El Centinela
30 marzo 2026

Nada sencilla se ve la labor de rescate que se realiza en la mina de la zona serrana del municipio de Rosario, en el sur de Sinaloa.

Hoy se cumplen ya cinco días de que los cuatro trabajadores mineros quedaron atrapados y hasta anoche no había visos de que los tuvieran al menos ubicados con exactitud.

Lo cierto es que esta es una muestra más de que al sector minero en México cuando no le llueve, le llovizna, pues aún no son hallados en su totalidad los 10 mineros privados de la libertad en el municipio de Concordia, y ahora este accidente y su prolongación de tiempo mantiene en vilo a familias y la comunidad en general.

De hecho este incidente confirma lo que es bien sabido: la minería en México sigue siendo una de las actividades más peligrosas, y, de acuerdo con algunos análisis y expertos, está marcada por la falta de supervisión y condiciones de seguridad precarias en algunas regiones.

Cifras de reportes señalan que tan sólo el primer semestre del año pasado hubo 36 incidentes en minas en México. Y en el segundo semestre, en el mes de septiembre pasado, ocho mineros quedaron atrapados en una mina en Sabinas, Coauhila, los cuales por fortuna fueron rescatados con bien.

En el caso de la mina que nos ocupa aquí en Sinaloa, no está de más señalar que del accidente ni la empresa ni la autoridad habían informado nada el miércoles cuando ocurrió y las primeras horas del jueves, y fue hasta que los propios familiares de los mineros atrapados hicieron la denuncia ante Noroeste, cuando tuvieron que salir tanto la minera como Gobierno a dar algo de datos y admitir la situación.

Situación que no está de más señalar es bastante crítica aún.

A las puertas de uno de los periodos vacacionales más importantes del año, Sinaloa se prepara para recibir a miles de visitantes que buscan sol, playa, gastronomía y descanso. Sin embargo, hay un tema que, aunque suele pasar desapercibido en el discurso oficial, se vuelve evidente, y hasta inevitable, para quien transita por el estado: la calidad de sus carreteras y calles.

No hace falta recorrer grandes distancias para notar las deficiencias. En zonas urbanas, los baches se han convertido en parte del paisaje cotidiano; en vialidades principales, los parches improvisados apenas logran contener un deterioro que avanza con el tiempo; y en tramos carreteros, las irregularidades en la superficie obligan a reducir la velocidad o a maniobras constantes para evitar daños a los vehículos. No se trata de casos aislados, sino de una condición que se repite con preocupante frecuencia.

Más allá de la incomodidad, el problema tiene implicaciones directas en la seguridad. Un bache mal calculado, una carpeta asfáltica desgastada o una señalización deficiente pueden derivar en accidentes, especialmente para quienes no conocen las rutas. Y es precisamente en temporadas como Semana Santa cuando aumenta el flujo vehicular y, con ello, el riesgo.

Sinaloa tiene mucho que ofrecer. Sus destinos de playa, sus pueblos y su reconocida cocina son un atractivo constante para el turismo nacional e internacional. Pero la experiencia no comienza al llegar al hotel o al restaurante: inicia desde el momento en que el visitante pisa una carretera o circula por una calle. En ese primer contacto, la infraestructura habla por sí sola.

Es cierto que el desgaste de las vialidades responde a múltiples factores: el uso intensivo, las condiciones climáticas, e incluso el crecimiento urbano. Pero también es cierto que el mantenimiento oportuno y las inversiones estratégicas pueden marcar una diferencia significativa. La percepción de abandono o atención parcial no solo impacta a quienes viven aquí, sino que también deja una impresión en quienes vienen de fuera.

En este contexto, la expectativa es clara: que las condiciones actuales no se traduzcan en mayores inconvenientes durante la temporada alta. Que los visitantes puedan desplazarse sin contratiempos, disfrutar de los destinos y llevarse una experiencia positiva del estado. Porque, al final, un viaje también se construye en los trayectos.

Más allá de la coyuntura, este escenario debería servir como un llamado a priorizar la infraestructura vial de manera sostenida. No solo en fechas cercanas a periodos vacacionales, sino como parte de una visión a largo plazo que entienda las calles y carreteras como un elemento esencial del desarrollo y la competitividad.

