuevo Mundo nos legaron sus historias para nutrir la memoria de los pueblos. Es un proyecto de transcripción de 1924 folios, donde paso a paso, el conquistador y sus capitanes narran las vicisitudes de la conquista y del poblamiento.

Casi una década para paleografiar a Nuño
Se le denomina Fondo Nuño de Guzmán, mismo que fue traído a Culiacán, cuando el entonces presidente del Congreso sinaloense, Jesús Aguilar Padilla, logró que personal del propio archivo sevillano hiciera la reproducción.
Durante su periodo como Gobernador, el Fondo fue alojado y custodiado en la antigua Dirección de Fomento Cultural (Difocur), hasta que en los años conmemorativos del Centenario de la Revolución y Bicentenario de la Independencia se les dio el valor supremo que ahora se le asigna.
Tanto el comité conmemorativo como Difocur asumieron los costos del trabajo paleográfico y la Crónica de Culiacán se abocó a la parte propiamente técnica y de supervisión del proceso transcriptor.
En un primer intento se acudió a la asesoría de Carmen Castañeda, quien en una visita a Culiacán, ya muy enferma, recomendó a alumnos de la materia de Guadalajara. Así se hizo, pero cuando se estaba a punto de firmar el contrato laboral, la persona adjudicada murió. Hubo que empezar de nuevo, y fue entonces que se acudió a México, a la Escuela Mexicana de Archivos, misma que hasta ahora ha hecho el trabajo respectivo.

Cuatro apoyos para entender el Siglo 16
Para asegurar que la paleografía fuese veraz y creíble, se establecieron cuatro condiciones del conocimiento para la contratación: del castellano del Siglo 16, de la grafía con que fue escrita, de la geografía peninsular y del Nuevo Mundo y de las estructuras políticas del naciente imperio.
En virtud de que estas disciplinas no se cultivaban en la enseñanza de la historia en Sinaloa, fue que se acudió a especialistas de otras latitudes donde la paleografía no es sólo una constante disciplina del conocimiento, sino también del mercado laboral.
Hoy día, la Facultad de Historia de la UAS ha emprendido como materia básica de estudio, la paleografía, por lo que en breve plazo se podrían disponer de los transcriptores capacitados para este objeto.
Quizás el problema mayor para la efectividad paleográfica sea que en Sinaloa no existen documentos del iglo 16, en virtud de que la mayoría fue transferida a la Audiencia de Guadalajara, capital, después de Compostela, de la Nueva Galicia, y al Obispado de Nueva Vizcaya en Durango, de donde provenían las huestes misioneras o eclesiásticas para la conquista espiritual del Noroeste. Algo más habría en el Archivo General de la Nación, particularmente de las Cartas Anuas de los jesuitas y de los procesos civiles y militares de la Nueva España.

Traer los documentos de donde se hallen
Al no existir tal documentación, habría que establecer convenios con las instituciones respectivas para fotocopiar documentos virreinales y con ellos darle a la paleografía una ocupación preferente.
Es obvio que, aquello que no rinde lo necesario para lo inmediato, deja de tener interés para la inversión y, por supuesto, para los operarios que a ello quisieran aplicarse.
Por lo pronto, para el 29 de septiembre, en el aniversario 481 de la fundación de Culiacán, se ha previsto un pequeña muestra del trabajo paleográfico en el segundo piso del Museo Interactivo de las Adicciones (MIA), donde se haría una interlocución acerca de los contenidos básicos del esfuerzo paleográfico.
De lo que estamos seguros es de que, en esa muestra, el curioso culiacanense podrá ver parte o selecciones de los documentos fundacionales y enterarse a cabalidad, de sus propios autores o pobladores, acerca de las raíces de nuestra ciudad-región, que mucho han exaltado los historiadores.
Cierto es que, documentalmente, el habitante podrá entender que las festividades anuales que organiza el municipio, tienen dos connotaciones reverenciales: la creación del primer Ayuntamiento y la selección del espacio físico para la habitación y residencia urbana.
De hecho, la primera fundación de Culiacán se hizo en el Río Ciguatán (hoy San Lorenzo); hubo otra río arriba para evitar los efectos de las inundaciones. La tercera fue ya en la unión de los ríos hoy Humaya y Tamazula. Cuando pasó por la villa Cabeza de Vaca, en 1536, existían aún las dos villas: San Miguel de Navito y Culiacán.
Del resultado de las transcripciones paleográficas se tiene el proyecto, ya iniciado con un primer volumen, de publicar la o las series que correspondan para divulgar los contenidos documentales. Por ahora, se pueden consultar en la biblioteca del Instituto Sinaloense de Cultura del Estado y en el archivo histórico de La Crónica de Culiacán.