Callan los candidatos en seguridad pública.
La violencia continúa aquí, entre nosotros

OBSERVATORIO
09/04/2021
    Sinaloa está esperando que los candidatos a Gobernador que quieren medirse con el voto popular, calculen antes los tamaños que poseen para hilar un Plan Estatal de Seguridad Pública que resulte distinto a los aspirantes que antes, siempre, dijeron tener agallas, voluntad y coartada para restablecer la tranquilidad de esta tierra indómita.

    Por más que se nos diga a los sinaloenses que la seguridad pública ha mejorado, los sucesos violentos del martes 6 de abril, en el poblado San Gabriel del municipio de Concordia, avisan que la delincuencia continúa organizada, armada y desafiante a tal grado de despojar del vehículo a un agente de la Guardia Nacional y posteriormente asesinarlo en el enfrentamiento desigual y de reto abierto al gobierno. Pero los candidatos a Gobernador no están hablando de esto, instalados en ese mismo universo paralelo donde todo es apacible y ordenado.

    Se dice que un civil también perdió la vida y que al menos otras dos personas resultaron heridas. Y quien sabe qué más pasaría porque ahora los partes policiacos se elaboran a la medida de la estrategia que oculta los hechos para hacer que la población se sienta segura, así sea dicha tranquilidad en medio de balas, homicidios y miedo. Y con el Jesús en la boca.

    La realidad es que las células criminales tienen repartido el suelo de los once ríos y que salvo incursiones que profanan sus territorios, ya sean de parte de los grupos rivales o de la fuerza pública, son cobradas a sangre y plomo. Sin ánimo de aportar más zozobra a la que ya se tiene en las zonas cedidas al hampa, hay que insistir en que la pacificación es una quimera y emboscada a la vez para los que salen tranquilos creyendo que nada les podrá pasar.

    El sur de Sinaloa continúa como tierra caliente, independientemente de que las autoridades federales, estatales y municipales la quieran enfriar con discursos. Como testimonio de que el territorio sigue a expensas del crimen ahí están las familias desplazadas por la violencia en la sierra, las desapariciones forzadas, los feminicidios y el permanente escalofrío que provocan las camionetas de lujo con vidrios oscuros que transportan a ese segmento hostil.

    Desde hace mucho tiempo, quizás a partir de aquel enfrentamiento y persecución de la noche del 30 de junio de 2017 cuando en la sindicatura de Villa Unión fueron abatidas 19 personas, se ha insistido que está tranquilo el cono sur del mapa sinaloense que integran los municipios de Mazatlán, Rosario, Concordia y Escuinapa, no obstante que la autenticidad muestra lo opuesto. Las gavillas en las montañas o los convoyes en las ciudades exhiben la ventaja numérica, logística y de los arsenales por encima de la debilidad táctica de policías y militares.

    Esa dominación de lo delincuencial sobre lo legítimo ocasiona que una cuadrilla facinerosa se anime a asesinar a un elemento de la Guardia Nacional sabiendo que ello significará que el poder militar los allane para cobrarse la afrenta. El rebasamiento de las instituciones por los malhechores habla de la zona peligrosa que echa por la borda la afirmación que el Presidente Andrés Manuel López Obrador hizo en su más reciente visita a Sinaloa, diciéndonos que vivimos en uno de los estados más tranquilos del País.

    Algo parecido sucede en el norte y centro de Sinaloa. En Guasave y Ahome se respira tensión permanente al dominar en el ambiente la sensación de que prevalecen gobiernos de facto que se creen dueños de la vida y la tranquilidad de los ciudadanos, mientras en Culiacán, Angostura, Navolato y Badiraguato la violencia derivada del narcotráfico se agazapa y de pronto da la cara, tal vez porque es la que decide en materia de seguridad pública o sólo quiere que nunca olvidemos quiénes son los que en los hechos mandan.

    Sí hay menos homicidios dolosos registrados, hay que reconocerlo tal cual es, pero lo que se otea en el presentimiento público es que los sicarios cambiaron de táctica y en lugar de dejar regados los cadáveres en calles y baldíos, proceden a desaparecerlos. Y así calman el miedo que producen las estadísticas de asesinatos, pero tal horror se recupera con el dolor de las desapariciones, desplazamientos, feminicidios y el todavía preocupante promedio de 67 muertes violentas por mes que se tuvo en 2020. Lo otro, que nos habla del edén pacífico que habitamos, es fantasía, simulación y burla asestadas sobre los cenotafios y las víctimas.

    Sinaloa está esperando que los candidatos a Gobernador que quieren medirse con el voto popular, calculen antes los tamaños que poseen para hilar un Plan Estatal de Seguridad Pública que resulte distinto a los aspirantes que antes, siempre, dijeron tener agallas, voluntad y coartada para restablecer la tranquilidad de esta tierra indómita. Propuestas que dejen de echarle todo el paquete a las corporaciones militarizadas y eviten la argucia de culpar a las víctimas para justificar a los agresores.

    ¿Acaso nadie dirá nada al respecto? Hablen de sus demagogias, proyectos irrealizables, propósitos que tienen la mentira como testigo y expongan lo que quieran, pero ahora díganos cómo van a rescatar a Sinaloa de la barbarie cotidiana que tiende a normalizarse. O si de plano no pueden, y para que la gente lo sepa a tiempo, instalen en las entradas de Sinaloa enormes leyendas que inviten a la población a perder toda esperanza.

    Reverso

    Abandona, pretenso, tus castillos,

    Esas nirvanas libres del mal;

    Acá afuera están los gatillos,

    Con cada moraleja fatal.

    Zamora se transparenta

    En cuanto estrenó el #SinaloaVerifica que realizan en conjunto el diario Noroeste, el noticiero Línea Directa y Revista Espejo, el candidato del PRI, PAN y PRD a Gobernador, Mario Zamora Gastélum, hizo pública su declaración 10 de 10 certificada como válida por un notario público, abonando así a la transparencia de su campaña política. Se le había señalado de testar sus declaraciones patrimoniales como Senador y no hacer público su 10 de 10, pero ayer mismo enmendó la plana. Dio la cara de inmediato y no asumió, como otros, la política del avestruz.