Transpartidismo.

19 enero 2006

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CÉSAR LÓPEZ

La política electoral generalmente es patética, pero en estos tempranos momentos de los acomodos y las negociaciones del poder, la política da risa.
Y da risa porque todavía no nos acostumbramos al transpartidismo.
El transpartidismo de la política electoral no es nuevo, pero lo que antes se consideraba una deshonra o una traición, hoy se ha vuelto una estrategia.
Ante el desprestigio de los partidos políticos como instituciones públicas en el libre mercado del poder, estos se han convertido en una suerte de centros financieros, donde los personajes políticos se ven (y se sienten ellos mismos) como las compañías en una bolsa de valores, donde la competencia por el control del mercado accionario, es ahora la competencia por el poder político.
Los inversionistas en la bolsa política actúan extrapolando las estrategias de la compraventa monetaria a la política electoral; o sea, un análisis obsesivo y cotidiano de los comportamientos de los productos seguido de la corazonada aventurera, son los procesos que mueven el dinero invertido o revertido en la bolsa; y son los mismos mecanismos que se usan en la apuesta electoral.
Las compañías que hace unos instantes competían a muerte por el mercado de valores, llegan finalmente al acuerdo de fusión y explotación conjunta del mismo mercado; o simplemente una se traga a la otra y ya. Claro, después de tales movimientos, los agentes de bolsa y los expertos dirán, "Por supuesto, yo ya veía venir la fusión entre Microsoft y Google, era lo normal".
Pues algo sumamente parecido está sucediendo en los partidos y sus productos políticos en el mercado electoral. Ya no es solo el brinco de chapulín de algunos políticos individuales que ya hemos visto desde las elecciones del 2000. Ahora se ha incorporado el transpartidismo a las tácticas de las organizaciones electorales de los partidos.
Sea en términos hostiles, como es el caso de los conflictos internos entre Madrazo y Elba Esther en el PRI; en los pleitos de lo que queda de "las tribus" del PRD; o en el menor caso del Dr. Simi queriendo comprar la candidatura de Alternativa Socialdemócrata, tumbando a Patricia Mercado por ejemplo; o ya sea en términos de disciplina plegada a los planes electorales del Yunque en el PAN, los rompimientos y las alianzas se dan más en términos de una apuesta a ganar algo en ese mercado (aunque no sea la elección en sí).
Lo nuevo es simplemente que ahora las organizaciones electorales (intra o extra partidarias) saben y admiten que el partidismo está a la baja y que es mejor invertir en los productos electoralmente redituables, sean del partido que sean; incluso si son ciudadanos libres sin partido, pero de representación social con potencial político (o económico "autofinanciable").
Por eso podemos ver la fusión de Madrazo con Jackson o hasta con Labastida como un movimiento netamente utilitarista del aparato electoral del PRI.
O el acercamiento del mismo López Obrador con personajes de prestigio ciudadano, como Manuel J. Clouthier; o con políticos de demostrada habilidad electoral, como Juan S. Millán.
Ni qué decir de los arreglos post contienda interna de Calderón con Espino y otros políticos de Fox antes en su contra.
Esto apenas empieza, señores, y los hechos inéditos seguirán apareciendo.
Pensándolo bien... Como decía Buck Canel antes del comercial: "No se vayan, que esto se pone bueno".
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