Justo cómo lo había señalado en este espacio con anterioridad, a nadie en Morena le interesa hacer algo en contra del Senador Enrique Inzunza Cázarez, por más que haya mostrado ya sus actitudes de renegado y que incluso ya se declaró Senador Independiente en la Cámara Alta.
Y es que ayer, ya con días de que Inzunza Cázarez se aventó la jugada de renunciar a la bancada, pues en el Grupo Parlamentario de Morena todavía aparece como presidente de la Comisión de Estudios Legislativos en el Senado de la República y como abanderado por Morena.
En Noroeste realizamos una revisión en la página oficial del Senado y pudimos constatar que, además, el Legislador federal permanece como integrante en las comisiones de Defensa Nacional, Justicia, Jurisdiccional y Derechos Humanos.
Y más seguro, más amarrado, vimos las declaraciones del Senador morenista y Presidente de la Cámara Alta, Higinio Martínez Miranda, quien señaló que aún valoran “la situación de Inzunza Cázarez en las comisiones”.
Vamos a ver, dijo, en los próximos días, y que tiene que ver con otras ausencias, pueden prolongarse o pueden terminarse pronto.
La revisión de Morena, según Higinio, no sólo es por la asignación de las presidencias y la integración, pues como partido mayoritario hay que revisar “muchos movimientos”.
Entre su discurso, básicamente, como para enredar raza, sí dio una frase clave que entonces podemos empezar a analizar desde ahí: nosotros no tenemos prisa.
El movimiento calculado y rápido que hizo Inzunza Cázarez, contrasta obviamente con la lentitud de los legisladores.
Ahora, ya la pregunta avanza, y no es sólo si va a pasar algo, ahora es ¿cuándo va a pasar?
Aquí sólo hay una cosa muy segura: el Senador va a seguir cobrando su cheque y trabajando para la 4T, hasta que muera China.
Ni la Fiscalía ni la presencia de agentes de los tres niveles de Gobierno intimidan ya a los delincuentes. En las últimas semanas se han registrado asaltos a mano armada contra negocios ubicados en los alrededores de la zona de la Fiscalía y en el corredor gastronómico del Bulevar Mario López.
Mientras los comercios apenas sobreviven a la crisis económica provocada por la violencia, ahora también enfrentan robos que amenazan directamente su permanencia. Cada asalto representa pérdidas económicas, pero también miedo para trabajadores, clientes y propietarios que tienen que seguir abriendo sus puertas pese a la inseguridad.
Lo más preocupante es que estos hechos ocurren en sectores donde existe una fuerte presencia de elementos de seguridad de los tres niveles de Gobierno. La cercanía con instalaciones de la Fiscalía tampoco parece representar un factor de disuasión para los delincuentes, lo que deja una pregunta inevitable sobre la capacidad de las instituciones para recuperar el control de las calles.
La situación resulta todavía más grave si se considera que frente a la propia Fiscalía se han registrado hechos violentos de alto impacto. Si los delincuentes se sienten con la libertad de cometer asesinatos o asaltar negocios en las inmediaciones de la principal institución encargada de procurar justicia en Sinaloa, el mensaje para el resto de la sociedad es preocupante.
A esto se suma que el corredor gastronómico del Bulevar Mario López también ha comenzado a resentir una serie de asaltos. Se trata de establecimientos que generan empleos y mantienen activa una parte importante de la economía local, pero que hoy deben enfrentar no sólo la caída en ventas derivada de la crisis de seguridad, sino también el riesgo de convertirse en blanco de la delincuencia.
El problema de fondo es que la presencia física de policías no está siendo suficiente. Cuando los delincuentes dejan de temer a las instituciones, el problema ya no es únicamente de vigilancia, sino de autoridad, investigación y aplicación efectiva de la ley. Una patrulla más no sirve de mucho si quien comete un delito tiene la certeza de que difícilmente será detenido o llevado ante la justicia.
Mientras tanto, los comerciantes siguen pagando las consecuencias. Son ellos quienes tienen que invertir en cámaras, alarmas, rejas y seguridad privada para intentar proteger negocios que apenas logran mantenerse a flote. La crisis de violencia, así, termina convirtiéndose también en una crisis económica que golpea directamente a quienes generan empleos y mantienen funcionando la ciudad.
No debería ser normal en Culiacán que unos estudiantes tengan que ir a Palacio de Gobierno a pedir seguridad. Pero ahí estuvieron este jueves. Con pancartas, consignas y una exigencia de poder ir a clases y regresar a sus casas.
Después de lo ocurrido con Junio Alexis, un estudiante de 17 años asesinado a balazos cerca de uno de los accesos de Ciudad Universitaria, cuesta todavía más decir que se trata de una preocupación exagerada.
Para muchos jóvenes, la violencia dejó de ser algo que ocurre en otro lado. Está en el camino a la escuela, en la colonia, en una salida con amigos o simplemente en el trayecto de regreso a casa.
Eso fue justamente lo que se escuchó frente a Palacio.
“Queremos seguridad, queremos paz”, dijeron los estudiantes.
También reclamaron que “Ser joven no es sinónimo de ser delincuente”.
La frase tiene su razón de ser. En estos casi dos años de violencia, los jóvenes han tenido que modificar cosas tan simples como sus rutas, sus horarios o la manera de avisar a sus familias que ya llegaron.
Y mientras eso pasa, desde el Gobierno se habla de operativos, coordinación, estrategias y resultados. Todo eso puede sonar bien en una conferencia de prensa. Para quien va rumbo a clases, la pregunta es ¿qué está haciendo el Gobierno para garantizar que pueda regresar a casa?
A seis días de que se cumplan dos años de la crisis de violencia que comenzó el 9 de septiembre de 2024, los estudiantes no llegaron a Palacio para escuchar otra explicación sobre la pugna criminal que provocó la crisis.
Llegaron porque quieren saber qué se está haciendo para que esto no siga pasando.
Y hay algo que las autoridades deberían tomar en cuenta pues cuando estudiantes salen a reclamar seguridad, el problema ya no está solamente en las cifras de homicidios o desapariciones. También está en la manera en que una generación está teniendo que modificar su vida cotidiana.
En Culiacán, ir a estudiar no debería ser una actividad que implique preguntarse si habrá condiciones para volver a casa. Pero hoy esa es una preocupación que ya está sobre la mesa.
¡FOUL! Después que una mujer murió electrocutada en una primaria de Culiacán, este jueves evacuaron a casi mil personas en una Secundaria de Costa Rica, ¡por una fuga de gas!