El Centinela
07 agosto 2026

La frase “era inevitable” la hemos escuchado cuando un problema crece, cuando algo que parecía lejano finalmente toca la puerta y cuando las autoridades necesitan explicar por qué aquello que se veía venir terminó ocurriendo.

Ahora tocó al gusano barrenador del ganado.

Desde Senasica dicen que su llegada a Sinaloa era inminente, que la plaga avanzó de manera natural por el País y que las condiciones del clima ayudaron a que llegara hasta aquí y puede ser cierto. La mosca no entiende de límites estatales ni de discursos oficiales.

Pero para quienes viven del campo, la pregunta no es solamente si iba a llegar. La pregunta es qué tan listos estábamos cuando llegó.

Porque una cosa es aceptar que una plaga que avanzó por México eventualmente alcanzaría Sinaloa, y otra muy distinta es asumir que no había mucho más que hacer.

Los productores ganaderos no viven de explicaciones, viven de sus animales. Cada becerro enfermo, cada herida que debe revisarse y cada caso detectado representa tiempo, preocupación y dinero.

Y mientras la autoridad dice que la entrada era esperada, en los ranchos podría quedar la incertidumbre de saber si las revisiones serán suficientes, si la atención llegará rápido y si los pequeños productores tendrán las mismas herramientas que los grandes ganaderos para enfrentar el problema.

Ahora ya no se trata de esperar si llegará o no. Ya llegó. Los 23 casos activos en Sinaloa dejaron de ser una advertencia y se convirtieron en una realidad que toca municipios como San Ignacio, Escuinapa, Rosario, Elota, Culiacán y otros puntos del estado y tampoco es un asunto exclusivo del ganado. Ya apareció un caso en un perro, recordando que quizá no se había dimensionado que la plaga no está solamente en los corrales, también puede estar en animales que forman parte de la vida diaria de muchas familias.

Sinaloa está acostumbrado a enfrentar problemas grandes. Sequías, enfermedades, inseguridad, crisis económicas. Pero en cada una de esas historias hay una pregunta que siempre queda pendiente: ¿se pudo haber hecho algo antes?

Porque decir que algo era inevitable puede explicar cómo ocurrió, pero no debería cerrar la conversación sobre qué faltó hacer.

El gusano barrenador ya está aquí. Ahora lo importante no será demostrar que se tenía razón al decir que iba a llegar, sino demostrar que se estaba preparado para cuando llegara

Mientras Ignacio Mier se reunía a puerta cerrada con los perfiles morenistas interesados en encabezar la llamada “Coordinación por la Defensa de la Soberanía”, ese eufemismo que pretende disfrazar la carrera por la candidatura a la Gubernatura, afuera apareció el infaltable Carlos Rea Camacho.

Porque si hay un evento morenista, ahí está Rea Camacho. Lo mismo saluda, opina, se fotografía o busca hacerse notar, como si llevar años apareciéndose en los eventos del partido le hubiera otorgado una suerte de representación que, por lo visto, nadie le ha conferido formalmente.

Esta vez decidió ir un paso más allá.

Frente a los reporteros, Rea Camacho se aventó la puntada de descalificar al aliado morenista y representante del Partido del Trabajo, Fernando García Hernández, al asegurar que sería un personaje “de relleno” y que nadie votaría por él.

Y ahí es donde el asunto deja de ser una simple ocurrencia de pasillo.

Porque si desde Morena ya tienen tan claro que el perfil del PT no tiene posibilidades, habría que preguntar entonces para qué permitirle competir o, más importante todavía, quién autorizó a Rea Camacho para hablar en nombre de todo el partido.

Una cosa es tener una opinión personal y otra muy distinta es presentarla como si fuera el sentir general de Morena. Sobre todo cuando lo que termina generándose es división entre quienes, al menos públicamente, tendrían que estar concentrados en construir una candidatura competitiva.

La escena resulta todavía más peculiar porque la reunión de Mier justamente buscaba mostrar unidad entre los distintos perfiles que aspiran a encabezar el proyecto morenista rumbo a 2027. Afuera, en cambio, apareció un discurso de descalificación contra un aliado electoral.

Y mientras unos hablan de unidad, otros parecen empeñados en repartir credenciales de quién sirve y quién no sirve.

Rea Camacho, además, no parece necesitar invitación para aparecer en los lugares donde Morena se reúne. Se ha convertido en una especie de ajonjolí de todos los moles políticos: aparece en eventos, saluda a todos y procura dejar claro que está ahí.

Eso sí, habrá que reconocerle que ha sabido mantenerse cerca del poder.

Hoy, su familia tiene presencia en el aparato público: su hija, Stephanie Rea, ocupa una diputación, mientras que su hijo, Carlos Rea, forma parte del Gobierno del Estado, acomodados por papá.

Y en Morena deberían tener cuidado, porque una cosa es levantar la mano para participar en la contienda y otra es levantar la voz para pretender hablar por todo un partido.

Sobre todo cuando nadie le ha entregado el micrófono.

Desde hace un par de semanas, elementos del Ejército Mexicano mantienen un puesto de revisión en la Avenida Clouthier, casi esquina con la avenida del Sol, entre los fraccionamientos La Foresta y Bugambilias, en Mazatlán, y ha tenido buenos comentarios.

Desde temprano se colocan por un carril y más tarde por el otro, donde revisan al azar a los vehículos, desde motociclistas hasta repartidores en camionetas.

Incluso ya tienen una carpa blanca para protegerse del sol.

La medida es bien vista por los vecinos de esa zona, quienes aplauden las revisiones, ya que se han registrado hechos violentos como intentos a balazos de despojos de vehículos, ataques a tiros y con explosivos contra expendios de cerveza, abarrotes e incluso contra automovilistas.

Aunque no es un punto de revisión con la magnitud del que estaba en la carretera Habal-Cerritos, que se encuentra abandonado, sí se requiere en este punto de la Avenida Clouthier, al nororiente de Mazatlán.

Como recomendación sería el que apretaran con las revisiones y checaran más vehículos, pero está muy bien ese punto militar en el puerto.

¡FOUL! La Presidenta Municipal de Mazatlán con licencia, Estrella Palacios, minimizó los tropiezos de su relevo en el Ayuntamiento, que Minerva Osuna ¡está haciendo muy buen trabajo!