El Centinela
08 junio 2026

Si algo muestra el más reciente ranking de Mitofsky es que Rubén Rocha Moya sufrió en abril el golpe más fuerte a su aprobación desde que la consultora comenzó a registrar la serie que hoy sirve para medir su desempeño frente a la opinión pública.

Cinco puntos porcentuales perdidos en un solo mes y cinco lugares menos en el ranking nacional no son una variación menor. Son una señal de desgaste. Más aún cuando llegan después de un año en el que el entonces Gobernador parecía haber encontrado la ruta para recuperar terreno.

La historia reciente de Rocha en las mediciones era, hasta marzo, una de recuperación. Tras tocar fondo a inicios de 2025, cuando cayó al lugar 26 nacional, había logrado reconstruir poco a poco su nivel de aceptación. Mes a mes fue avanzando posiciones y recuperando puntos hasta alcanzar su mejor nivel de toda la serie: 53.3 por ciento de aprobación.

Pero abril borró de un plumazo buena parte de ese avance.

La pregunta inevitable es qué ocurrió. La encuesta no responde causas, solo registra resultados. Sin embargo, el contexto ofrece algunas pistas.

Desde septiembre de 2024, Sinaloa vive inmerso en una crisis de seguridad derivada de la confrontación interna del Cártel de Sinaloa. Aunque los hechos violentos han tenido altibajos, la percepción ciudadana sobre la capacidad de las autoridades para recuperar la tranquilidad parece haberse deteriorado.

La seguridad suele ser el termómetro más sensible para cualquier gobierno estatal. Cuando la violencia se prolonga, los ciudadanos terminan evaluando a sus gobernantes a través de esa realidad cotidiana, independientemente de los avances que puedan existir en otros rubros.

Y abril encontró a Sinaloa justamente en medio de esa incertidumbre.

Lo interesante es que el desplome ocurre antes de los acontecimientos políticos que marcarían el cierre de ese mismo mes. Las acusaciones realizadas desde Estados Unidos contra Rocha Moya y otros funcionarios, así como la posterior solicitud de licencia del Mandatario, no forman parte del periodo medido por Mitofsky.

Es decir, la caída registrada corresponde a una etapa previa a la tormenta política.

Por eso el dato adquiere una relevancia adicional. Si el descenso ocurrió antes de la licencia y antes de la controversia internacional, la próxima medición será un ejercicio completamente distinto. Ya no aparecerá Rocha Moya en la boleta de evaluación, sino Yeraldine Bonilla Valverde, quien asumió la gubernatura de manera provisional.

La serie de Mitofsky deja así una fotografía final del ex Mandatario: un Gobernador que había logrado recuperarse en las encuestas, pero que en abril sufrió el retroceso más severo de su administración reciente.

Lo que sigue ya no será una evaluación sobre Rocha, sino sobre la capacidad de su sucesora para enfrentar una de las etapas más complejas que ha vivido Sinaloa en los últimos años.

Resulta que en Sinaloa, eso de vivir a lo grande se lo han tomado muy en serio, pero en la báscula.

Según la coordinadora del programa de enfermedades cardiometabólicas, estamos ante una emergencia de talla extra porque el 75 por ciento de los adultos sinaloenses padece sobrepeso u obesidad.

Dicho en cristiano y para que se entienda en la mesa: tres de cada cuatro personas mayores de 20 años en el estado cargan con kilos de más.

Si usted se junta con tres amigos, lo más probable es que sólo uno se salve de la estadística y el asunto no queda ahí, porque la famosa pancita no es sólo estética ya que 8 de cada 10 sinaloenses presentan obesidad abdominal, ese imán para la diabetes y la hipertensión que nos tiene en la mira de las autoridades federales por el repunte de enfermedades renales crónicas.

La autoridad dice que no es una decisión querer estar así, sino de un entorno que nos pone la mesa para el desastre.

Es una ironía cruel de nuestra economía: sale más barato echarse un refresco y un pan en la tienda de la esquina que buscar una comida saludable, cuyos costos están por las nubes.

A eso sumémosle la herencia del home office pandémico, que nos dejó más sentados y sedentarios que nunca.

Lo preocupante no es sólo el dato de los 880 mil adultos con obesidad, lo verdaderamente grave es que, entre el bullying, la ansiedad y la depresión, muchos encuentran en la comida un escape de la realidad.

El sistema de salud nos ofrece desde planes de alimentación hasta cirugías bariátricas como último recurso cuando el Índice de Masa Corporal ya vuela por encima del 40 por ciento.

Pero mientras la política pública no logre que una ensalada sea más accesible que la comida procesada, seguiremos siendo un estado que, literalmente, no puede con su propio peso y tocará apretarse el cinturón, si es que todavía les cierra.

Impresionante lo que el movimiento Aquí No ha provocado en todo el estado, no sólo en el norte de Sinaloa, que fue donde se realizó ayer la más grande movilización hasta el momento por este tema.

El grupo está conformado en su mayoría por vecinos, pescadores, activistas y los miembros de la comunidad de pueblos originarios que son los dueños legítimos de la zona.

La exigencia sigue siendo la misma: no fueron tomados en cuenta para la explotación de la zona con plantas industriales.

Y aunque desde la firma y los gobiernos federal y estatal aseguran que sí hubo una consulta, los manifestantes han aclarado con insistencia que en esa consulta participaron vecinos cooptados, amenazados o comprados, o incluso personas que no tenían nada qué ver en este asunto, y tienen un ejemplo bien absurdo, como la llegada de autobuses con internos de centros de rehabilitación para participar en la consulta.

En las últimas semanas, el movimiento retomó fuerza en redes sociales, pese a todas las situaciones por las que hemos atravesado en Sinaloa.

Y es que previo a las acusaciones contra el hoy Gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, en uno de sus últimos eventos en público, acudió a Topolobampo, en Ahome, a la ceremonia de la colocación de la primera piedra de la planta de metanol Mexinol; Aquí No aprovechó la recta y fue a sabotear el evento y mientras la ceremonia continuó en privado en un hotel en Los Mochis, Rocha Moya tuvo que atender a los manifestantes en el puerto.

Pero algo pasó en las últimas semanas, pues fueron vistos gigantescos dispositivos para maquinarias industriales que hicieron reavivar las llamas de la crítica y la protesta, tanto que se realizaron movilizaciones en Mazatlán, dos en Culiacán y la más grande Topolobampo.

Por ahí hay algunos que se han querido meter a la ola para sacar raja política, como el Movimiento Ciudadano, que hasta amparos anda promoviendo Jorge Alvarez Máynez, y otros le echan la bronca a Gerardo Vargas Landeros.

Pero lo que sí ha quedado claro en Culiacán es que hay mucha gente que ha acudido a estos movimientos más por civismo y hartazgo.

¡FOUL!... El PRI arrasó este domingo en Coahuila, y ahora Morena ¡denuncia fraude, detenciones ilegales y hasta compra de votos!