Rebelión en la granja

El Centinela
08 noviembre 2019

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Reventó Morena. Después de meses de polémica, grupos enfrentados e intereses contrarios, la mezcla heterogénea de perfiles y el poder como único cemento provocó lo inevitable, una guerra interna por la dirigencia.

El liderazgo de Graciela Domínguez, la única diputada capaz de darle algo de consistencia al amorfo grupo de morenistas que forman la mayoría en el Congreso estatal, fue cuestionado y la poca cohesión que existía rodó cuesta abajo entre las curules de los diputados morenistas.

En uno de los peores días para la bancada de Morena, su líder estuvo a punto de ser relevada con el argumento de dar paso a nuevos liderazgos, sin embargo, al final del día cuatro diputados recularon, de 14 firmantes, permitiendo que Domínguez continúe como líder de la bancada.

La líder de los morenistas aceptó seguir al frente, pero reconoció que su grupo pasa por una severa crisis interna.

 


La mezcla imposible
No se quiebre la cabeza, no hay una razón única que explique la crisis que vive la bancada de Morena en el Congreso del Estado, hay muchas, algunas que escapan a Sinaloa y que provienen del desinterés que se origina en el corazón de Palacio Nacional.

La primera de ellas es la mezcla imposible de perfiles que conviven en un grupo sin ideología clara, salvo los discursos que cada mañana emite el Presidente Andrés Manuel López Obrador.
Y de ahí emana el siguiente factor de discordia: resulta que lo único que une a los diputados con ideologías y perfiles de chile y de manteca es el liderazgo de López Obrador, hasta ahí todo bien, el problema es que el tabasqueño no ejerce el liderazgo que mantiene solo en discurso.

La mayoría de Morena camina a tientas por los intrincados caminos del poder, iluminados apenas por la señal de televisión que emite “La Mañanera”, pero una vez que se acaba la transmisión se quedan con el poder en las manos, sin saber qué diablos hacer con él.

La otra posible fuente de liderazgo de unos diputados huérfanos de liderazgo debería de ser su partido, pero resulta que no hay partido, y nadie sabe cuándo o cómo lograrán conformar uno en Sinaloa, es más ni a nivel nacional se sabe algo, el partido no existe y a su líder parece no importarle.

Nos queda otra fuente de liderazgo que podría marcar un sendero a recorrer: el superdelegado, se llama José Jaime Montes Salas, y eso es todo lo que sabemos de él. Es el político invisible, el bajo perfil personificado, el único sinaloense que no quiere ser Gobernador. Los diputados ya se cansaron de buscarlo, es más ahora lo buscan para que entregue cuentas, porque nadie lo ha visto pero ya fue acusado de falta de transparencia.

 


Luchas internas
Los problemas internos de Morena vienen de lejos, desde el momento en que supieron que habían ganado en aquel 1 de julio de 2018, que parece cercano, pero que se antoja hace una década.

Desde entonces hay dos grupos sin nombre que conviven dentro de la bancada, el grupo mayor se encuentra alrededor de Graciela Domínguez, es el grupo que le da cierta coherencia a la bancada mayoritaria y el que ha permitido que todo camine.

El grupo minoritario es liderado por Victoria Sánchez y desde los primeros momentos dejó clara su postura a favor de la negociación con el otro gran poder, el Gobernador Quirino Ordaz Coppel.

Hasta ahí todo tiene su lógica y podría permitir que los resortes del poder funcionen, el problema es que dentro del grupo de Graciela Domínguez hay varios subgrupos, “tribus” les llamarían en el lenguaje anterior a Morena.

En estos grupos se encuentran los radicales, los más radicales y los ultra radicales, y todos ellos reaccionan de manera diferente cuando hay que ir juntos a “pelear a la guerra”.

Han peleado dos guerras grandes en contra del Poder Ejecutivo, el que representa Ordaz Coppel y sus diputados: los matrimonios igualitarios y la aprobación del presupuesto para este año.

A las dos “guerras” han ido separados los diputados de Morena, por más que enseñen juntos los dientes, a la hora de la refriega cada quien pelea por lo suyo, sin pensar que enfrente tienen a pocos soldados, pero muy disciplinados y con un Gobernador al frente.

En las dos guerras los morenistas han gritado victoria antes de tiempo y las dos guerras las han perdido.

 


La emboscada fallida
Ayer, un grupo de 14 diputados morenistas consiguió sorprender al grupo que protege a su líder, Graciela Domínguez.

El ataque fue por sorpresa y consiguieron destituirla por unas horas, incluso otra diputada se sentó en el trono: Cecilia Covarrubias González.

La emboscada parecía que había tenido éxito, pero los mismos amotinados andaban a la defensiva porque sabían que podría entrar el otro poder en la pelea... y entró.

Después del escándalo que dejaba a Domínguez fuera, desde el Tercer Piso comenzó la operación para deshabilitar la emboscada, después de todo a nadie le conviene tener a un vecino en guerra y menos si sabes que lo que viene es peor que lo que hay ahorita.

Covarrubias González no ha probado estar al nivel de Graciela Domínguez, no se le reconoce ni liderazgo ni capacidad para navegar en aguas agitadas, así que la apuesta fue regresar a lo que había.

Finalmente cuatro diputados recularon: Florentino Vizcarra, Francisca Abelló, José Antonio Crespo y Alma Rosa Garzón, retirando sus firmas del documento que pedía la destitución de Domínguez.

Apaleada, avergonzada y todo, Domínguez retomó el poder, pero mostró las cicatrices de la pelea y nadie sabe las consecuencias que todo esto pueda traer.

 


Recuento de los daños
¿Quién perdió en todo este sainete armado por los diputados de Morena? Perdemos todos, primero que nada Morena, que sigue dando prueba de que no está capacitado para sacar adelante la chamba que le encargó el pueblo. Si no son capaces de ponerse de acuerdo, difícilmente sumarán a la ciudadanía a su proyecto.

Perdió Graciela Domínguez, su liderazgo fue cuestionado, y finalmente tuvo que venir desde afuera la ayuda para mantenerse en el poder, lo que hace vulnerable su posición.

Perdió Sinaloa porque no conseguimos contar con un Congreso que nos defienda, en lugar de andar perdiendo el tiempo en guerritas internas.