¿Qué quizo decir?
21 marzo 2009
""
Profesor Arturo Cundapí Ramos
Inmerso en el espíritu reivindicativo del Día Internacional de la Mujer, el Clero, desde su Sede Romana, emitió un punto de vista en torno al tema, y el cual establece que el acontecimiento más trascendental y revolucionario a favor de la liberación femenina en el curso de los siglos, ha sido el invento de la lavadora automática.De acuerdo con tal concepción, quedan soslayados los logros normativos que, históricamente, han surgido como resultado de la lucha y el sacrificio mismo de muchas mujeres en aras de la igualdad de género y del reconocimiento a sus valores y sus derechos.
Por encima de las reformas que el marco jurídico ha registrado en forma muy paulatina pero, al fin y al cabo, determinante, el Vaticano concede supremo mérito al pragmático aporte de la automatización de una tarea doméstica, como es el lavado de la ropa.
Hay en esa síntesis del proceso emancipador femenino una interpretación congruente con la ideología conservadora de los cánones eclesiásticos que contemplan a la mujer como el instrumento conyugal dedicado a la misión familiar, y consagrado para la reproducción humana.
El concepto de la Iglesia sobre la revolución genérica, por cuanto a conceder supremacía histórica a un avance de la rama electromecánica, nos remite a la imagen de una mujer limitada a la actividad hogareña, que recibe como reivindicación el beneficio de un recurso facilitador de la tarea doméstica,
Por cuanto a reconocer que los tiempos han cambiado, y con ellos las necesidades y la libertad de opción a que tiene derecho la mujer, el Vaticano se ha mantenido fiel a los principios ancestrales de rechazo al aborto y a otros medios anticonceptivos, pues la Eva de ayer y de siempre quedó en el mundo con la encomienda de parir con dolor, en tanto que el hombre fue condenado a ganar el pan con el sudor de su frente.
Lo anterior supone un sustento documental al esquema del hombre trabajador y la mujer hogareña que, al pasar el tiempo habría de encontrar la panacea liberadora de una lavadora que, por otra parte, es un recurso a cuya adquisición no tienen acceso millones de mujeres en el mundo, por tanto y en todo caso se trataría de una conquista parcial.
Por el contrario, la intención de las conquistas legales es de efecto total, sin distinción de credo ni de condición económica, aún cuando entre las capas marginadas es donde se recrudecen los reductos de discriminación y violencia contra la mujer y, por consiguiente, donde menos se acatan los ordenamientos a favor de los derechos femeniles.
En el curso de la semana que concluye se apreció una acentuación notable en el ánimo colectivo, con miras a reconocer los valores cívicos, morales y sociales de la mujer.
Uno de esos días testimonié la plática entre un pequeño grupo de mujeres y un hombre que pretendió investirse como representante del género masculino.
Y protestaba: Ustedes tiene su día internacional, mientras que los hombres, no, ¿y todavía se dicen discriminadas?
En efecto, alguna le respondió, nosotras tenemos el Día Internacional de la Mujer, pero es que los restantes 364 siguen siendo días del hombre.
Después, la plática derivó hacia el hecho de que la celebración anual de exaltación femenil es como un acto de remordimiento disfrazado de reconocimiento, porque afortunadamente sigue habiendo cabida para aquel sentimiento en la conciencia del hombre.
Hubo también aceptación consensuada en el sentido de que mucho se ha logrado en materia de abatimiento de los moldes arcaicos de corte machista, pero es mucho más lo que falta por avanzar para hacer plena justicia a las mujeres.
Después de hacer referencia al proceso liberador y reivindicatorio que se ha registrado en el marco jurídico, hubo de reconocerse que, por encima de perniciosas tendencias retrógradas, la situación de la mujer en el mundo social, político, económico, científico y cultural ha evolucionado notablemente a partir del siglo veinte, y tiende a consolidarse en este nuevo milenio.
No podía faltar el tema de la lavadora, en torno al cual, una de las damas de ese grupo pensante y expresivo, recordó: Es todavía muy temprano para que la Iglesia admita una absoluta liberación femenina. Recuerden que hace apenas 580 años Juana de Arco fue sentenciada a morir en la hoguera.
Y yo, cosa rara, me quedé pensando: ¿Qué quiso decir?