En Guasave no sólo se pintaron bardas, también se pintó una escena que dejó más dudas sobre las formas que sobre el fondo.
La Diputada Roxana Rubio Valdez decidió ir más allá de la denuncia y optó por encarar, cámara en mano, a trabajadores que realizaban pintas con el #EsImelda.
Sí, el señalamiento puede tener sustento, la promoción anticipada, pero la escena terminó sintiéndose más como espectáculo que como un acto político serio.
Porque hay algo que no termina de cuadrar: ir contra los de abajo para exhibir a los de arriba. Los pintores, más que operadores políticos visibles, parecen eslabones de una cadena donde difícilmente toman decisiones.
Y ahí es donde el reclamo pierde fuerza y gana incomodidad. No es lo mismo cuestionar estructuras que confrontar directamente a quienes sólo ejecutan el trabajo.
Eso no borra el otro lado de la historia. La Senadora Imelda Castro queda en el centro de una práctica que ya es vieja conocida: bardas que “aparecen” con nombres y hashtags mucho antes de los tiempos oficiales.
Negarlo o desentenderse tampoco ayuda, porque el mensaje en la calle suele ser más contundente que cualquier declaración.
Aquí hay dos niveles de crítica que conviven. Por un lado, la forma: una Diputada que, en su afán de evidenciar, termina protagonizando un momento que raya en lo barato y poco institucional.
Por el otro, el fondo: una figura política que vuelve a ser señalada por beneficiarse, directa o indirectamente, de estrategias que bordean la legalidad.
Al final, la escena deja una sensación conocida: la política convertida en show, donde unos graban, otros pintan y los verdaderos responsables se diluyen entre declaraciones y deslindes.
Y mientras tanto, las bardas siguen hablando... pero el nivel del debate, ese, cada vez dice menos.
La noticia en Escuinapa es que la Policía Municipal ya respira o al menos ya patrulla tras el susto de la desbandada masiva.
De los 30 elementos que habían salido corriendo o entregado la renuncia, para los que gustan de los términos legales, 22 ya están de vuelta en el pase de lista.
Dicen que la situación está tranquila y que sólo atienden riñas, pero la realidad de fondo es mucho más espinosa que un pleito de cantina.
Quien puso los puntos sobre las íes fue Miguel Calderón Quevedo, el coordinador del CESP, quien no se anduvo con rodeos al decir que, como sociedad, les hemos dado la espalda a los uniformados y tiene razón.
Es muy fácil exigir seguridad desde el sofá, pero otra cosa es ser el último eslabón de proximidad social en municipios donde la dinámica criminal avasalla de manera brutal.
Calderón Quevedo lo soltó clarito al decir que no se les pide que sean héroes, se les pide que sean mártires con sueldos de hambre y sin prestaciones básicas.
Mientras el jefe operativo en Escuinapa presume que ya tienen tres patrullas en servicio y 10 elementos por turno, el CESP recuerda que los agentes operan en condiciones que rayan en la violación de sus derechos laborales básicos.
De los que no volvieron, cinco eran nuevos, de esos que apenas llevaban tres meses y que, al ver de qué lado masca la iguana, prefirieron la baja buena antes que jugarse el pellejo en un oficio que la narrativa social ha estigmatizado.
La exigencia de Calderón Quevedo es duplicar el número de policías estatales y triplicar las capacidades de la Fiscalía.
Suena bien en el discurso, pero en la práctica, los ayuntamientos apenas pueden con el paquete de prestaciones básicas.
En Escuinapa celebran el diálogo y el regreso de los agentes, pero no nos engañemos, mientras no se fortalezcan las instituciones, seguirán mandando a nuestros policías a la guerra con una resortera y muchas ganas de servir.
Habrá que ver si lo que dice el CESP se traduce en presupuestos o si se queda en otra anécdota de policías que renuncian por miedo y vuelven por necesidad.
Por lo pronto, en Escuinapa ya hay quien vigile, pero la pregunta es ¿quién vigila por la dignidad de los que nos cuidan?
Después de varios meses de mantener un bajo perfil y estar fuera del ojo público, este fin de semana reapareció Ricardo “El PIty” Velarde en un espacio bastante público como lo es la Catedral de Mazatlán, pero lo hizo en el contexto de un evento familiar.
