Una armadura de cartón

Editorial
01 mayo 2026

La acusación por diversos delitos en contra del Gobernador Rubén Rocha Moya y parte de su equipo de trabajo es ante todo una raya en el tiempo, el final de una época y el inicio de una era que está por escribirse.

Además de un hecho histórico, es al mismo tiempo el complejo final de múltiples arterias con un impacto histórico cuya trascendencia aún está por definirse pero no por eso menos importante.

Acusar a un Gobernador de un delito, desde los despachos jurídicos de la primera potencia del mundo, significa acabar de un plumazo con la impunidad de un Mandatario, con la máxima expresión del poder en un estado, aún y cuando el o los delitos estén lejos de confirmarse.

La acusación en contra del hombre más poderoso, políticamente hablando, de una región, es una acusación, que sea cierta o no, cambia para siempre la imagen de ese funcionario y de sus gobernados.

La administración de Trump acaba de echar a la basura décadas de trabajo en favor de la imagen de Sinaloa, ese esfuerzo en vano por decirle al mundo que somos mucho más que narcotráfico y muerte, drogas y dinero fácil.

Alrededor de Rocha Moya y el resto de los acusados se ha erigido un muro en su defensa, capitaneado por la Presidenta Claudia Sheinbaum, que ha tirado de la raída cobija de la soberanía para intentar blindar al Mandatario sinaloense con una armadura que parece de cartón.

Los escenarios futuros para Rocha Moya son tan inciertos como el humor y la justicia de la administración de Donald Trump, lo mismo cabe que se olvide mañana de la acusación o que despliegue un operativo para presionar.

Estamos ante el umbral de una época, de un contexto desconocido, donde la única certeza es que Sinaloa continuará navegando en una guerra fratricida que saltó de la sierra a las calles, y de las calles a los despachos políticos, donde se combate con tal ferocidad que las traiciones llegan hasta los juzgados estadounidenses donde ahora se escribe la historia.