'Sobre mis pasos'

10 abril 2011

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BELIZARIO REYES / SAÚL VALDEZ

Trágico me pareció aquella escena en Dolores Hidalgo, Guanajuato, en el sexto grito de independencia del Mandatario de Vicente Fox. El Presidente se trasladó a la cuna del movimiento aludiendo a una tradición. Bajo la lluvia caminaba solitario el mismo hombre que años antes había dicho que "sacar al PRI de Los Pinos equivalía a lanzar a un hombre a la Luna", pero ahora le era imposible tirar de la campana en Palacio Nacional pues la explanada del Zócalo estaba tomada por López Obrador. Tuvo al País en la palma de su mano cuando llegó, y ahora lo entregaba dividido en dos.
No pude evitar recordar esta escena el pasado martes 5 de abril cuando asistí, como tantos otros mazatlecos, a la presentación del libro de Cuauhtémoc Cárdenas. El símil está en lo que de manera personal califico como una tragedia.
Hace algunos años, siendo yo aún estudiante de doctorado, me lo tope cruzando una calle. Todavía lo recuerdo. A mí me acompañaba Eryka, mi esposa; a él Temo, su hijo menor, quien también estuvo de visita en nuestro puerto. Lo saludé con el respeto y la admiración que nadie le puede regatear a un hombre que ha luchado por lo que ha creído. Sin embargo, lo saludé también sorprendido, lo suficiente como para revivir esa sensación 11 años después.
Cárdenas caminaba en París el primero de diciembre de 2000, el mismo día que Fox se ponía la banda presidencial. ¿Qué hacía, el tres veces candidato presidencial a 9500 kilómetros de distancia, justo el día en que se consumaba, por lo menos simbólicamente, parte de su lucha? La impresión fue tal que me alcanzó para seguir pensando en la trayectoria de este hombre el resto del día y, por qué no, en el dolor de una derrota, en la ironía de la vida, en la crudeza de este juego llamado política.
El Cárdenas del que se dio cuenta durante la presentación de su libro, "Sobre mis pasos", presentó tres facetas: el líder político, el hombre de Estado y el hombre, a secas. Cárdenas contribuyó, sin duda, en mucho a la alternancia de este País. La corriente democrática enarbolada en 1988 por éste y otros líderes al interior del partido oficial, hizo un hueco tan profundo que nunca se resarció al 100 por ciento. La historia fue otra desde esa elección. Representó un tema de fuerza política, sin que ello dejara de pesar electoralmente. Se llevaron votos, pero no fue lo más grave; la legitimidad nacional-revolucionaria, el alma del sistema, ya no estaba en PRI.
Se "cayó el sistema", aludió en 1988 el entonces asesor del presidente de Acción Nacional, Diego Fernández de Cevallos; se "cayó de callarse, no de caerse". Las cuentas reales nunca saldrán a la vista, las boletas se quemaron. No tengo elementos, dudo que alguien los tenga, para salir de la especulación intelectual. Sin embargo, lo datos que he estudiado me dicen que la victoria estuvo entre Cárdenas y Salinas, no con el PAN.
El hombre de Estado, al que se hizo referencia, es el de una visión innovadora para su tiempo. El problema de la migración, todavía no era problema políticamente, cuando el ingeniero ya había propuesto que los mexicanos residentes en el extranjero pudieran votar. ¿Quién lo diría?, pero el voto de los migrantes resultó un factor determinante en la victoria electoral del PAN en el 2000. Sin embargo, más allá de la lógica electoral, el Estado mexicano se replanteaba con una propuesta como ésta: México está donde hay un mexicano.
Se cataloga a sí mismo como un hombre de izquierda. Es contrario a las alianzas electorales entre el PAN y el PRD. Dice que lo que verdaderamente importa son las alianzas gubernamentales, no las electorales. Alejado de las pasiones coyunturales, sus posturas son conocidas por adelantado. Firme en sus decisiones, no ha caído presa de las provocaciones de nuevos actores, muy alejados de sus formas, por más cercanos que se hayan considerado de él mismo.
Cárdenas es un hombre congruente y con contenido; eso se aplaude. Se podrá estar a favor o en contra de sus posicionamientos, pero se agradece tener algo que discutir con alguien que defiende sus argumentos y los presenta de manera clara y franca, sin temor a las encuestas.
Alguna vez tuve la oportunidad de presentar uno de los libros de Don Jorge del Rincón Bernal. Al final de la presentación, alguien se me acercó y me comentó que eran demasiados halagos, que si había extraviado mi visión crítica. Le contesté que me había quedado corto en halagos; estoy a favor de hacer el reconocimiento en vida y de no escatimar en ello.
Para los políticos de nuevas generaciones, sin importar si somos de izquierda o de derecha, la congruencia no tiene geometría política, sólo se es o no se es, resulta una inspiración encontrar historias como la de Cárdenas. No obstante, la tragedia se acrecienta cuando nos percatamos de la dimensión de la misma.
¿Qué nos dice de nosotros, como sociedad, el que un hombre congruente, con convicciones, que rehuye a los oportunismos, que lucha por lo que cree, haya perdido en tres ocasiones la Presidencia de la República? Más allá de las virtudes de Carlos Salinas, de Ernesto Zedillo y del propio Fox, Cárdenas perdió. ¿Dónde está el peso de la tragedia, en el hombre o en la sociedad que le dio la espalda?
Siempre habrá más causas sociales y electorales por librar, las que irán aclarando mi duda.
Que así sea.
P.D. Tiene razón el Dr. Rigoberto Ocampo Alcántar, moderador en este encuentro, cuando dice que la generosidad de los Cárdenas llegó hasta Mazatlán. De no haber sido así, el Teatro donde se presentó el libro, El CID, y toda la historia de la familia Berdegué no existiría. El propio Don Julio, uno de los niños de Michoacán durante la guerra civil española, así lo reconocía.
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