El avance de la campaña de vacunación de la C19 en nuestro país, la palpable disminución de contagios de coronavirus y un manejo demasiado optimista, por parte de las autoridades, del llamado “semáforo sanitario, han provocado que una buena parte de la población baje la guardia, respecto a las medidas para evitar el contagio de coronavirus; olvidando que la pandemia continúa vigente y que el repudiado bicho se mantiene al acecho de cualquier descuido para lanzarse al abordaje de aquellos que piensan que la andancia ya no significa peligro.

    Esperemos que, en cuanto a la pandemia, les asista la razón a los optimistas, sin embargo, cabe replicar la reiteración de que el virus llegó para quedarse, una realidad que podemos equiparar al nefasto segmento de la clase política que se ha enquistado en la médula social, y la cual, un día sí y otro también, está lista para jorobar nuestro bienestar social, a través de distintas cepas, como la corrupción, el saqueo, la irresponsabilidad y la impunidad.

    Para este último mal, desde hace años existe una poderosa vacuna llamada participación y compromiso ciudadano, con un grado de protección total, y que está a la mano de todos aquellos que quieran hacer uso de ella.

    Y ya que andamos en temas que inciden en nuestra salud física y mental, vale recordar que mañana 31 de mayo, al igual que todos los años, la Organización Mundial de la Salud (OMS), conmemora el Día Mundial sin Tabaco, con el propósito de aportar argumentación necesaria acerca de los daños que provoca en el organismo de los fumadores el consumo de cigarros, de los cuales, no queda exenta la gente que los rodea, tanto de su círculo familiar como social.

    En ese sentido, tanto la OMS como los gobiernos de distintos países han impulsado intensas campañas preventivas y hasta leyes que norman los espacios en los que los consumidores de tabaco pueden darle rienda suelta a su adicción, sin embargo, tales esfuerzos no han dado resultados notorios, ya que el tabaco continúa dominando la voluntad de los fumadores, de tal suerte, que a nivel mundial, la OMS estima que anualmente, el tabaquismo cobra la vida de poco más de ocho millones de personas, entre las cuales, un 15 por ciento corresponde a fumadores indirectos.

    En nuestro país, las autoridades sanitarias estiman que anualmente mueren 53 mil personas por causa de las enfermedades inherentes a la adicción al tabaco.

    Dice la conseja popular que el que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe y los fumadores tienen plena conciencia de los altos riesgos de salud que corren al aspirar una serie de químicos inimaginables inherentes a la planta del tabaco y a su procesamiento.

    En principio, encontramos a la nicotina, que es el elemento causante de la adicción, en grado tal, que algunos estudiosos consideran que es más adictiva que la cocaína.

    También se encuentran presentes otros elementos nocivos, como el arsénico, amoniaco, alquitrán, plomo, benceno, monóxido de carbono y una larga lista de tóxicos que convierten al humo del cigarro en un verdadero misil con efectos cancerígenos, que impactan, principalmente, tanto al sistema respiratorio como al cardiovascular, sin que queden salvos el resto de los órganos.

    El sufrimiento que padece un afectado por tabaquismo es muy duro. Sé de lo que hablo, ya que mi padre fue un fumador empedernido. Fumó por poco más de 40 años y vivió otros 30, padeciendo problemas respiratorios que se fueron agravando con el paso del tiempo, hasta que finalmente se rindió ante los demoledores efectos de un fulminante paro respiratorio.

    “Comprométete a dejar el tabaco” es el lema del Día Mundial sin Tabaco 2021, bajo cuyo marco se realizarán una serie de actividades que pretenden impactar en la conciencia de más de 1,300 millones fumadores que existen en el mundo. ¡Buen día!