Sinaloa tiene todo para destacar, pero también tiene pendientes que no pueden seguir postergándose. Mejorar la calidad de sus vialidades no es solo una cuestión de imagen, es una necesidad que impacta la seguridad, la economía y la vida diaria de miles de personas.

Ojalá que, en esta Semana Santa, el estado brille por sus fortalezas y no por las dificultades en el camino.

Desde el sábado lo encontraron a la salida de Mazatlán, pero ayer se confirmó la mala noticia: el empresario frutero de Mazatlán, Rafael Tirado, fue hallado privado de la vida tras haber sido raptado desde el viernes en la Central de Abastos de El Venadillo.

La Fiscalía ni siquiera lo agregó a su informe diario de homicidios y otras violencias.

Su caso se agrega a otros tres raptos recientes en Culiacán y de los cuales tenemos información de solicitudes de rescate, es decir, estamos ante secuestros con todas las de la ley y eso es una noticia muy muy grave para el Estado.

También sabemos que en dos de esos casos hubo detenidos y eso vale reconocerlo y aplaudirlo. Pero en el caso del propietario de Frutería Alicia solo tenemos conocimiento de su rapto y es evidente que no hubo capacidad para rescatarlo con vida.

El rapto y la muerte del empresario mazatleco ha impactado fuerte en el ánimo y levantó todas las alertas del sector empresarial. No es para menos, lo que menos necesita nuestra golpeada economía es que el secuestro se instale en la dinámica criminal como otro de sus negocios.

Ojalá tuviéramos más información al respecto para tener mayor claridad de ante qué tamaño de problema estamos, pero también entendemos que son casos personales y familiares sumamente delicados que hay que respetar.

¡FOUL! La Senadora Imelda Castro trajo a Sinaloa árbitros de futbol profesionales en medio de la euforia por el Mundial 2026. ¡Qué cosa! Justo cuando acaba de salir limpia de las denuncias por campaña adelantada, se pone a jugar en la rayita.

Nada sencilla se ve la labor de rescate que se realiza en la mina de la zona serrana del municipio de Rosario, en el sur de Sinaloa.

Hoy se cumplen ya cinco días de que los cuatro trabajadores mineros quedaron atrapados y hasta anoche no había visos de que los tuvieran al menos ubicados con exactitud.

Lo cierto es que esta es una muestra más de que al sector minero en México cuando no le llueve, le llovizna, pues aún no son hallados en su totalidad los 10 mineros privados de la libertad en el municipio de Concordia, y ahora este accidente y su prolongación de tiempo mantiene en vilo a familias y la comunidad en general.

De hecho este incidente confirma lo que es bien sabido: la minería en México sigue siendo una de las actividades más peligrosas, y, de acuerdo con algunos análisis y expertos, está marcada por la falta de supervisión y condiciones de seguridad precarias en algunas regiones.

Cifras de reportes señalan que tan sólo el primer semestre del año pasado hubo 36 incidentes en minas en México. Y en el segundo semestre, en el mes de septiembre pasado, ocho mineros quedaron atrapados en una mina en Sabinas, Coauhila, los cuales por fortuna fueron rescatados con bien.

En el caso de la mina que nos ocupa aquí en Sinaloa, no está de más señalar que del accidente ni la empresa ni la autoridad habían informado nada el miércoles cuando ocurrió y las primeras horas del jueves, y fue hasta que los propios familiares de los mineros atrapados hicieron la denuncia ante Noroeste, cuando tuvieron que salir tanto la minera como Gobierno a dar algo de datos y admitir la situación.

Situación que no está de más señalar es bastante crítica aún.

A las puertas de uno de los periodos vacacionales más importantes del año, Sinaloa se prepara para recibir a miles de visitantes que buscan sol, playa, gastronomía y descanso. Sin embargo, hay un tema que, aunque suele pasar desapercibido en el discurso oficial, se vuelve evidente, y hasta inevitable, para quien transita por el estado: la calidad de sus carreteras y calles.

