El Centinela
03 febrero 2026

La noticia del alta médica de la Diputada Elizabeth Montoya Ojeda llega como un respiro en medio de un episodio que no debió ocurrir.

No hay celebración posible cuando una representante popular sale de un hospital con secuelas severas y con la incertidumbre de una recuperación que apenas comienza, pero sí hay lugar para el deseo genuino de que su proceso sea lo menos doloroso posible y que recupere, hasta donde sea médicamente viable, su calidad de vida.

La violencia no distingue cargos ni investiduras. A Montoya la alcanzó de frente, en el rostro, con consecuencias que podrían acompañarla de por vida. Que hoy esté fuera del hospital no borra la gravedad del atentado ni el hecho de que ejercer un cargo público en Sinaloa sigue implicando riesgos que el Estado no ha sabido contener del todo.

Mientras ella inicia su recuperación en casa, el contraste es inevitable: su compañero de bancada, Sergio Torres Félix, continúa en terapia intensiva. Dos trayectorias médicas distintas, un mismo origen: una agresión armada en pleno Culiacán, a plena luz del día, minutos después de salir del Congreso. No es una escena excepcional; es una escena conocida, repetida, casi normalizada.

Los buenos deseos para la Diputada no deben quedarse en el terreno de la cortesía institucional. De poco sirve la solidaridad discursiva si no se traduce en investigaciones serias, resultados claros y garantías reales de seguridad para quienes desempeñan funciones públicas, pero también, y sobre todo, para quienes no tienen escoltas ni reflectores.

Que Elizabeth Montoya esté fuera del hospital es una buena noticia. Que haya llegado ahí, herida y con daños severos, es un recordatorio de lo frágil que sigue siendo el espacio público en Sinaloa.

Ojalá su recuperación avance con dignidad y que este caso no se sume a la larga lista de agresiones que se diluyen entre comunicados oficiales y expedientes inconclusos. Porque sanar un cuerpo es importante; sanar el entorno que permitió la agresión es urgente.

Parece que ya entramos en un ritmo en que el Presidente Municipal de Elota, Richard Millán Vázquez, no puede dejar pasar una semana completa sin cometer alguna burrada o guarrada, depende de cómo se le vea.

Lo lamentable es que primero llamaba la atención por motivos diferentes, por su imponente presencia, su carácter fuerte, orgulloso de sus preferencias, lo impecable y original de sus outfits y el hecho de haber llegado al poder por su carisma y su don de palabra en un lugar difícil y arropado por un partido que no garantizó nunca el triunfo.

Pero hoy la cosa dejó de ser simpática.

Y es que la noche del pasado sábado 31 de enero, en evidente estado inconveniente, tomó el micrófono frente a miles de ciudadanos locales y turistas para cometer un acto inaceptable desde que llegó al poder.

“¿Saben qué día es hoy? Es el día más feliz de nuestras vidas porque mañana sabrá la ver... si llegue”, dijo Millán Vázquez al subir al escenario durante la Inauguración de la Feria del Ostión 2026.

Obvio no es que nos escandalice escuchar la expresión o la palabra, sino el lugar en el que lo dice y siendo quién es, en estos momentos, la máxima autoridad en el municipio de Elota.

Pero lo más lastimoso del comportamiento del Alcalde Millán Vázquez es que parece no entender lo que ha hecho mal y siempre lo quiere equiparar a críticas a su persona.

Ya se le explicó de diferentes maneras cómo es que un líder, del lugar del que es, que lo necesita en los peores momentos, no debe irse de vacaciones y compartir sus momentos felices en la nieve, no porque no lo pueda hacer, sino porque emite una imagen que lastima a sus propios gobernados, por esa sensación de abandono y de minimizar la impresionante crisis por la que atraviesan.

No debe banalizar ni pasar por encima de la formalidad de su cargo, porque es justo la imagen de alguien íntegro, maduro y sensato el que más respeto inspira, y que deber ser el primero en respetar la ley y sus obligaciones después de haber rendido protesta.

No debe ejercer el cargo y aprovecharse para ejercer o realizar actos de influencia, ni de nepotismo, ni tampoco aprovechar la silla para promover o detonar su imagen personal.

Y compa, no puede andar repartiendo ver... como si estuviera en el antro con sus amigos, contando chistes después de unos tragos.

Está muy claro, y se lo debieron de haber dicho desde el principio, y es que así son los cargos públicos, y se deben respetar cómo se respeta la ley, y si no le gusta, pues está más claro lo que debe hacer.

La puerta del Ayuntamiento de Elota está muy grande y todavía cabe de salida con todo y su ego.

Vaya cuesta de enero la que se vivió en Culiacán, y no es precisamente una pendiente ligera, sino un barranco económico que ya se llevó de corbata a más de 3 mil empleos en apenas los primeros 20 días del año.

Según la Unión de Comerciantes de Culiacán, el optimismo que trajo la temporada decembrina se desinfló más rápido que un globo de fiesta, dejando a miles de familias en la incertidumbre laboral.

Lo que realmente debería encender las alarmas no es sólo el fin de los contratos temporales que representan el 60 por ciento de las bajas, sino ese 40 por ciento de empleos perdidos porque más de 180 establecimientos simplemente ya no pudieron más y bajaron la cortina definitivamente.

La economía no quedó en los bolsillos de nadie, porque sectores como la ropa, joyería, belleza y tecnología están pasando por un calvario donde la prosperidad brilla por su ausencia.

Incluso el modelo de los food parks, que tanto auge tuvo, hoy está olvidado, reduciéndose drásticamente junto con su personal.

La crisis no discrimina y golpea con especial dureza a los más vulnerables, como las personas adultas y habitantes de zonas rurales desplazados por la violencia, quienes llegan a la capital buscando un sustento que el comercio local, asfixiado por las bajas ventas, difícilmente puede ofrecer.

Y mientras el barco parece hundirse, nos cuentan como gran hazaña que abrieron 12 nuevos negocios. ¡Qué consuelo!.

Es como intentar vaciar el mar con una cubeta, aunque hay que reconocer a esos pocos emprendedores valientes.

¡FOUL! Adán Augusto “renuncia” a la coordinación del Senado; que “habló con quien tenía que hablar”. Lo cierto es que ya se fue.