Malecón
Hay imágenes que deberían exigir silencio.
Una madre abraza a un político mientras llora por un hijo desaparecido. La escena no necesita discursos, poses ni cámaras para explicar el tamaño de la tragedia que está viviendo esa mujer.
Por eso resulta, cuando menos, desafortunado que Juan Carlos Patrón Rosales, quien desde hace años aparece entre los nombres que buscan la candidatura de Morena a la Alcaldía de Mazatlán, haya difundido un video en el que aparece abrazando a una madre en esas circunstancias.
Una madre que no está celebrando una candidatura. Una madre que no está posando para una campaña. Una madre que está llorando porque su hijo no está.
El problema no es que un político abrace a una madre que atraviesa semejante dolor. Faltaba más. El problema es cuando una escena de sufrimiento termina convertida en contenido político, porque entonces la frontera entre acompañar a una víctima y exhibirla públicamente se vuelve demasiado delgada.
Las familias de desaparecidos llevan años reclamando algo mucho más básico que una fotografía: verdad, búsqueda, justicia y respuestas.
Sus lágrimas no son utilería.
Y quizá quienes aspiran a gobernar una ciudad deberían tener particular cuidado con eso. Porque el dolor de una familia no necesita protagonismos; necesita que el Estado haga su trabajo.
En política, hay imágenes que pueden sumar simpatías. Y hay otras que deberían hacer pensar dos veces antes de apretar el botón de publicar.
En Morena Sinaloa ya empezó otra vez el desfile de aspirantes.
Ahora toca la Cámara de Diputados y, como suele ocurrir cuando se abre una nueva ventana electoral, aparecen nombres conocidos buscando acomodo en alguno de los siete distritos federales.
Pedro Villegas Lobo, Rodolfo Valenzuela Sánchez y José Antonio Ríos Rojo son algunos de los perfiles que han hecho público su registro o intención de participar.
Y ahí está justamente una de las escenas que empieza a repetirse en la política sinaloense: los mismos nombres brincando de una aspiración a otra.
Hace unos ocho años que algunos de estos perfiles aparecen en distintos procesos, buscando alcaldías, diputaciones locales, diputaciones federales o cualquier posición que se abra en el camino.
Cambian los cargos, cambian las convocatorias, cambian las etiquetas del proceso, pero los nombres vuelven a aparecer.
El problema no es aspirar. El problema es cuando la política termina convertida en una carrera permanente por encontrar el siguiente cargo, mientras los proyectos de largo alcance siguen sin aparecer.
Porque una diputación federal no debería ser solamente el siguiente escalón en la carrera de alguien.
Debería existir una agenda clara: qué quiere hacer con el distrito, qué problemas pretende llevar al Congreso, qué va a defender para Sinaloa y, sobre todo, qué proyecto está dispuesto a construir más allá de la elección.
De lo contrario, parece que la política se reduce a eso: brincar de una aspiración a otra.
Hoy una Alcaldía. Mañana, una diputación local. Después una federal. Y cuando no se concreta, otra vez a esperar la siguiente convocatoria.
Morena tiene frente a sí una oportunidad para demostrar si su proceso de selección va a privilegiar proyectos y resultados o si, como tantas veces ha ocurrido en la política, terminará reciclando nombres.
Porque Sinaloa no necesita candidatos que simplemente sepan mantenerse en la boleta.
Necesita políticos que tengan algo que proponer cuando se acaba la campaña.
El Gobierno de Sinaloa ya empezó a llevar despensas y agua a las comunidades costeras golpeadas por las inundaciones y las marejadas.
Bien por la ayuda.
Pero una despensa no repara una calle destruida, no recupera una vivienda inundada, no restablece un camino de acceso ni devuelve a los pescadores las condiciones para volver a trabajar.
Y ahí es donde todavía falta que aparezcan otras áreas del Gobierno estatal.
Obras Públicas tiene que entrarle a las comunidades donde el agua y el oleaje dejaron caminos dañados y accesos prácticamente inservibles. No se trata solamente de llevar ayuda mientras dura la emergencia, sino de recuperar las vías que permiten a estas familias salir, abastecerse y trabajar.
Y también está pendiente la Secretaría de Pesca.
Porque en los campos pesqueros el problema no termina cuando baja el agua. Hay familias que viven directamente de la pesca y que, además de perder bienes dentro de sus casas, enfrentan daños en sus equipos y embarcaciones y ahora tienen que regresar a una actividad que ya venía golpeada.
La emergencia requiere despensas, sí.
Pero también requiere infraestructura, atención al sector pesquero y una respuesta que vaya más allá de la fotografía de la entrega.
Las comunidades costeras necesitan comer hoy, pero también necesitan poder reconstruir mañana.
Y para eso no basta con repartir despensas.
La escena no podía ser más contrastante. Era viernes por la noche, y el malecón de Mazatlán hervía de paseantes.
Una cinta amarilla marcaba la zona donde se había registrado un ataque a balazos, justo en una esquina del paseo costero mazatleco. Pero por la Avenida del Mar continuaba el tráfico vehicular. Unidades de transporte como aurigas y pulmonías pasando con la música a todo volumen y decenas de turistas a bordo.
Ya se veía venir. Se intuía. Cuando se registra una cantidad de hechos violentos como los que está padeciendo Mazatlán las últimas semanas, tarde o temprano se presentan en la zona turística, y ahí la imagen y la economía del puerto se resienten.
La ingente presencia de soldados, marinos, guardias nacionales y policías federales, además de los estatales y municipales, no ha sido freno para los delincuentes.
Por si fuera poco, el sábado amanecimos con un ataque a policías municipales cerca del entronque al aeropuerto.
¿Qué sigue?, se preguntan los mazatlecos.
¡FOUL!... “Estoy lista para el 2027”, dice Erika Sánchez para la Alcaldía de Culiacán por el PRI; ya lo fue en 2024 y aunque su perfil es bueno, terminó con el 14% de los votos... ¿y el partido?