"Firmas"

"Indecisión"
07/11/2015

    Jorge Papachoris Corrales

    "La peor decisión es la indecisión"
    Benjamín Franklin

    Mi abuela decía que estar indeciso era como pararse frente a un río, necesitar cruzarlo y temer a la corriente. "Si ya buscaste como y no encuentras, lánzate al agua; nadarás hacia adelante o te regresaras pero no te hundirás, adentro vas a decidir muy rápido y con mucha fuerza...".
    Definitivamente la indecisión se presenta ante dos opciones y una voz interna dictando juicios. Veamos el origen: Decidir viene del verbo latino "decidere" que significa separar cortando, restar, zanjar. Por tanto, decidir es separar algo de un corte después de analizarlo, dejando algo más de lado. Entonces, indecisión es el no atreverse a hacerlo, el pensarse incapacitado para evaluar cuando se deba tomar una determinación, elegir un camino o adoptar una decisión.
    Sin duda esto también se aprende. En la infancia primera nos podemos encontrar atiborrados de "no hagas eso", "te vas a caer", "así no se hace", "te dije que te equivocarías", "nunca vas a aprender"; pero el como sí no llega. No escuchamos cómo saltar entre bancas para no caer, cómo es la mejor manera de hacerlo, como decidir para no errar. Los que "sí saben" no eligen regalarnos el secreto cuando niños --igual vivieron ellos-- y como no discriminamos; sólo ingerimos, tragamos… aprendemos.
    Ya siendo "adultos" tendremos la necesidad, no sólo de tomar decisiones, sino de tomarlas bien; qué estudiar, con quién relacionarnos o casarnos, qué trabajo elegir, etc. Sólo que al buscar en el archivo de los procedimientos adquiridos encontramos el "como no" cuando necesitamos el "como sí".
    En esto algunas personas optan por seguir acompañadas de un sustituto de mamá o papá, allegándose amistades o parejas que en todo momento les indiquen cuál es la mejor elección; aunque en ocasiones la historia se repita y continúan escuchando "hubieras hecho esto o aquello", finalmente es mejor no saber que el riesgo de responsabilizarse por lo elegido. Si alguien decide por mí, no seré culpable si se falla.
    De esta forma, las personas vacilantes o inseguras procuran tener a lado dictadores que suelen vestirse de consejeros. ¿Qué debo hacer? preguntan, siempre con el deseo de que una receta les libre de una decisión. Buscan no arriesgar, evitan la responsabilidad. Su mayor temor es equivocarse por lo que rehúyen el riesgo, el juicio los invalida; lo que dicen los demás es su mayor preocupación. Se justifican llevando virtudes al extremo como la cautela y la prudencia que también les ocasiona parálisis por temor. Un proverbio dice que "Nunca sopla viento favorable para el marino que no sabe en qué puerto fondear".
    La indecisión se puede convertir en síntoma; agotamiento prolongado, angustia, ansiedad, pánico, manías, obsesiones, stress y dolor de cabeza, son padecimientos frecuentes y comúnmente abordados con antidepresivos, tranquilizantes y relajantes. Adquiere el carácter de síntoma cuando la persona debe enfrentar o tomar una elección y le implica un serio problema.
    Decía Nietzsche que "el que está siempre profundamente ocupado está por encima de toda indecisión".
    Es bueno cambiar a la acción, claro que conlleva el riesgo del equívoco, pues sólo aquel que no hace nada podría nunca errar; pero también provee el placer del logro, de la meta alcanzada o al menos del disfrute del intento.
    Alejandro Jodorowsky tiene su forma de decirlo: "Entre hacer y no hacer, siempre escoge hacer. Si no lo haces, vivirás frustrado. Si lo haces y te equivocas, al menos tienes la experiencia".

    Gracias: papachoris@hotmail.com

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