Tras un periodo con un perfil bastante discreto posterior a su renuncia al cargo de titular de la Secretaría de Economía de Sinaloa, el pasado mes de octubre del 2025, “El PIty” no había sido visto en eventos públicos.
Hasta el momento, el empresario no ha emitido declaraciones públicas sobre su situación ni sobre los hechos que derivaron en su salida del Gabinete estatal, mucho menos sobre sus futuras aspiraciones políticas, sin embargo, la presencia en este evento familiar tan importante tal vez marca su regreso al espacio público.
Es importante recordar que la dimisión del cargo coincidió con un cateo realizado por la Fiscalía General del Estado de Sinaloa en un bar del que es copropietario, como parte de una investigación relacionada con la desaparición del joven Carlos Emilio, originario de Durango, en ese mismo mes, por lo que estando aún reciente un hecho que sigue sin tener solución y continúa siendo visible en espacios de talla nacional, sus declaraciones puedan tardar un poco más de lo esperado.
Por cierto, hablando de inclusión, ayer se confirmó que el Pride Culiacán 2026, el principal festejo por la comunidad LGBTQ+ en Sinaloa, ya tiene fecha para su marcha y será el 13 de junio.
Justo sus actividades se realizan para promover la inclusión y desarrollar una empatía por la diversidad y la igualdad de los miembros de nuestra sociedad.
El 13 de junio se realizará la marcha que tendrá como punto de encuentro las escalinatas del templo de La Lomita y se marchará hasta la Plazuela Obregón, donde se espera la asistencia de miles de personas.
La convocatoria dice que la movilización busca reconocer a quienes abrieron camino en la lucha por los derechos de la diversidad sexual, acompañar a quienes hoy continúan resistiendo y abrir espacio para las nuevas generaciones.
Este esfuerzo es organizado en su mayor parte por el organismo civil Sinaloa Incluyente, que dirige el compa Tiago Ventura.
Toda la suerte para esta edición y ojalá que no haya raza mitotera y aprontada de los partidos políticos que se acercan sólo para quedar bien.
¡FOUL! INEGI sacó su análisis sobre servidores públicos municipales sancionados por corrupción y resulta que, ahora con Morena, el número llegó ¡hasta 184 en Sinaloa!
En Guasave no sólo se pintaron bardas, también se pintó una escena que dejó más dudas sobre las formas que sobre el fondo.
La Diputada Roxana Rubio Valdez decidió ir más allá de la denuncia y optó por encarar, cámara en mano, a trabajadores que realizaban pintas con el #EsImelda.
Sí, el señalamiento puede tener sustento, la promoción anticipada, pero la escena terminó sintiéndose más como espectáculo que como un acto político serio.
Porque hay algo que no termina de cuadrar: ir contra los de abajo para exhibir a los de arriba. Los pintores, más que operadores políticos visibles, parecen eslabones de una cadena donde difícilmente toman decisiones.
Y ahí es donde el reclamo pierde fuerza y gana incomodidad. No es lo mismo cuestionar estructuras que confrontar directamente a quienes sólo ejecutan el trabajo.
Eso no borra el otro lado de la historia. La Senadora Imelda Castro queda en el centro de una práctica que ya es vieja conocida: bardas que “aparecen” con nombres y hashtags mucho antes de los tiempos oficiales.
Negarlo o desentenderse tampoco ayuda, porque el mensaje en la calle suele ser más contundente que cualquier declaración.
Aquí hay dos niveles de crítica que conviven. Por un lado, la forma: una Diputada que, en su afán de evidenciar, termina protagonizando un momento que raya en lo barato y poco institucional.
Por el otro, el fondo: una figura política que vuelve a ser señalada por beneficiarse, directa o indirectamente, de estrategias que bordean la legalidad.
Al final, la escena deja una sensación conocida: la política convertida en show, donde unos graban, otros pintan y los verdaderos responsables se diluyen entre declaraciones y deslindes.
Y mientras tanto, las bardas siguen hablando... pero el nivel del debate, ese, cada vez dice menos.
La noticia en Escuinapa es que la Policía Municipal ya respira o al menos ya patrulla tras el susto de la desbandada masiva.
De los 30 elementos que habían salido corriendo o entregado la renuncia, para los que gustan de los términos legales, 22 ya están de vuelta en el pase de lista.
Dicen que la situación está tranquila y que sólo atienden riñas, pero la realidad de fondo es mucho más espinosa que un pleito de cantina.
