Malecón

El Centinela
31 julio 2026

Las burlas morenistas

La exigencia del PAN, PRI y Movimiento Ciudadano para que la próxima Mesa Directiva sea encabezada por la Oposición puede discutirse, rebatirse o incluso rechazarse. Es parte del juego parlamentario.

Lo que resulta mucho más difícil de justificar es la reacción de algunos legisladores de Morena cuando las diputadas Paola Gárate y Roxana Rubio reclamaban una conducción imparcial de las sesiones: respondieron con risas.

Cuando quienes integran la mayoría descalifican con burlas a las minorías, el mensaje que envían no es de fortaleza política, sino de soberbia y de vulgaridad. Y la soberbia suele ser mala consejera en cualquier democracia.

La Oposición acusa que la Mesa Directiva ha favorecido sistemáticamente a Morena y sus aliados. Si eso es cierto o no debería resolverse con argumentos, con el reglamento en la mano y con votaciones transparentes, no con carcajadas desde las curules.

Porque el Congreso no es una porra ni un estadio donde se celebra que el rival se equivoque. Es el Poder Legislativo. Ahí se aprueban leyes, presupuestos y reformas que afectan a millones de sinaloenses. Cada sesión debería ser un ejemplo de civilidad, no un concurso para ver quién humilla más al adversario.

Más preocupante aún es que esas actitudes terminan alimentando la percepción ciudadana de que los legisladores están más ocupados en exhibirse entre ellos que en resolver los problemas del estado.

La mayoría tiene los votos. Nadie se los discute. Pero una mayoría democrática también tiene la responsabilidad de escuchar, tolerar y respetar a quienes piensan distinto. Ganar una elección no otorga licencia para ridiculizar a la Oposición.

Dentro de unas semanas, el Congreso renovará su Mesa Directiva. Más allá de quién obtenga la presidencia, el verdadero reto será demostrar que el recinto puede recuperar la seriedad que merece.

Hubo risas.

Sí, risas.

No fueron anónimas. Las carcajadas salieron de las curules ocupadas por los morenistas Verónica Avilés Rochín, Gregorio Bojórquez Estrada, Yadira Santiago Marcos, Arely Berenice Ruiz López y Karla Daniela Ulloa, quienes decidieron que el reclamo de las legisladoras merecía burla en lugar de debate. Quienes decidieron convertir en comedia el ejercicio legislativo que encabezan.

Porque cuando el poder se ríe de quien cuestiona, deja de parecer fuerte y empieza a parecer incómodo con la crítica. Y esa nunca ha sido una buena señal para la democracia.


La emergencia que nadie quiere ver

Mientras el discurso oficial insiste en hablar de recuperación, competitividad y confianza, la economía sinaloense parece caminar en sentido contrario. El Colegio de Economistas de Sinaloa lanzó una alerta que ya no proviene de percepciones, sino de cifras que dibujan un estado que pierde empleos, empresas, inversión y, sobre todo, personas.

El manifiesto pone sobre la mesa algo que muchos empresarios, comerciantes y trabajadores vienen diciendo desde hace meses: la crisis dejó de ser una sensación para convertirse en una realidad medible. Cuando se acumulan miles de empleos perdidos, negocios que bajan la cortina y familias que deciden irse del estado, seguir hablando de normalidad resulta, cuando menos, desconectado de lo que ocurre en las calles.

Durante demasiado tiempo se intentó vender la idea de que la violencia era un problema aislado del desarrollo económico. Como si los inversionistas no revisaran el mapa de riesgos antes de apostar su dinero. Como si un comerciante pudiera abrir tranquilo cuando la incertidumbre dicta los horarios de la ciudad. No existe economía fuerte donde el miedo administra la rutina.

Pero tampoco basta con responsabilizar únicamente a la inseguridad. La falta de decisiones oportunas, la parálisis política y la ausencia de una estrategia integral terminaron por agravar un problema que ya mostraba señales de desgaste. Mientras la crisis avanzaba, las respuestas parecían limitarse a conferencias de prensa y llamados a la calma. La economía, sin embargo, no se recupera con optimismo institucional.

Resulta especialmente incómodo que sean los propios economistas quienes hablen de una “emergencia económica” mientras las autoridades evitan siquiera pronunciar esas palabras. Reconocer una crisis suele ser el primer paso para enfrentarla. Negarla únicamente retrasa las soluciones y aumenta la factura que terminan pagando quienes menos margen tienen para resistir.

Las propuestas del Colegio podrán debatirse, ajustarse o incluso criticarse, pero al menos representan un plan. Del otro lado, la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuál es la estrategia gubernamental para evitar que continúen cerrando empresas, perdiéndose empleos y saliendo familias de Sinaloa?

Quizá lo más preocupante es que la discusión ya no gira en torno a cómo crecer, sino a cómo evitar seguir cayendo. Ese cambio de conversación debería encender todas las alarmas. Porque cuando un estado comienza a normalizar la pérdida de oportunidades, el cierre de negocios y la migración de su gente, la verdadera emergencia no es únicamente económica: es la incapacidad de aceptar la realidad antes de que el deterioro termine por convertirse en costumbre.


¿Fin de autogobierno o faramalla?

Por segundo día consecutivo, el Grupo Interinstitucional informó el aseguramiento de objetos prohibidos dentro del Centro Penitenciario Aguaruto.

La novedad en estos días es que en la lista de decomisos ya no hay armas cortas ni largas, mucho menos aditamentos de lanzagranadas o granadas de fragmentación.

Este jueves, el operativo realizado por el Grupo de Operaciones Especiales de la Policía Estatal Preventiva, en coordinación con las corporaciones militares y federales, arrojó el aseguramiento de una dosis de presunta marihuana, una pipa, cuatro vapeadores de THC, cuatro cargadores para teléfono celular, un cargador para radio, un módem y una punta.

El miércoles se realizó otro operativo tras el que aseguraron un teléfono celular, un cargador, dos cables USB y cinco puntas.

El resultado de los operativos en los últimos días da la sensación de que de verdad hay una limpia y una lucha contra el autogobierno, porque habremos de admitir que durante la crisis de inseguridad, propiciada por esta guerra de facciones del Cártel de Sinaloa, ha habido decenas de operativos dentro del penal.

Ojalá que soy se trate de verdad de una solución a los muchos problemas de Aguaruto y no se trate solo de una simulación.


¡FOUL!... Los empresarios del incipiente mercado de hoteleria y alojamiento en Altata reportan apenas ¡el 40 por ciento de ocupación!