Se afirma que le presentaron a Juan Camilo Mouriño una serie de fotografías en las que aparecía el equipo cercano a García Luna, quien hoy controla a la Secretaría de Seguridad Pública, acompañado de narcotraficantes del cártel de Sinaloa
23 noviembre 2008
""
Gestionan
Dos Felipes, uno protegido, otro protectorFelipe es el nombre que como testigo protegido adoptó el ex agente federal mexicano Alberto Pérez Guerrero, detenido en los Estados Unidos y que en julio, en declaración rendida en la Embajada mexicana en Washington ofreció la información que dio lugar a la Operación limpieza, que lleva a cabo la Procuraduría General de la República, y que ha incluido la detención de altos mandos de esa Procuraduría y de la Secretaría de Seguridad Pública.
El principal resultado de los informes dados por Felipe, y otros testigos protegidos, Jennifer y David, ha sido la detención de Noé Ramírez Mandujano, que hasta el 31 de julio, y a partir del comienzo de la actual administración fue Subprocurador de Investigaciones Especializadas en Delincuencia Organizada, cargo en que reemplazó a José Luis Santiago Vasconcelos, muerto en el desplome aéreo del 4 de noviembre.
Ambos subprocuradores, el desaparecido lo era a la sazón de asuntos internacionales, habían causado baja simultáneamente en un movimiento que se explicaba superficialmente como una reestructuración administrativa de la PGR pero que ahora sabemos tenía un trasfondo que apenas se empieza a conocer.
Santiago Vasconcelos permaneció fuera del aparato unas semanas, hasta que se le asignó una tarea técnica de rango menor y funciones difusas.
Ramírez Mandujano, en cambio, fue enviado a Viena, como representante mexicano ante la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito. A la hora de esa designación ya se sabía que altos mandos de la SIEDO habían sido cooptados por la delincuencia organizada, particularmente la banda de los Beltrán Leyva.
Nos preguntamos si la información de los testigos protegidos ya había alcanzado entonces a Ramírez Mandujano, lo que explicaría su despido pero no la misión que se le asignó.
Su jefe durante 21 meses, el Procurador Eduardo Medina-Mora describió el viernesr, con pormenores, la conducta ilícita de su colaborador más importante en ese periodo. Dijo que Ramírez Mandujano pactó con el cártel del Pacífico recibir 450 mil dólares cada mes "a cambio de proporcionar información de investigaciones y acciones tendientes a combatir a esa organización criminal".
En la segunda reunión que el funcionario ahora caído en desgracia sostuvo con quienes así lo compraban, se hizo acompañar por Miguel Colorado y Fernando Rivera, que lo auxiliarían en su infidencia. Ambos funcionarios de la Siedo fueron los primeros detenidos a partir del testimonio de Felipe.
Éste, por cierto, después de haber sido agente de la Interpol, pudo con toda sencillez hacerse contratar como agente policiaco al servicio de la Embajada de Washington en México, cuya información filtraba también a los Beltrán Leyva, que lo reclutaron después de un breve regateo.
Pérez Guerrero (es decir, Felipe), solicitó un pago de 50 mil dólares por mes, que se redujeron a 30 mil. El infidente ahora protegido tenía experiencia tareas de esa índole, pagaderas en dólares.
Según su propio dicho, Mario Arturo Velarde Martínez le entregó hace años cuatro mil dólares por informes sobre actividades de Interpol, en que trabajaba entonces Felipe. El solicitante era secretario particular del director de la Agencia Federal de Investigación, Genaro García Luna, ahora Secretario de Seguridad Pública.
Velarde pasó de la AFI a la Policía Federal Preventiva cuando su jefe ascendió a miembro del gabinete. Fue "elemento con mando medio" en la División Antidrogas hasta hace un mes en que se le hizo director general adjunto en la sección primera del Estado mayor de esa corporación policiaca. A pesar de ese ascenso, hace una semana tramitó su baja y no se le ha vuelto a ver.
Escribió, sin embargo, una carta al diario Reforma, para desmentir los señalamientos del testigo protegido: "Es de esperarse que un delincuente como Felipe, que se siente hundido ante la secuela de actos delictivos que ejecutó en perjuicio de la sociedad mexicana, pretenda imputar supuestos actos delictivos para disminuir su condena dentro o fuera del país, a funcionarios rectos y honestos como lo es el suscrito".