Quien puso los puntos sobre las íes fue Miguel Calderón Quevedo, el coordinador del CESP, quien no se anduvo con rodeos al decir que, como sociedad, les hemos dado la espalda a los uniformados y tiene razón.
Es muy fácil exigir seguridad desde el sofá, pero otra cosa es ser el último eslabón de proximidad social en municipios donde la dinámica criminal avasalla de manera brutal.
Calderón Quevedo lo soltó clarito al decir que no se les pide que sean héroes, se les pide que sean mártires con sueldos de hambre y sin prestaciones básicas.
Mientras el jefe operativo en Escuinapa presume que ya tienen tres patrullas en servicio y 10 elementos por turno, el CESP recuerda que los agentes operan en condiciones que rayan en la violación de sus derechos laborales básicos.
De los que no volvieron, cinco eran nuevos, de esos que apenas llevaban tres meses y que, al ver de qué lado masca la iguana, prefirieron la baja buena antes que jugarse el pellejo en un oficio que la narrativa social ha estigmatizado.
La exigencia de Calderón Quevedo es duplicar el número de policías estatales y triplicar las capacidades de la Fiscalía.
Suena bien en el discurso, pero en la práctica, los ayuntamientos apenas pueden con el paquete de prestaciones básicas.
En Escuinapa celebran el diálogo y el regreso de los agentes, pero no nos engañemos, mientras no se fortalezcan las instituciones, seguirán mandando a nuestros policías a la guerra con una resortera y muchas ganas de servir.
Habrá que ver si lo que dice el CESP se traduce en presupuestos o si se queda en otra anécdota de policías que renuncian por miedo y vuelven por necesidad.
Por lo pronto, en Escuinapa ya hay quien vigile, pero la pregunta es ¿quién vigila por la dignidad de los que nos cuidan?
Después de varios meses de mantener un bajo perfil y estar fuera del ojo público, este fin de semana reapareció Ricardo “El PIty” Velarde en un espacio bastante público como lo es la Catedral de Mazatlán, pero lo hizo en el contexto de un evento familiar.
Tras un periodo con un perfil bastante discreto posterior a su renuncia al cargo de titular de la Secretaría de Economía de Sinaloa, el pasado mes de octubre del 2025, “El PIty” no había sido visto en eventos públicos.
Hasta el momento, el empresario no ha emitido declaraciones públicas sobre su situación ni sobre los hechos que derivaron en su salida del Gabinete estatal, mucho menos sobre sus futuras aspiraciones políticas, sin embargo, la presencia en este evento familiar tan importante tal vez marca su regreso al espacio público.
Es importante recordar que la dimisión del cargo coincidió con un cateo realizado por la Fiscalía General del Estado de Sinaloa en un bar del que es copropietario, como parte de una investigación relacionada con la desaparición del joven Carlos Emilio, originario de Durango, en ese mismo mes, por lo que estando aún reciente un hecho que sigue sin tener solución y continúa siendo visible en espacios de talla nacional, sus declaraciones puedan tardar un poco más de lo esperado.
Por cierto, hablando de inclusión, ayer se confirmó que el Pride Culiacán 2026, el principal festejo por la comunidad LGBTQ+ en Sinaloa, ya tiene fecha para su marcha y será el 13 de junio.
Justo sus actividades se realizan para promover la inclusión y desarrollar una empatía por la diversidad y la igualdad de los miembros de nuestra sociedad.
El 13 de junio se realizará la marcha que tendrá como punto de encuentro las escalinatas del templo de La Lomita y se marchará hasta la Plazuela Obregón, donde se espera la asistencia de miles de personas.
La convocatoria dice que la movilización busca reconocer a quienes abrieron camino en la lucha por los derechos de la diversidad sexual, acompañar a quienes hoy continúan resistiendo y abrir espacio para las nuevas generaciones.
Este esfuerzo es organizado en su mayor parte por el organismo civil Sinaloa Incluyente, que dirige el compa Tiago Ventura.
Toda la suerte para esta edición y ojalá que no haya raza mitotera y aprontada de los partidos políticos que se acercan sólo para quedar bien.
¡FOUL! INEGI sacó su análisis sobre servidores públicos municipales sancionados por corrupción y resulta que, ahora con Morena, el número llegó ¡hasta 184 en Sinaloa!