Malecón
Afecta la violencia a Congreso Minero en Mazatlán
La privación ilegal de los 10 mineros de la compañía canadiense Vizla Silver en Concordia, la violencia en el estado y los bloqueos y los incendios en carreteras desde Jalisco a Sinaloa, afectaron el Tercer Congreso Internacional Minero Sinaloa 2026, que se realiza en Mazatlán.
La afectación fue en la asistencia del personal de empresas mineras tanto nacionales como extranjeras.
Ignacio Cano, presidente de la Asociación de Ingenieros de Minas Metarlurgistas y Geólogos de México Distrito Sinaloa, reconoció que por la violencia vino un 80 por ciento de personal de empresas nacionales y 20 por ciento de compañías extranjeras, como de Estados Unidos, Canadá, Australia, Perú, Colombia, República Dominicana, Chile.
Y es que nada más el Gobierno no quiere ver la afectación que deja la violencia en Sinaloa.
Pero hay que reconocer que el caso de los 10 mineros en Concordia, el de los cuatro turistas del Estado de México desaparecidos en Mazatlán y la violencia que se registrada desde el pasado 9 de septiembre de 2024 en Sinaloa ha impactado gravemente en la imagen turística del estado y no se diga en lo económico, que ha dejado miles de empleos perdidos, cierres de negocios y la pérdidas de miles de vidas.
El mal de los accidentes en moto
Parece que en Culiacán el tiempo no pasa, al menos no en lo que a desgracias y enfermedades se refiere.
Resulta que la Cruz Roja, comandada en el área de Socorros por Omar López Ocegueda, soltó las cifras del primer bimestre de este 2026 y, ¡oh, sorpresa!, estamos casi calcaditos al año pasado.
En enero atendieron mil 41 servicios y en febrero mil 49, es decir, no manejamos con más cuidado.
La consistencia culichi en su máxima expresión son los más de mil emergencias al mes y aquí no pasa nada.
Lo que ya de plano parece epidemia y de las feas es el tema de los accidentes en motocicleta, ya que de los 187 accidentes viales que atendieron en febrero, 86 fueron de motos.
Ya no sabemos si es falta de pericia, exceso de confianza o simplemente que el casco lo usan de codera.
Lo cierto es que la cifra no baja y los socorristas siguen recogiendo gente del pavimento un día sí y el otro también.
Donde sí hay una de cal por las que van de arena es en la Base Sur, porque la ubicación estratégica allá por La Primavera les ha hecho el paro de reducir los tiempos de respuesta a la mitad.
Lo que antes eran 10 minutos de angustia en La Costerita o la calle Benito Juárez, ahora se resuelve en cinco.
Pero no todo es miel sobre hojuelas, ya que la Benemérita sigue siendo el mismo llamado, ¡háganse a la derecha!.
Parece que a muchos se les olvida que el sonido de la sirena no es música de fondo, sino un aviso de que alguien se está debatiendo entre la vida y la muerte.
Entre el tráfico y la falta de cortesía, las ambulancias a veces parecen estar en una carrera de obstáculos.
a ver si para marzo, además de usar el 911, aprendemos a usar el espejo retrovisor y un poquito el sentido común.
La salida por rotación, no por resultados
En Sinaloa, la seguridad pública parece tener dos jefes y ninguna coordinación.
El Gobernador Rubén Rocha Moya despidió al General Óscar Rentería Schazarino con elogios y una explicación que suena más a trámite administrativo que a evaluación de desempeño: se fue por “rotación militar”, no por los resultados. Nada que ver con los más de 2 mil homicidios acumulados en su gestión.
Pero el argumento abre más preguntas de las que cierra.
Si el Secretario de Seguridad era, ante todo, un militar sujeto a la lógica de ascensos y movimientos del Ejército, ¿a quién respondía realmente? ¿Al Gobernador que lo presentó como su encargado de pacificar el estado o a la estructura federal que define su carrera?
Porque si la prioridad del funcionario era no afectar su evaluación dentro de las Fuerzas Armadas, entonces su permanencia, y quizá sus decisiones, no dependían del contexto local ni de la urgencia de violencia en Sinaloa, sino de una cadena de mando distinta.
Rocha lo dice sin rodeos: los mueven para que puedan ascender. Es decir, el estado se adapta al calendario militar, no al revés.
Y ahí es donde la narrativa de coordinación empieza a hacer agua.
La seguridad en Sinaloa ha estado, en los hechos, bajo un modelo híbrido: mandos militares propuestos desde el centro, operando en lo local, pero con lealtades institucionales federales. Un esquema que diluye responsabilidades. Si los resultados son malos, no es culpa del secretario porque “cumplió como militar”. Tampoco del gobernador, porque el perfil responde a otra lógica.
Entonces, ¿de quién es la responsabilidad?
Más aún: con cuatro titulares en la Secretaría en menos de cinco años, la constante no ha sido la estrategia, sino la rotación. Y cada relevo se explica con argumentos administrativos, nunca con una autocrítica de fondo.
En un estado con niveles sostenidos de violencia, la pregunta ya no es solo quién llega, sino quién manda.
Porque si el Secretario rinde cuentas a la Federación y el Gobernador administra las consecuencias, la coordinación no es tal: es una simulación donde la responsabilidad se reparte... hasta desaparecer.
Encuentro con restauranteros ¿y las acciones?
El encuentro encabezado por la Canirac Culiacán y el Alcalde Juan de Dios Gámez Mendívil dejó ver nuevamente la distancia entre el discurso oficial y la realidad que enfrenta el sector restaurantero.
Aunque durante el evento se reconoció de forma general que existe una crisis, el señalamiento quedó corto. No hubo un reconocimiento del Ayuntamiento de Culiacán del impacto que la violencia ha tenido en Culiacán, como el cierre de negocios, la baja en ventas o la afectación a trabajadores.
Desde el sector se planteó la necesidad de mantenerse en pie pese al contexto adverso. Sin embargo, del lado institucional el mensaje se centró más en resaltar la importancia económica y la generación de empleos, sin profundizar en medidas concretas de apoyo.
En ese sentido, la narrativa oficial evitó entrar de lleno en la dimensión del problema. No se habló de estrategias específicas para atender la crisis ni de acciones directas para respaldar a los negocios afectados.
La firma de un convenio, presentada como uno de los puntos centrales del evento, tampoco ofreció claridad. No se detallaron sus alcances, compromisos ni beneficios, lo que lo dejó en un plano más protocolario que operativo.
El acto reforzó la percepción de una respuesta institucional limitada, donde se privilegia el mensaje y la formalidad sobre la atención de fondo a una problemática que ya ha tenido efectos visibles en la economía local.
Ojalá el kick off mencionado sí sea tal y vemos pronto más carnita, para hablar en términos gastronómicos pues.
¡FOUL! En Los Mochis, los gasolineros salieron a anunciar que el acuerdo para reducir los IEPS estabilizó el precio de la gasolina Magna, pero el diésel se fue ¡hasta los 29.46 pesos!