Malecón

El Centinela
12 febrero 2026

La ciudad que se detiene

En Culiacán basta con que algo ocurra en la periferia para que el corazón de la ciudad empiece a latir distinto. No importa si el hecho se registra a kilómetros del Centro o en una sindicatura apartada: la sensación de crisis se esparce con una rapidez que ni el tráfico puede frenar. Ayer volvió a suceder. Un operativo en la zona de Jesús María, al norte de la ciudad, fue suficiente para alterar la rutina de miles.

En el norte de Culiacán los camiones urbanos comenzaron a circular con mayor tardanza. No fue un anuncio oficial el que alertó a los usuarios, sino la espera prolongada en las paradas, el mensaje reenviado en grupos de WhatsApp y la incertidumbre que se instala cuando las patrullas se multiplican en el paisaje cotidiano. La movilidad, ese termómetro silencioso de la estabilidad, volvió a resentir la tensión.

La ciudad, acostumbrada a vivir con sobresaltos, activa de inmediato su protocolo ciudadano: negocios que bajan cortinas antes de tiempo, padres que apresuran la salida por sus hijos, trabajadores que reconsideran trayectos. No hace falta que el conflicto toque directamente las zonas comerciales o escolares; la percepción de riesgo viaja más rápido que cualquier comunicado.

Lo preocupante no es sólo el operativo en sí, sino la fragilidad de la normalidad. Culiacán funciona mientras nada altere sus márgenes. Pero cuando la crisis asoma en la periferia, el efecto dominó se hace evidente: transporte más lento, calles más vacías, actividad económica contenida. La ciudad se repliega, como si supiera que cualquier chispa puede expandirse.

En ese contexto, la pregunta inevitable es cuánto tiempo más puede sostenerse una dinámica donde la rutina depende de que no haya sobresaltos en los extremos. La movilidad tardía de los camiones en el norte es apenas un síntoma. La verdadera parálisis es la emocional: esa pausa colectiva que recuerda que aquí, en cualquier momento, la ciudad puede volver a detenerse.


Falta de información y coordinación en Culiacán

Lo que llama la atención de lo que dijo el Alcalde de Culiacán sobre los hechos en Jesús María es que prácticamente admitió que no sabe qué ocurrió en su propio municipio y que el Ayuntamiento se enteró primero por los medios de comunicación.

Claro, se puede entender que los operativos federales muchas veces manejan información reservada y que no siempre comparten detalles con autoridades locales de inmediato. En ese sentido, quizá el Alcalde no tenga por qué conocer cada movimiento o cada detalle de un despliegue militar.

Pero el problema no es sólo ese. Lo preocupante es la imagen que se proyecta cuando el Gobierno municipal reconoce que no tiene información clara sobre hechos que generan incertidumbre entre la población y que ocurrieron dentro de su territorio. Al final, la ciudadanía espera respuestas de su autoridad más cercana, aunque el operativo sea federal.

Decir que hay que esperar a que las fuerzas federales “consoliden” la información puede sonar prudente, pero también deja ver una fuerte dependencia y poca capacidad de reacción del Ayuntamiento en temas de seguridad.

Más que si debía o no saber exactamente qué estaba pasando, el punto es que el municipio debería tener mejores mecanismos de coordinación y comunicación para poder informar a la población con mayor certeza. Porque cuando la autoridad local no sabe o no puede explicar lo que ocurre, lo que crece es la incertidumbre.


¿Y dónde está el Alcalde de Concordia?

El Alcalde de Concordia, Óscar Zamudio Pérez, sigue sin aparecer, mucho menos dar información.Concordia se mantiene en el ojo del huracán por los casos de los mineros desaparecidos y hallados muertos en fosas clandestinas en predios del poblado El Verde, Concordia. Además de los fuertes operativos federales y de la presencia de los colectivos de rastreadoras.

También el área de Comunicación Social del Gobierno de Concordia ni se diga, no ofrece ni un vaso de agua en estos días, mucho menos información. En Concordia reina el silencio absoluto.

La más reciente aparición de Zamudio Pérez fue el pasado jueves 5 de febrero cuando asistió a un evento en Culiacán.

Ese día sostuvo que la población y el Gobierno municipal continuaban con sus actividades cotidianas y que existían condiciones para visitar el municipio, a pesar de los hechos de inseguridad registrados recientemente en la región.

Y desde ese día,y unos días antes, no se le ve por el Palacio municipal. Periodistas han ido a buscarlo a la “Casa del Pueblo”, como él dice, pero nadie lo ve.


Abrazos, abrazos y abrazos en Mazatlán

Y mientras Mazatlán, junto a Concordia, son el epicentro a nivel nacional e internacional por las desapariciones de personas, la Alcaldesa Estrella Palacios Domínguez se ha dedicado a reforzar su campaña de abrazos, abrazos y más abrazos con la gente en las colonias.

Para muestra la tarde de ayer miércoles, Palacios Domínguez, acompañada por su equipo del Bienestar, encabezó una nueva jornada de atención ciudadana del programa “Contigo Mazatlán”, esta vez en la colonia Santa Elena.

También el pasado martes estuvo repartiendo abrazos en el callejón Ibarra, en el Centro de Mazatlán, donde inició una obra para renovar la red hidrosanitaria.En ambos casos, la Presidenta Municipal atendió de manera personal a vecinas y vecinos de la colonia, así como de asentamientos aledaños y por supuesto no paró de dar abrazos y sonreír.


Agridulces fiestas

Pues con todo y el peso de la imagen deteriorada a nivel nacional y hasta internacional, Mazatlán inicia hoy su máxima fiesta.

El Carnaval no se detiene y a final de cuentas las festividades superan cualquier eventualidad, sólo la pandemia lo ha podido detener en las últimas décadas, así que el ambiente de pesadumbre que se siente en parte de la población no es motivo de parar la fiesta.

Esta es nuestra realidad: mientras miles seguramente disfrutarán las coronaciones, los conciertos, el baile en Olas Altas y los desfiles, a pocos kilómetros de distancia las familias de los desaparecidos aguardan en las fosas clandestinas, marchan para protestar y sobrellevan su tragedia.

Así de ambivalentes nuestros contextos en este Sinaloa extraordinario.


Navolato, por fin una buena

Una de las buenas noticias que hemos tenido en los últimos días, entre las recientes semanas de pesadilla, es la recuperación del comercio en Navolato que aunque lento ahí va.

Los Empresarios Unidos por Navolato reportaron que los comercios del municipio cañero cerraron con un crecimiento del 10 por ciento.

La noticia, como les señalamos, es positiva, es una parte buena de todo el desastre económico que la crisis de violencia ha dejado en la mayor parte del centro de Sinaloa.

Porque todavía hay otros detalles en este repunte económico en Navolato que todavía preocupan, como el hecho de que alrededor de 45 negocios del centro de la ciudad siguen sin reabrir.

El problema, según los empresarios, es que los negocios cerraron el año pasado debido a los altos costos operativos y la poca clientela.

Y aunque las condiciones económicas actuales aún no favorecen la reapertura de los comercios, principalmente por las altas rentas, los costos de energía eléctrica y las dificultades para la contratación de personal, lo que afecta especialmente a pequeñas empresas, la esperanza se mantiene firme debido a que las cosas en Navolato parece que mejoran con respecto a la seguridad.

Algo es algo, dijo el calvo.


¡FOUL! Aún y que hay mucha presencia militar y de las policías estatal y federal en el sur de Sinaloa, Escuinapa sigue como foco rojo de violencia y reportan ¡17 explosiones!