Se acaba el 'sueño guajiro'

06 noviembre 2015

"Juan José Sánchez, quien dejó su casa en busca de darle algo mejor a su familia, fue 'levantado' junto a otras 26 personas"

¿Qué es una guajira? El diccionario de la Real Academia Española dice que es una persona que vive y trabaja de una zona rural. Pero el lenguaje popular denota esa palabra al sueño "guajiro", cuando la ilusión es casi irreal, imposible o inalcanzable.
Irónicamente así se llama el campo agrícola en el que fueron "levantados" 27 hombres. Juan José Sánchez Armenta, de 21 años, vivía esa fiebre. Por 150 pesos diarios dejó su casa en El Guayabo, su pueblo natal. Buscaba una vida mejor.
Por mil 150 pesos semanales trabajaba 16 horas diarias en el campo. Con ese dinero mantenía a su esposa Claudia, y a su hija de 1 año.
"Ningún dinero valía la vida de mi esposo", expresa Claudia. Para su esposa ganar esa cantidad, también le costó que los hayan levantado, ayer a las dos de la mañana, mientras dormían.
Juan José escuchó ruidos. Eran camionetas tipo Cheyenne y Hummer de las que se bajaban decenas de sujetos "empistolados".
"No abras la puerta", le dijo su esposa Claudia. Se escondieron en la esquina. Alguien golpeaba fuertemente su puerta con insistencia. Eran dos hombres. La tiraron.
"Abran hijos de la chingada ¡Levántense!". Y se lo llevaron. Lo agarraron de la camisa, lo empujaron y lo sacaron. Lo tiraron al suelo terroso. Boca abajo. Manos cruzadas a la cabeza. "Si le hablan a la policía los vamos a matar a todos", advertían unos encapuchados.
Claudia temía por su hija. Pero la pequeña seguía dormida. "Yo rezaba y rezaba, pero se lo llevaron ¡Se lo llevaron!", exclama llorando.
Ayer se acabó ese sueño guajiro de 27 familias por una vida mejor. "Se llevaron a todos los hombres que encontraron", se lamentaba Claudia. Juan José no se fue solo, también "levantaron" a su tío y a uno de sus primos.
Mujeres y niños se quedaron ahí. Entre la tierra del campo. Cuando se fueron sólo gritaron. Lloraron pero nadie las escuchó. Se llevaron a sus hombres, los que trabajan, el sustento familiar.
Pasó la noche y la autoridad llegó. Pero nadie les informó qué hacer. Algunos llamaron a sus familiares. Empezaban a empacar sus cosas. Nadie quería quedarse en el campo, ni recordar nada. Sólo regresar a sus pueblos.
Juan José llegó al campo para trabajar como jornalero. Al salir de su casa su madre le dio la bendición. Le prometían 150 pesos diarios. A su esposa, que trabajaría como empacadora, le pagarían 110.
Ayer a las 10 de la mañana, el padre de Juan José, Natividad Sánchez, llegó de ese pueblo de la sindicatura de Las Tapias, donde viven unas siete familias y la esperanza de vida "no llega muy alto". Esperó afuera para recoger a su nuera, a su nieta y demás familiares.
"Ni modo que las deje ahí solas, me las voy a llevar aunque no quieran", decía mientras esperaba a que los militares los dejaran pasar al campo.
Luego de cuatro horas de guardia, el reencuentro se dio. Los militares despejaron la puerta de entrada a los galerones y Natividad corrió por su nieta. Tragaba saliva e intentaba no llorar cuando su nuera le contaba lo que ocurrió esa madrugada, pero no pudo y soltó: "Bendito sea Dios, ¿Dónde estarás mijo?, ¿qué te van a hacer?, ¿qué culpa tenías tú?".
De inmediato subieron la televisión, los abanicos, la comida y la ropa a la camioneta y se fueron. El campo quedo solo como si nunca hubiera pasado nada. Como si La Guajira fuera lo que dice la gente... sólo un sueño.