No hace falta recorrer grandes distancias para notar las deficiencias. En zonas urbanas, los baches se han convertido en parte del paisaje cotidiano; en vialidades principales, los parches improvisados apenas logran contener un deterioro que avanza con el tiempo; y en tramos carreteros, las irregularidades en la superficie obligan a reducir la velocidad o a maniobras constantes para evitar daños a los vehículos. No se trata de casos aislados, sino de una condición que se repite con preocupante frecuencia.

Más allá de la incomodidad, el problema tiene implicaciones directas en la seguridad. Un bache mal calculado, una carpeta asfáltica desgastada o una señalización deficiente pueden derivar en accidentes, especialmente para quienes no conocen las rutas. Y es precisamente en temporadas como Semana Santa cuando aumenta el flujo vehicular y, con ello, el riesgo.

Sinaloa tiene mucho que ofrecer. Sus destinos de playa, sus pueblos y su reconocida cocina son un atractivo constante para el turismo nacional e internacional. Pero la experiencia no comienza al llegar al hotel o al restaurante: inicia desde el momento en que el visitante pisa una carretera o circula por una calle. En ese primer contacto, la infraestructura habla por sí sola.

Es cierto que el desgaste de las vialidades responde a múltiples factores: el uso intensivo, las condiciones climáticas, e incluso el crecimiento urbano. Pero también es cierto que el mantenimiento oportuno y las inversiones estratégicas pueden marcar una diferencia significativa. La percepción de abandono o atención parcial no solo impacta a quienes viven aquí, sino que también deja una impresión en quienes vienen de fuera.

En este contexto, la expectativa es clara: que las condiciones actuales no se traduzcan en mayores inconvenientes durante la temporada alta. Que los visitantes puedan desplazarse sin contratiempos, disfrutar de los destinos y llevarse una experiencia positiva del estado. Porque, al final, un viaje también se construye en los trayectos.

Más allá de la coyuntura, este escenario debería servir como un llamado a priorizar la infraestructura vial de manera sostenida. No solo en fechas cercanas a periodos vacacionales, sino como parte de una visión a largo plazo que entienda las calles y carreteras como un elemento esencial del desarrollo y la competitividad.

Sinaloa tiene todo para destacar, pero también tiene pendientes que no pueden seguir postergándose. Mejorar la calidad de sus vialidades no es solo una cuestión de imagen, es una necesidad que impacta la seguridad, la economía y la vida diaria de miles de personas.

Ojalá que, en esta Semana Santa, el estado brille por sus fortalezas y no por las dificultades en el camino.

Desde el sábado lo encontraron a la salida de Mazatlán, pero ayer se confirmó la mala noticia: el empresario frutero de Mazatlán, Rafael Tirado, fue hallado privado de la vida tras haber sido raptado desde el viernes en la Central de Abastos de El Venadillo.

La Fiscalía ni siquiera lo agregó a su informe diario de homicidios y otras violencias.

Su caso se agrega a otros tres raptos recientes en Culiacán y de los cuales tenemos información de solicitudes de rescate, es decir, estamos ante secuestros con todas las de la ley y eso es una noticia muy muy grave para el Estado.

También sabemos que en dos de esos casos hubo detenidos y eso vale reconocerlo y aplaudirlo. Pero en el caso del propietario de Frutería Alicia solo tenemos conocimiento de su rapto y es evidente que no hubo capacidad para rescatarlo con vida.

El rapto y la muerte del empresario mazatleco ha impactado fuerte en el ánimo y levantó todas las alertas del sector empresarial. No es para menos, lo que menos necesita nuestra golpeada economía es que el secuestro se instale en la dinámica criminal como otro de sus negocios.

Ojalá tuviéramos más información al respecto para tener mayor claridad de ante qué tamaño de problema estamos, pero también entendemos que son casos personales y familiares sumamente delicados que hay que respetar.

¡FOUL! La Senadora Imelda Castro trajo a Sinaloa árbitros de futbol profesionales en medio de la euforia por el Mundial 2026. ¡Qué cosa! Justo cuando acaba de salir limpia de las denuncias por campaña adelantada, se pone a jugar en la rayita.