El Centinela
02 junio 2026

Como si la estrategia de gestión turística del Gobierno de Sinaloa no careciera de todo sentido y calle, ahora resulta que el Mundial de Futbol servirá de promoción para la entidad.

Porque si algo sabe hacer la clase política cuando se trata de eventos internacionales, es subirse al tren de la expectativa. Ahora el balón servirá como estrategia de promoción y como escaparate para intentar vender la mejor versión del estado, esa que hace mucho se evaporó.

La administración estatal presentó “Sinaloa: La Fiesta del Mundial”, un programa que promete convertir a municipios, playas y Pueblos Mágicos en una especie de sede alterna de la Copa del Mundo, aunque ninguno de los partidos se jugará aquí.

La idea no es menor. El Mundial moverá millones de personas, inversiones, transmisiones y atención internacional. Y en un estado golpeado por la violencia, la caída del comercio y la percepción de inseguridad, cualquier oportunidad de proyectar otra imagen parece necesaria.

La pregunta es si el entusiasmo alcanzará para transformar la experiencia real de quienes visiten Sinaloa.

Esta estrategia suena por lo menos anticlimática, pues en Sinaloa han desaparecido turistas, en medio de una crisis de seguridad que la autoridad no ha podido controlar ni querido reconocer en su justa dimensión.

Porque el discurso turístico suele ser impecable: gastronomía, cultura, playas, identidad, hospitalidad y ahora futbol. Pero el reto sigue siendo el mismo de siempre: carreteras seguras, conectividad, servicios públicos funcionales y una percepción de tranquilidad que no se construye con campañas publicitarias.

El plan contempla actividades deportivas y culturales, transmisiones públicas y hasta 36 canchas en Pueblos Mágicos. Suena bien. Muy bien, incluso. El problema es que Sinaloa lleva años anunciando proyectos turísticos que terminan dependiendo más del optimismo oficial que de resultados medibles.

También hay algo simbólico en la estrategia: mientras el País entero volteará a ver el Mundial, Sinaloa quiere evitar quedarse fuera de la conversación nacional. Quiere mostrarse festivo, atractivo y competitivo.

Porque después de meses donde el nombre de Sinaloa ha aparecido ligado a violencia, narcotráfico y crisis económica, el Gobierno necesita otra postal para presumir.

Vaya sorpresita nos llevamos con la realidad de nuestros centros penitenciarios.

Mientras el año pasado presumían una calificación que apenas alcanzaba el pase tras años de reprobación, la realidad este 2026 se ríe en la cara con datos que no cuadran con ningún examen aprobado.

Hablar de un sistema que pasa mientras registra 27 internos fallecidos en lo que va del año, 14 de ellos tan sólo en el penal de Culiacán es, por decir lo menos, una burla sangrienta.

Casi tres muertes por mes en la zona centro nos dicen que, más que una escuela de rehabilitación, el Penal de Aguaruto se ha convertido en una sala de espera para el más allá.

Si usted pensaba que el SAT era voraz, le falta darse una vuelta por las aduanas del Penal.

Según la CEDH, los familiares de los internos tienen que pagar un impuesto de su propia bolsa, les retienen hasta el 16 por ciento de los alimentos o artículos que llevan para sus seres queridos, vaya comisión por custodia.

Resulta que, en el lugar donde el Estado debería garantizarlo todo, la corrupción es la que manda en la cocina.

Entre el cobro de cuotas y las denuncias de tortura en las revisiones, queda claro que el control no lo tiene la autoridad, sino el lucro y el abuso.

Dice la Comisión que las cárceles son el espejo de la violencia que se vive afuera.

Pero y si el espejo está roto y manchado de sangre, es porque la estructura misma ya no aguanta más.

Con una infraestructura que arrastra 55 o 56 años de antigüedad, el Penal de Aguaruto es más una reliquia peligrosa que un centro de reinserción.

El domingo pasado, siete vidas se perdieron bajo la supuesta protección del Estado.

¿De qué sirve que el sistema penitenciario pase de panzazo si la materia de seguridad y vida la tiene más que reprobada?

Urge un nuevo modelo, porque seguir parchando un cascarón de hace medio siglo sólo garantiza que las tragedias sigan siendo el pan de cada día.

Los que andan más picados que los ojos del Santo después de pegarse un tiro con Blue Demon, son los productores sinaloenses que ya anunciaron movilizaciones para boicotear el Mundial de Futbol en plazas como Guadalajara, Monterrey o la misma CDMX.

Y lo de las últimas horas es señal de su calentura, pues aunque Manuel Lim Cisneros, uno de los productores del valle de Culiacán, anunció que las movilizaciones comenzarían hasta mañana miércoles, en las últimas horas corrió cómo pólvora el mitotazo de que hoy mismo, por la mañana, tomarán la caseta de Costa Rica.

Las acciones tienen que ver con sus acciones de una jornada nacional de protestas con lo que buscan presionar al Gobierno federal ante la crisis que enfrenta el campo.

Su plan es que primero haya toma de las carreteras a nivel estado, con Sinaloa como punta de lanza en la manifestación, y luego moverse a la sedes mundialistas en las metrópolis del País.

Además de Sinaloa se espera que a la protesta se sumen agricultores de al menos 28 estados.

Originalmente, según las declaraciones de Lim Cisneros, las movilizaciones comenzarían este miércoles 3 de junio en la zona norte de la entidad, con productores de Guasave, Los Mochis y Juan José Ríos concentrándose en la caseta de Cuatro Caminos desde las 09:00 horas.

Y seguirían los agricultores del Valle de Culiacán y de Navolato en la caseta de El Pisal, sin embargo todo parece indicar que hubo cambios de última hora y la presión comenzará este martes.

A ver si es cierto, hoy nos daremos cuenta desde temprano.

¡FOUL!... La Fiscalía del Estado encabeza la lista de recomendaciones de la Comisión Estatal de Derechos Humanos con 11 emitidas y solo seis aceptadas. Sus funcionarios son acusados por omisión de funciones y negligencia en identificación de cadáveres. ¡Qué raro!