El Centinela
28 agosto 2026

La Fiscalía General del Estado de Sinaloa parece querer presentar como un acto de apertura y compromiso con los medios de comunicación algo que debería ser, simplemente, parte de su trabajo: informar con oportunidad y claridad sobre las muertes violentas que ocurren en el estado.

Claudia Zulema Sánchez Kondo defendió el reporte diario de homicidios como un “compromiso” que la institución asumió desde que comenzó la crisis de seguridad hace dos años. El problema es que, en una emergencia de esta magnitud, informar no es un favor ni una cortesía hacia los medios.

Es lo mínimo.

Y aun en eso, la Fiscalía está quedando a deber.

Porque si la propia institución reconoce que los datos diarios son preliminares y que la clasificación puede cambiar conforme avanzan las investigaciones, lo que se está pidiendo no es nada extraordinario: que explique con claridad cuáles son los criterios con los que determina qué muerte entra y cuál no entra en la estadística de homicidios dolosos.

Eso es precisamente lo que no hizo la Fiscal.

Ante una investigación periodística que documentó 133 muertes violentas omitidas o clasificadas de manera distinta en los registros oficiales, la respuesta fue negar que exista “manoseo” en las estadísticas y defender la seriedad de la institución.

Pero decir que no hay manipulación no responde a la pregunta central.

¿Qué ocurre con una persona que resulta herida en un ataque armado y muere días después? ¿En qué momento deja de ser una muerte asociada a un hecho violento y pasa a formar parte, o no, de la estadística de homicidios dolosos? ¿Quién determina esa clasificación? ¿Bajo qué protocolo? ¿Se corrigen posteriormente los reportes preliminares? ¿Con qué periodicidad? ¿Dónde puede consultar la ciudadanía esas modificaciones?

Son preguntas elementales para una Fiscalía que pretende que sus cifras sean tomadas como referencia para medir la violencia en Sinaloa.

Y aquí está el verdadero problema: la Fiscalía no puede pretender que entregar un reporte diario sea suficiente para acreditar transparencia, mucho menos cuando esos mismos reportes presentan inconsistencias que una investigación periodística logró documentar.

La crisis de seguridad en Sinaloa no se resuelve solamente con contar muertos. Pero si ni siquiera se cuentan bajo criterios claros, uniformes y verificables, entonces hasta la dimensión del problema queda sujeta a interpretación.

La institución ha fallado en distintos frentes de esta crisis: en la prevención, en la reacción, en la investigación, en la procuración de justicia y en la capacidad de ofrecer resultados que devuelvan confianza. También ha tenido dificultades para construir un discurso institucional capaz de explicar qué está ocurriendo y qué se está haciendo para contenerlo.

Por eso resulta poco convincente que ahora se presente como un mérito el hecho de informar diariamente a los medios. Informar es lo mínimo. Y en este caso, ni siquiera eso parece estar suficientemente bien hecho.

Negar el “manoseo” no basta.

La ciudadanía no necesita que le digan que las cifras son serias. Necesita poder comprobarlo.

En Culiacán los rumores políticos tienen una costumbre bastante incómoda pues suelen correr más rápido que la información oficial y estos días no son la excepción.

Ahora resulta que Ana Miriam Ramos Villarreal podría dejar la Presidencia Municipal para que llegue Jesús Ibarra Ramos, diputado federal con licencia. Nadie lo ha confirmado públicamente, pero la versión ya circula y llegó hasta la alcaldesa.

Le preguntaron directamente si va a dejar el cargo.

No dijo que sí. Tampoco dijo que no.

“Creo que las especulaciones no nos sirven en estos momentos en la situación en la que nos encontramos”, respondió.

Y sí, probablemente las especulaciones no sirvan de mucho. El detalle es que tampoco desaparecen porque alguien diga que no sirven.

Menos en un Ayuntamiento que lleva meses funcionando con una alcaldesa interina y un alcalde con licencia.

Ana Miriam Ramos asumió el cargo el 1 de mayo, después de que Juan de Dios Gámez Mendívil solicitara licencia. Desde entonces ha seguido al frente de la administración municipal y, por lo que ella misma explicó, así continuará mientras Gámez no decida modificar su situación.

Ese es, al menos, el escenario oficial.

Sobre Gámez, la Alcaldesa fue más clara. Dijo que la licencia fue una decisión personal del alcalde y que también será él quien determine si la modifica. Mientras eso no ocurra, ella seguirá conduciendo el Ayuntamiento.

Ahí está una parte importante del asunto que no hay, hasta ahora, un anuncio público de que Ana Miriam vaya a salir ni de que Jesús Ibarra vaya a ocupar la Presidencia Municipal. Lo demás es rumor y vaya que hay terreno fértil para que crezca.

Sinaloa acaba de pasar por otro episodio de esos en los que una mañana hay un gobernador, luego hay licencia, después regreso, otra licencia y finalmente una gobernadora interina. Rubén Rocha Moya regresó al cargo el 21 de agosto y, un día después, solicitó nuevamente licencia por tiempo indefinido. El Congreso terminó designando a Graciela Domínguez Nava como gobernadora interina el 25 de agosto.

Con semejante panorama, pedirle a Culiacán que no haga cuentas sobre quién sigue en qué puesto es casi pedirle a un culichi que deje de opinar sobre política mientras está esperando el camión.

La propia Ramos Villarreal dijo que la administración no se ha detenido. Habló de recorridos por colonias, atención a comercios, entrega de obras y programas para mujeres emprendedoras y pequeñas empresas. Es decir, el Ayuntamiento sigue con su agenda y tiene que hacerlo.

La ciudad no puede ponerse en pausa cada vez que aparece una versión sobre un cambio político. Pero tampoco puede esperarse que la gente simplemente ignore los rumores cuando las respuestas oficiales dejan espacios.

Porque esos espacios se llenan rápido, a veces con información, a veces con versiones. Y, en esta ciudad, muchas veces con un mensaje de WhatsApp que empieza con el clásico “me dijeron que...”.

Por eso la pregunta sobre la permanencia de Ana Miriam no es un asunto menor, aunque hoy no exista confirmación de su salida. La Presidencia Municipal necesita certeza, particularmente después de todo lo que ha ocurrido en el estado en los últimos meses.

Mientras Graciela Domínguez apenas comienza su encargo como gobernadora interina, en Culiacán ya se habla del siguiente movimiento. Apenas terminó un reacomodo y ya hay otro sobre la mesa.

La política sinaloense trae el ritmo de una puerta giratoria de que entra uno, sale otro y nadie termina de explicar quién movió la puerta.

Por ahora, Ana Miriam Ramos sigue en la Alcaldía. Juan de Dios Gámez continúa con licencia. Y Jesús Ibarra, pese al rumor, no ha sido anunciado como nuevo presidente municipal. Eso es lo que hay.

Lo demás puede ser lectura política, apuesta, versión o simple ruido.

Pero si algo ha demostrado Culiacán en los últimos meses es que cuando las autoridades no cuentan toda la historia, alguien más se encarga de contarla. Y casi siempre la cuenta primero en un grupo de WhatsApp.

¡FOUL!... La Fiscal de Sinaloa, Claudia Sánchez Kondo, presume que son institución “seria”... ¿y el montaje del caso Cuén?