Malecón

El Centinela
16 julio 2026

El personaje

Las campañas todavía no empiezan, pero los personajes ya salieron a escena.Hay quienes cambian de discurso según el auditorio. Otros van más lejos: cambian el acento, el léxico y hasta la forma de pararse. Todo sea por parecer “del pueblo”.

Omar López Campos, quien busca convertirse en la carta de Morena para la Gubernatura, ha comenzado a recorrer colonias populares con un habla distinta a la que acostumbra en otros espacios. Una transformación que difícilmente pasa inadvertida y que recuerda inevitablemente a su mentor, Enrique Inzunza Cázarez, cuando en su campaña al Senado aparecía con sombrero, como si el vestuario pudiera sustituir la cercanía auténtica.

Lo preocupante no es el sombrero, los huaraches o las expresiones populares. Lo preocupante es la lógica detrás de esa puesta en escena: asumir que el ciudadano necesita ver una representación para sentirse identificado.

Es una idea profundamente condescendiente. Como si en las colonias populares no hubiera personas capaces de distinguir entre la sencillez genuina y un personaje construido.

La cercanía no se improvisa. La autenticidad tampoco. Y cuando un político empieza a actuar un papel, corre el riesgo de que el público termine aplaudiendo... pero a la actuación, no al candidato.


Los jóvenes que rescatan... y los que ya no llegaron

Hay algo que suena bien cuando se escucha por primera vez que 153 jóvenes de Culiacán se integraron al programa Jóvenes Uniendo Barrio. Que algunos dejaron atrás problemas con la ley. Que ahora hacen trabajo comunitario. Que otros jóvenes los invitan a sumarse. Que el Gobierno les ofrece una oportunidad antes de que la delincuencia los reclute.

Nadie sensato podría estar en contra de eso.Estamos de acuerdo y lo celebramos pero hay otro problema que aparece cuando esa historia se cuenta en un Culiacán donde, al mismo tiempo, hay otros jóvenes que ya no alcanzaron ninguna oportunidad.

Mientras la Alcaldesa de Culiacán, Ana Miriam Ramos Villarreal, celebra que algunos muchachos fueron rescatados de las filas del crimen, afuera siguen apareciendo cuerpos de jóvenes asesinados, estudiantes que quedaron atrapados en balaceras, trabajadores que iban camino a casa, repartidores, comerciantes, adolescentes y niños que terminaron siendo víctimas de una violencia que no preguntó si tenían antecedentes o no.

Y ahí es donde cierto discurso se queda corto.Porque pareciera que la conversación pública se concentra únicamente en los jóvenes que podrían convertirse en delincuentes, cuando el estado también está lleno de jóvenes que nunca estuvieron cerca del crimen y aun así terminaron muertos, desaparecidos o con una vida marcada por el miedo.

En Sinaloa la juventud vive dos tragedias al mismo tiempo. Una es la del reclutamiento criminal. La otra, mucho más silenciosa, es la de quienes simplemente intentaban vivir y quedaron en medio de una guerra que nunca eligieron.

Las Jornadas de Paz ofrecen actas de nacimiento, atención psicológica, cortes de cabello, consultas médicas e incluso reparan licuadoras. Todo eso puede mejorar la vida de una colonia. Pero ninguna de esas acciones responde la pregunta que muchas familias siguen haciéndose desde hace meses: ¿cómo evitar que sus hijos sean la siguiente víctima de una bala perdida, de un enfrentamiento o de una desaparición?

La Alcaldesa asegura que el programa funciona porque los propios beneficiarios convencen a otros jóvenes de dejar esos caminos. Confíamos en que sea cierto. Ojalá esos 153 sean apenas el inicio.

Pero sería un error medir el éxito únicamente por el número de jóvenes incorporados. El verdadero indicador debería ser cuántos jóvenes dejan de morir.

Claro que sirve rescatar a algunos, pero hay que hacer las dos cosas: que la violencia no siga arrebatando a muchos más.

En Culiacán hace tiempo dejamos de sorprendernos cuando la víctima tiene 18, 20 o 25 años. Ya ni siquiera preguntamos qué estudiaba o en qué trabajaba; primero queremos saber en qué colonia ocurrió. Esa normalización debería preocupar tanto como el reclutamiento.

Las oportunidades importan, pero también importa garantizar que quienes sí estudian, sí trabajan o simplemente salen a comprar tortillas puedan regresar vivos a casa.


Incongruencia que regrese Rocha

Por los rumbos del PAN Culiacán, la idea de que Rubén Rocha Moya vuelva a gobernar el estado no cayó nada bien, y el dirigente municipal, Eduardo Ortiz Hernández, no se anduvo con rodeos al calificarlo como el Gobernador de la guerra. Dicen los azules que, tras la caída de “El Mayo” Zambada y el estallido de violencia que ya suma más de 3 mil homicidios, no hay rincón en Sinaloa que respire tranquilidad. Para la Oposición, el estado sigue incendiado y la sola mención de que el Mandatario regrese a la silla estatal les parece una incongruencia, especialmente cuando las dudas siguen flotando en el aire como el humo.

Lo que más le brinca a la dirigencia panista es el curioso veredicto de la Fiscalía General de la República, ya que, por un lado, dicen que no hay pruebas de vínculos con el narcotráfico, pero, por el otro, le mantienen las cuentas congeladas e investigan el origen de sus recursos.

Y mientras aquí los balazos no cesan, critican que en el centro del País la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, prefiere pelearse con el principal socio comercial por el trato a los migrantes, en lugar de apagar el fuego local que ya tiene las inversiones por los suelos y el T-MEC en la cuerda floja.

Donde la ironía se puso fina fue al hablar de los aspirantes de Morena, y dice el líder del PAN que es increíble ver a 13 valientes queriendo la Gubernatura, pero ninguno se atreve a ponerse la camiseta de Rocha.

Quieren la herencia, pero le huyen al que hereda, quieren el poder, pero se hacen para atrás cuando se trata de defender la gestión actual, porque al parecer en la política sinaloense la lealtad tiene un límite y ese límite se llama proceso electoral.


¡FOUL!... El Rector Jesús Madueña informó que la UAS recibió un adelanto de las participaciones de noviembre para cubrir los compromisos de julio y la prima vacacional... “para no estar con esa incertidumbre que teníamos”