Malecón
La ridiculez de las oficinas de prensa
Parece que algunos funcionarios ya no distinguen entre la oficina que encabezan y la campaña que quisieran encabezar.
Resulta que el grupo de WhatsApp donde la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable difundía información institucional a periodistas cambió de identidad.
De ser un canal para compartir actividades de la dependencia, pasó a llamarse “Prensa Omar López Campos”, en una decisión que levantó más de una ceja entre quienes reciben los mensajes.
Porque una cosa es que el ex Secretario aparezca en los boletines de su dependencia y otra muy distinta que el canal oficial termine llevando su nombre, como si la comunicación gubernamental hubiera decidido adelantar los tiempos políticos.
Y es que en los corrillos políticos hace tiempo que se comenta el interés de Omar López Campos por figurar rumbo a la sucesión de 2027. No ayuda que su padre, Eligio López, presida la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado y forme parte del círculo más cercano al grupo político del Gobernador Rubén Rocha Moya.
Así que el cambio de nombre del grupo no pasó inadvertido. Entre reporteros hubo quien preguntó si también cambiarían el logotipo de la dependencia por un eslogan de precampaña, o si el siguiente paso sería empezar a enviar invitaciones para “coberturas informativas” que, casualmente, terminaran pareciéndose mucho a actos de promoción personal.
En política, las formas pesan. Y cuando un canal institucional comienza a personalizarse, inevitablemente surgen las dudas sobre dónde termina la comunicación social y dónde empieza la construcción de una candidatura.
Por lo pronto, el grupo ya cambió de nombre. Falta ver si también cambia de propósito. Porque una dependencia pública está para informar sobre el trabajo del gobierno, no para ensayar el branding de quien sueña con el siguiente cargo.
El meteórico incremento de accidentes en moto
En la jungla de asfalto que es Culiacán, parece que el acelerador tiene imán y el sentido común anda de vacaciones porque resulta que, tras el regreso a la normalidad de escuelas y trabajos, la ciudad se ha convertido en una pista de carreras bastante accidentada.
La Cruz Roja, esa benemérita institución que le entra al quite en el 90 por ciento de los incidentes del municipio, ya no sabe si enviar ambulancias o un manual de supervivencia básico a nuestras calles.
Las cifras no mienten, aunque a muchos les duela que en lo que va del año, los accidentes de motocicleta han dado un salto acrobático del 33 por ciento en comparación con el 2025, ya que pasamos de 456 a 607 este 2026 servicios por estos percances.
¿La razón? dice la institución que el tráfico volvió con todo, pero la prudencia se quedó guardada en la cochera.
Lo más preocupante es el perfil del piloto promedio que termina probando el pavimento que son los jóvenes de entre 23 y 30 años, mayoritariamente hombres, que parece que confunden la moto con un vehículo blindado o una unidad de carga familiar.
A pesar de que el casco salva vidas y evita que un golpe se convierta en una lesión eterna como un traumatismo craneoencefálico, todavía hay quienes se resisten a usar el equipo de protección o, peor aún, suben a media colonia en una sola unidad.
Pero no todo son motolocos en el radar de la Cruz Roja, mientras los jóvenes se empeñan en subir las estadísticas de siniestralidad vial, nuestros adultos mayores sufren en silencio dentro de casa.
El segundo factor de atención son las caídas, con 579 reportes, muchas veces de abuelitos que pierden el paso en las escaleras o al bajar del camión.
Además, las enfermedades diversas siguen a la cabeza con mil 462 casos, recordándonos que, entre el caos del tráfico y los padecimientos crónicos, los paramédicos no tienen respiro.
Falta educación vial, de esa que no se aprende solo para pasar el examen de la licencia, sino la que te hace bajarle al exceso de velocidad y respetar los señalamientos.
Por lo pronto, la Cruz Roja sigue ahí, las 24 horas, los siete días de la semana, esperando que el próximo timbrazo al 911 sea por algo que no se pudo evitar y no por una imprudencia que se pudo prevenir con un poco de conciencia y menos prisa.
La lucha hueca
Desde muy temprano, los uaseños salieron a decirle a todo el mundo que han comenzado un paro de labores, como presión para obtener los recursos para sus quincenas.
Ellos, los trabajadores, deberían ser los primeros en saber que es obvio que la situación en la Universidad Autónoma de Sinaloa no va a mejorar de la noche a la mañana, aún y que ya no haya cacique ni tumor canceroso en forma de partido político.
Pero también saben que algo debe hacerse para por lo menos llamar la atención de las autoridades y captar algo de empatía.
Porque ya no hay tiempo ni es momento de echar culpas, dirán, de las decisiones totalmente contrarias a la lógica que cometió el Rector Jesús Madueña Molina y la pandilla que se cree dueña de la Universidad, como las compras con derroche de millones de pesos en sobreprecios o a parientes de funcionarios.
O peor, seguir contratando a trabajadores de confianza que parecieran sin más objetivo que ganar más lealtades.
Lo peor es que hoy las instalaciones están peores que durante el cacicazgo, que cobran por laboratorios que nunca van a prestar a los alumnos y que hoy más que nunca el jabón y el papel están más lejos de los baños que antes.
Desde ayer, los trabajadores de la Universidad fueron llamados al paro, colocaron candados en las puertas de las unidades académicas y tienen la indicación de soportar por lo menos una semana.
La presión con los trabajadores, según se han quejado los mismos, es tal que los han obligado a mantenerse en lugares con altas temperaturas y sin permisos para ir al baño.
No cabe duda que las luchas que encabezan las autoridades de la Universidad está hueca y lejos está de tener el espíritu del Sursum versus, más bien todo parece indicar que va en picada al precipicio.
¡No te acabes, UAS!
¡FOUL!... En una “huelga” que parece más porra a Rectoría, el Suntuas ordenó el paro laboral en la Universidad por falta de pago...¡y ni había llegado la fecha de la quincena!