Malecón
La sed que las donaciones no pueden resolver
Este miércoles el Ayuntamiento de Culiacán repartió agua embotellada en comunidades de Imala. Y sí, qué bueno que llegó. El problema es que ya casi nadie se detiene a pensar por qué sigue siendo necesario.
Porque una cosa es que una comunidad necesite apoyo por unos días y otra muy distinta es que año tras año siga dependiendo de pipas, donaciones y programas emergentes para tener agua para tomar.
Quienes viven en la ciudad quizá ven la situación de lejos. Abren la llave y esperan que salga agua. En muchas comunidades rurales eso no pasa. Hay familias que llevan años batallando con el abastecimiento y que saben que cuando llega el calor empieza otra vez la incertidumbre.
Lo más preocupante es que nos estamos acostumbrando. Nos acostumbramos a ver entregas de agua como si fueran una solución cuando en realidad son apenas un alivio. Nos acostumbramos a escuchar que se perforaron pozos y no encontraron agua. Nos acostumbramos a que las comunidades más alejadas siempre sean las que esperan.
Y mientras tanto, la gente sigue resolviendo como puede.
La ayuda es necesaria y nadie puede cuestionarla. Lo que sí se puede cuestionar es que en pleno 2026 todavía haya familias esperando que alguien les lleve agua para poder cubrir una necesidad tan básica.
Cada año estamos hablando de lo mismo, entonces el problema ya no es la sequía. El problema es que seguimos sin encontrar una solución que realmente cambie la vida de quienes viven ahí.
Más aún cuando habitantes de la propia zona han denunciado que en ocasiones las pipas ni siquiera entran a sus comunidades. La explicación que reciben es que hay otros lugares con una necesidad mayor y que los recursos no alcanzan para todos.
Y ahí está quizá la parte más dura de toda esta historia. No se trata solamente de la falta de agua. Se trata de familias que sienten que siempre están al final de la fila, esperando que alcance. Esperando que sobre. Esperando que les toque.
Porque una cosa es enfrentar la sequía y otra muy distinta es vivir con la sensación de que tu comunidad puede quedarse sin atención porque en otro lugar la situación es peor.
Mundial solo para unos
El Mundial llegará a Sinaloa, pero no para todos.
Mientras el Gobierno estatal presume “la fiesta” rumbo a la Copa del Mundo y prepara pantallas gigantes, conciertos y espectáculos de drones, hay municipios completos que ni siquiera aparecen en el mapa de la celebración. No porque no tengan historia, cultura o potencial turístico, sino porque la violencia los borró de la postal oficial.
Concordia, Rosario y Cosalá, pueblos que durante años fueron promovidos como joyas serranas, de origen minero y destinos de identidad sinaloense, quedaron fuera de la agenda mundialista.
La explicación no se dijo en la reunión del Complejo Estatal de Seguridad Pública, pero se entiende entre líneas: no hay condiciones para venderlos como escaparate internacional.
La paradoja es brutal. El mismo estado que durante años impulsó campañas para presumir sus pueblos mágicos hoy opta por esconderlos detrás del telón.
El Mundial servirá para proyectar la imagen de un Sinaloa festivo, turístico y seguro... siempre y cuando la cámara no apunte hacia las regiones donde la guerra interna del Cártel de Sinaloa dejó desplazados, balaceras y miedo cotidiano.
Mazatlán tendrá drones y multitudes. Mocorito conciertos. El Fuerte, actividades deportivas. Culiacán corredores gastronómicos y torneos infantiles.
Mientras tanto, en otras zonas del estado, la conversación sigue siendo cómo salir temprano de casa, qué carretera evitar o cuántas familias tuvieron que abandonar sus comunidades.
No es casualidad que la agenda se concentre en municipios con mayor control operativo y capacidad logística. El Gobierno necesita garantizar que el espectáculo salga bien. Lo preocupante es el mensaje implícito: hay un Sinaloa que sí puede mostrarse al mundo y otro que conviene mantener fuera del encuadre.
La “Fiesta del Mundial” pretende vender optimismo en medio de una crisis de seguridad que sigue golpeando regiones enteras. Y aunque las autoridades hablen de turismo, cultura y convivencia, la exclusión de los municipios serranos termina revelando algo más profundo: el Mundial también exhibirá las fronteras invisibles que dejó la violencia en Sinaloa.
La fiesta será estatal, dicen. Pero hay pueblos donde hace tiempo que dejaron de sentirse invitados.
Tibieza industrial
Cuando las comunidades indígenas de Ahome salieron a protestar contra las plantas de metanol proyectadas en Topolobampo, lo que esperaban del Gobierno estatal era una postura firme, una señal de liderazgo o al menos una posición clara frente al conflicto ambiental y social que se está gestando.
Pero la respuesta de la Gobernadora Yeraldine Bonilla Valverde fue otra: deslindarse.
“Es inversión privada”, repitió una y otra vez, como si con eso bastara para quitarle al Estado cualquier responsabilidad política, social o ambiental sobre proyectos que modificarán el destino de una región entera.
Sí, el dinero es privado. Pero los permisos, las condiciones, la supervisión ambiental, la relación con las comunidades y las consecuencias públicas de estos megaproyectos no desaparecen solo porque el capital venga de empresarios.
Reducir el conflicto a un asunto de “no es dinero del Gobierno” exhibe una postura tibia ante una discusión mucho más profunda: el choque entre desarrollo industrial y derechos de los pueblos originarios.
Porque mientras las comunidades hablan de riesgo ambiental, afectaciones pesqueras y falta de consulta, el Gobierno responde con mesas de trabajo... pero sin fijar postura.
Ni defensa abierta de las comunidades ni exigencia pública a las empresas. Solo una cómoda zona gris.
La tibieza política suele disfrazarse de prudencia. Pero cuando un Gobierno evita tomar posición en los conflictos más delicados, termina dejando solos a quienes sí están enfrentando las consecuencias.
¡FOUL!... Las casetas de peaje en Sinaloa tienen nueva amenaza, además de los productores, puesto que integrantes del movimiento Ciudadanos a Ciudadanos advirtieron que tomarán Costa Rica y del Limón de los Ramos si la CFE no atiende los reclamos a cobros excesivos.