Quizá porque la PGR no duda que lo sea, no ha iniciado acción alguna en su contra, a diferencia de lo hecho respecto de otros funcionarios del entorno de García Luna, que desde la semana pasada están arraigados. Se trata de Rodolfo de la Guardia, ex director de despliegue regional de la AFI y Ricardo Gutiérrez Vargas, director de la Interpol, detenidos a partir de la información de Felipe.
Otros jefes y miembros de las corporaciones al mando de García Luna se hallan también arraigados Los agentes de la división Antidrogas de la PFP Jorge Cruz, Fidel Hernández y Édgar Alberto Bayardo fueron detenidos a raíz de la captura de "El Rey" Zambada, a quien servían. El propio jefe interino de esa corporación, Gerardo Garay, está bajo arraigo por semejantes razones.
Como si no escarmentara, o porque eso busca, García Luna designó en su lugar a Rodrigo Esparza Cisterna, procesado en 1993 cuando era delegado de la PGR en Sinaloa, aunque su caso fue sobreseído por irregularidades formales, por "actuar contra la justicia" a favor de Joaquín Guzmán, "El Chapo".
El que García Luna se atreva a dar ese paso muestra el poderío que le otorga la protección presidencial de que disfruta. La reportera Anabel Hernández ha puesto en negro sobre blanco (en su libro Los cómplices del Presidente, que está recientemente en circulación) datos de una relación que permite al secretario de seguridad pública no inquietarse de las denuncias del Felipe protegido mientras tenga de su parte al Felipe protector.
En víspera de la integración del nuevo gobierno, un grupo de generales en activo se reunieron en un elegante restaurante de las Lomas con Juan Camilo Mouriño, ya apuntado entonces como el influyente jefe de la Oficina de la Presidencia que sería a partir de unos días más.
El propósito de los militares del más alto rango era "desenmascarar al entonces director de la Agencia Federal de Investigación, Genaro García Luna", al que temían se designara director del Centro de Investigación y Seguridad Nacional.
"Les preocupabala vertiente relacionada con la protección a secuestradores, pero mucho más la relacionada con la protección al cártel de Sinaloa. Para el delicado encuentro que iban a sostener con Mouriño iban bien pertrechados. Las áreas de inteligencia militar habían hecho su trabajo.
Se afirma que le presentaron a Juan Camilo una serie de fotografías en las que aparecía el equipo cercano a García Luna, el que hoy controla a la Secretaría de Seguridad Pública, acompañado de narcotraficantes del cártel de Sinaloa, entre ellos los hermanos Arturo y Alfredo Beltrán Leyva.
"También le habrían presentado la transcripción de llamadas telefónicas entre el grupo de García Luna y narcotraficantes mientras pactaban y cobraban. Su petición era que esa información llegara a manos del (próximo) Presidente de la República. Los generales querían prevenir a Calderón".
La advertencia fue desoída, a pesar de la cual fue reiterada más tarde nada menos que por el propio General Secretario de la Defensa Guillermo Galván, quien habría dicho tener más "información sobre el involucramiento de Genaro García Luna con el crimen organizado".
Se lo habría comunicado a José Antonio Ortega, el abogado ultraderechista que representa los intereses y las posiciones del Gobernador de Jalisco Emilio González Márquez y al Cardenal Arzobispo de Guadalajara, Juan Sandoval. Merced a su vínculo con el Episcopado, Ortega pudo añadir a la reportera Hernández que el presidente de la Conferencia episcopal, "don Carlos Aguiarle había denunciado (al Presidente) las corruptelas de García Luna, no me dijo cuáles, y que tuvo que pagar un costo político por su denuncia".
Se sabía ya que Calderón ha sido impermeable a estas revelaciones, y que protegía a García Luna. Se lo dijo en marzo el Subprocurador Juan de Dios Castro, a un comandante de la PFP, Javier Herrera Valles, cuando quiso disuadirlo de presentar ante el Presidente una denuncia sobre su colaborador.
Ahora Herrera Valles está arraigado, en lo que parece una represalia por su denuncia, y después de haber sido echado de la PFP por la comisión de honor encabezada por Garay, ahora arraigado también, y en que participó Luis Cárdenas Palomino, amigo de García Luna.
El pasado presente._ El lunes, 17 de noviembre, se cumplieron 43 años de la renuncia de Carlos Alberto Madrazo a la presidencia del PRI, un acontecimiento que quizá hizo demorar medio siglo la transformación del sistema político mexicano, y que daba cuenta ya del clima autoritario en que desplegaría su ejercicio sexenal Gustavo Díaz Ordaz.
