Malecón
La Secretaria invisible
En el Gabinete del Gobernador Rubén Rocha Moya ya no queda prácticamente nada del equipo con el que inició la administración. Secretarios y secretarias han ido y venido al ritmo de los reacomodos políticos, de los ajustes por crisis, de las facturas que se cobran y de las que se dejan pendientes.
Hoy, si alguien hiciera el ejercicio de pasar lista, el resultado sería claro: todo el Gabinete ha sido renovado... con una sola excepción.
Ahí permanece Flor Emilia Guerra Mena al frente de la Secretaría de Pesca y Acuacultura. No porque sea una figura de peso político, ni porque encabece una de las dependencias más visibles o estratégicas del Gobierno estatal, sino precisamente por lo contrario: ha logrado ser lo suficientemente gris como para no estorbar, no incomodar y, sobre todo, no figurar.
En un Gobierno donde la rotación ha sido constante y donde varios cambios han sido resultado de crisis públicas, conflictos internos o simples ajustes de poder, la permanencia de Flor Emilia no parece responder a un respaldo sólido ni a una evaluación destacada de resultados.
Más bien, su continuidad se explica por una virtud muy apreciada en ciertos contextos políticos: pasar desapercibida. No genera ruido, no levanta olas y no obliga al Gobernador a tomar decisiones incómodas.
Tan bajo ha sido su perfil, que bien podría pensarse que hasta al propio Rubén Rocha Moya se le olvida, por momentos, que la Secretaría de Pesca y Acuacultura tiene titular.
Y ahí sigue, sin reflectores, sin polémicas, sin protagonismo, sobreviviendo a los cambios no por fortaleza, sino por invisibilidad.
Condena a medias
Más que un posicionamiento firme, lo dicho por el Alcalde Juan de Dios Gámez Mendívil tras el asesinato de la comisaria de Bachihualatito, Mirna Karime, fue una respuesta obligada. No hubo un pronunciamiento público previo ni un mensaje institucional claro; el tema salió solo porque se le cuestionó durante un evento ajeno, en el banderazo de una obra.
De no haber mediado la pregunta de los reporteros, todo indica que el caso habría pasado sin una postura visible del Ayuntamiento. Y eso dice mucho.
Cuando el asesinato de una autoridad comunitaria no amerita, por sí mismo, un mensaje público del Gobierno municipal, el silencio también se vuelve parte del problema.
El Alcalde se limitó a decir que no había reportes de amenazas y que “nadie sabía nada”, un argumento que suena más a deslinde que a firmeza.
En comunidades donde el miedo manda, la falta de denuncias no significa ausencia de riesgo, sino ausencia de condiciones para hablar.
Al final, lo ofrecido fue lo mínimo necesario: acompañar a la familia y dejar el caso en manos de la Fiscalía.
Lo que sigue sin escucharse es una reflexión seria sobre la falta de prevención y el abandono en el que se encuentran las autoridades comunitarias.
Porque cuando el Gobierno solo habla si se le pregunta, el mensaje que queda es que la violencia ya se normalizó.
Cuando el discurso ya no alcanza
El pronunciamiento de Coparmex Sinaloa es el reflejo de un hartazgo acumulado de un sector que ha optado por el diálogo institucional y hoy decide elevar el tono ante una realidad que considera insostenible.
La presidenta de Coparmex, Martha Elena Reyes Zazueta, intenta evidenciar la brecha entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana de la ciudadanía.
Las cifras de homicidios, desapariciones y contracción económica contrastan con los mensajes de “avances” y “números alegres” difundidos desde el poder.
En ese sentido, la crítica a la simulación gubernamental es válida, pues los datos duros no admiten maquillaje cuando la violencia y el cierre de negocios se sienten en la calle.
La crítica al Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa pone sobre la mesa un debate necesario, ¿de qué sirve la promoción y la imagen cuando el tejido económico local se desmorona? La idea de que no puede haber atracción de inversiones sin seguridad ni certidumbre es incuestionable.
El mensaje de Coparmex es crudo, incluso incómodo, pero también conecta con el sentir social de una entidad que no inicia 2026 con expectativas de crecimiento, sino de resistencia.
Pero el verdadero reto no está solo en confrontar al poder político, sino en convertir ese enojo en una agenda clara, compartida y exigible pero eso también depende de la voluntad política de los funcionarios en el poder.
La chamba que nadie quiere hacer
Si de por sí la naturaleza de la chamba de policía ya está muy difícil, es obvio que lo es mucho más peligrosa en medio de la crisis de inseguridad por la que atravesamos desde septiembre de 2024.
Y no hay nada de misterioso, pues los ataques en contra de los agentes de la policía como de tránsito han sido de los eventos violentos más sonados durante la guerra de facciones del Cártel de Sinaloa.
Pues así, con este contexto tan adverso, pero a la vez tan obviamente necesario, el Ayuntamiento de Culiacán lanzó una convocatoria para integrar 400 policías municipales en este 2026.
Y es que la Comuna busca resarcir el déficit de elementos que arrastra y llegar por lo menos a los mil 400 elementos para cerrar este año que apenas inicia.
La información fue confirmada por el Presidente Municipal de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, quien además detalló que la convocatoria ya está abierta y su difusión se hace a través de la Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Municipal.
También señaló que a las fuerzas del orden recibirán tanto a hombres como a mujeres y están todas esas plazas aseguradas con recursos que ya están asignados en el presupuesto para este año.
Este proceso forma parte de un proyecto para que la fuerza policial pueda llegar hasta los mil 800 para el 2027, pero como les decimos, seguramente son de esas invitaciones que no van a ser fácil de tener una respuesta.
Las corporaciones deberían buscar otras alternativas, como anunciar y aplicar estrategias para proteger a los que ya tienen y así fortalecer la garantía de que el trabajo aunque peligroso, es posible hacerse.
Será difícil, pero no queremos dejar de reconocer la voluntad de hacer, primero, suficiente una policía que lleva años de rezago histórico frente al acelerado crecimiento del crimen organizado.