Malecón

El Centinela
25 agosto 2026

Ni que tan bueno, ni que tan malo

Finalmente la confrontación en el Congreso del Estado parece haber llegado a su final, al menos en este capítulo que se acaba de cerrar con la elección y aprobación de Graciela Domínguez Nava como la nueva Gobernadora interina de Sinaloa.

Aun con la fluidez de la ceremonia, con los discursos en contra de diputados de la propuesta de Graciela, del Revolucionario Institucional, de Acción Nacional y del Movimiento Ciudadano, resultó como algo dentro del presupuesto, pues la relación de aprobación fue demoledora con 33 votos a favor, seis en contra y cuatro abstenciones.

Graciela, para muchos, representa aún esa línea que está enchufada al Gobernador Rubén Rocha Moya, pero sin duda es alguien que también representa una mayor sobriedad y madurez, quizás por la experiencia que suma dentro de la vida política y pública en Sinaloa.

Lo que es evidente es su relación con Feliciano Castro Meléndrez, lo que resulta también en esa conexión con Rocha Moya, pero claro está que no es Yeraldine Bonilla ni tampoco es alguien como el “Frijol” Jesús Ibarra.

No sabemos qué tan correcto o equivocada está la decisión de que Graciela sea la Mandataria, porque la Oposición no votó a favor, pero sin duda que pareciera que es la respuesta a una disputa que ya tenía 24 horas de haber iniciado.

Algo es algo, dijera el calvo.

¿Y Yeraldine?

Dicen que en Palacio de Gobierno no cayó nada bien que Yeraldine Bonilla Valverde dejara de ser Gobernadora interina para regresar a la Secretaría General de Gobierno. Y es que, según los comentarios que circulan entre los pasillos del Ejecutivo, a la ahora ex Mandataria le habría dolido más de lo esperado ser desplazada.

Pero más allá del enojo, el balance político de su paso por la Gubernatura tampoco parece jugar a su favor. Lejos de consolidar una identidad propia al frente del Estado, Bonilla Valverde habría dejado más dudas que certezas, tanto por su desempeño político como por la manera en que manejó su imagen pública.

En Morena, dicen, tampoco pasa desapercibido que su breve paso por la Gubernatura no necesariamente fortaleció su perfil. Al contrario, para algunos morenistas terminó generando más desgaste que capital político, por lo que ahora tendrá que trabajar bastante para recuperar la confianza y demostrar que puede ser una pieza útil para el proyecto.

Y hay otro detalle que seguramente hará más incómodo su regreso: durante su periodo al frente del Ejecutivo circularon comentarios sobre el trato que recibía parte del equipo que le fue heredado de la administración de Rubén Rocha Moya. Algunos la señalaban de despótica y de maltratar a funcionarios y colaboradores.

Ahora, sin el cargo de Gobernadora de por medio, tendrá que volver a convivir con ellos... pero como iguales.

Así que quizá el verdadero reto para Yeraldine apenas comienza: dejar atrás el protagonismo de la Gubernatura y reconstruir una relación política con sus compañeros.

Sinaloa, entre licencias, juicios políticos y una crisis

Lo que pasó este martes en el Congreso de Sinaloa vuelve a poner sobre la mesa el desorden político que arrastra el estado. Mientras los partidos discuten responsabilidades y posiciones, afuera siguen pendientes los mismos problemas que ya llevan meses: violencia, desplazamientos, negocios cerrados y pérdida de empleos.

El PRI decidió llevar la disputa un paso más allá y presentó una denuncia de juicio político contra Rubén Rocha Moya, con la intención de buscar su destitución. Paola Gárate cuestionó que la Gubernatura pueda “abrirse y cerrarse” según las circunstancias, luego de que Rocha regresara al cargo el 21 de agosto y pidiera licencia nuevamente apenas 34 horas después.

El señalamiento político está hecho. Ahora toca al Congreso revisar si existen elementos para darle trámite al procedimiento. El juicio político, por supuesto, no significa que Rocha sea responsable de lo que se le señala; eso tendría que determinarse dentro del propio proceso.

Pero el episodio vuelve a dejar una pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo puede funcionar un Gobierno entre licencias, regresos y nuevas licencias sin que eso termine afectando la certeza sobre quién está tomando las decisiones?

Durante los 112 días que Rocha estuvo separado del cargo se habló de una transición. La discusión puede tener lecturas políticas distintas, pero es difícil de ignorar que el estado llega a este punto sin haber resuelto la crisis que motivó buena parte de esos movimientos.

Y mientras en el Congreso se reparten señalamientos, también habrá que ver si las distintas fuerzas políticas son capaces de asumir su parte. Porque no todo lo que ocurre en Sinaloa puede explicarse desde la oficina del Gobernador ni todo se resuelve cambiando de titular.

El Congreso tiene ahora un nuevo problema sobre la mesa y, con él, una responsabilidad. Si hay elementos para fincar responsabilidades, tendrá que actuar conforme a la ley; si no los hay, también deberá decirlo. Lo que Sinaloa difícilmente necesita es otro capítulo de la pelea política que termine sin modificar la realidad de fondo.

¡FOUL!... Morenistas de aquí y allá saludaron con gusto el regreso de Rocha Moya; tres Doritos después ¡hasta suben foto con Graciela!