Desde que el Jefe máximo de la revolución, Plutarco Elías Calles inauguró el partido del gobierno, el Nacional Revolucionario en un comienzo, quedó claro que su liderazgo sería provisto no por decisión de los poderes regionales y corporativos que en él se agruparon, y mucho menos de las masas que constituyeron sus bases, sino de la voluntad del Hombre fuerte que inauguraba una época y, después, de la voluntad presidencial, cuando el general Lázaro Cárdenas reivindicó para si la plenitud del Poder Ejecutivo y se desembarazó de la tutoría a que su ex jefe quiso someterlo.
Al comenzar cada sexenio, junto con el gabinete, como si formara parte de él, cada Presidente nombraba al dirigente nacional del partido tricolor, y lo mantenía o reemplazaba según sus necesidades. Cuando Díaz Ordaz tomó posesión de la Presidencia el 1 de diciembre de 1964, inesperadamente nombró a Madrazo líder priista. Como fue una decisión impensada, sus efectos contrariaron pronto al designante, que sin remilgos se deshizo de su amigo y colaborador.
Madrazo había comenzado muy joven su carrera política, dentro del radicalismo encabezado en Tabasco, su estado natal, por Tomás Garrido Caníbal. Ya Diputado federal, continuó adscrito al ala izquierda del partido gobernante y en esa condición militó activamente en pro del jefe del Departamento central, el Gobierno capitalino de los años 40, Javier Rojo Gómez, y contra el Secretario de Gobernación, Miguel Alemán, cuando se llegó a la sucesión del Presidente Manuel Ávila Camacho. Dada la influencia de Madrazo en la Cámara y en lo que nacía como sector popular, los alemanistas lograron quitarlo de en medio en la contienda interna del partido.
Lo hicieron urdiendo una intriga política que lo llevó a la cárcel, acusado en falso de traficar con permisos de trabajo para braceros mexicanos en Estados Unidos. Su infortunio fue mayor que la injusta prisión, pues su vida política quedó cancelada durante el sexenio en que su enemigo Alemán fue poderoso presidente de la República.
Comenzó a alzar cabeza de nuevo como representante del gobernador de Tabasco en la ciudad de México, durante el Gobierno de Adolfo Ruiz Cortines. El Ejecutivo local, un General del Ejército, Miguel Orrico de los Llanos era ajeno a la política y permitió hacerla en la capital de la república a su personero ante el Gobierno federal.
De esa manera, Madrazo pudo ser Gobernador del Estado al mismo tiempo que era Presidente de la República Adolfo López Mateos, a quien el tabasqueño apoyó desde que era Secretario del Trabajo. Con la misma intuición política Madrazo Gobernador se inclinó tempranamente por el Secretario de Gobernación Díaz Ordaz, con quien entabló un sólido compromiso político. En virtud de ese nexo Madrazo tenía asegurado un lugar en el gabinete y, dados sus antecedentes, se previó que fuera jefe del Departamento del Distrito Federal, para poner fin a la estancia de Ernesto P. Uruchurtu en ese cargo, que duraba ya doce años.
Madrazo había sido un modernizador, un eficaz constructor y gestor de caminos y puentes, que pusieron fin al aislamiento tabasqueño. Alentó el progreso de la actividad agropecuaria no siempre con métodos ortodoxos. Se ufanaba, entre broma y veras, de haber establecido la paz en el campo ganadero mediante la eliminación del abigeato, el robo de ganado a cuyos perpetradores mandaba colgar, sin juicio previo.
A quienes dudaban que hubiera tenido razón Garrido Caníbal al denominar Villahermosa al antiguo San Juan Bautista, Madrazo les asestó obras urbanas que en efecto hermosearon a la capital del estado. Por esa razón Díaz Ordaz lo imaginó al frente del gobierno capitalino.
Algo pasó en los últimos días de noviembre de 1964 que hizo a Díaz Ordaz cambiar de opinión, y envió a Madrazo a encabezar el PRI.
En ese lugar el tabasqueño quiso que reverdecieran los laureles democráticos de su juventud (en que fue dirigente de los estudiantes socialistas de todo el país) y acometió una tarea imposible: hacer de un partido autoritario, mero instrumento para cumplir instrucciones presidenciales, un organismo vivo donde los ciudadanos tuvieran la palabra. Buscó que los candidatos a alcaldes fueran elegidos por voto directo, como se hizo en la etapa temprana del partido que dirigía.
El propósito ofendió a los gobernadores que suponían prebenda suya la designación de esos candidatos. Díaz Ordaz se entendió mejor con ellos que con el presidente de su partido y lo echó, el 17 de noviembre de 1965, apenas once meses después de su nombramiento.