El jefe y el líder

LETRAS DE MAQUÍO

Acabo de entrevistarme con el licenciado Emilio Gamboa, secretario particular del Presidente, en una de mis últimas actuaciones como dirigente del Consejo Coordinador Empresarial Mexicano, cuya presidencia dejaré el viernes 10 de junio en manos de Jorge Chapa (unánimemente los dirigentes empresariales del País optaron por el ex presidente de la Concanaco porque pensaron en sus grandes dotes conciliadoras así como en su trato con las autoridades y las del sector empresarial).

Pero lo que realmente quería narrarles era el buen sabor queme dejó la charla con el licenciado Gamboa. Quizá sea por su juventud, que le da mayor autenticidad o pureza en sus pensamientos, o el hecho de ser originario de Yucatán, donde la gente es más jovial y menos rebuscada, pero la verdad es que uno sale contento de platicar con un funcionario que está consciente de que su función es servir.

No acostumbro elogiar a las personas, no es mi estilo y, además, al expresarme de esta manera, no pienso que sea un elogio, porque lo único que estoy pretendiendo resaltar es algo que debería ser común en todos aquellos que ostentan alguna forma de autoridad, que ellos están para servir a la ciudadanía, que es la que les paga.

En México, el concepto de autoridad está tan deformado que todo mundo siente que cuando alcanza alguna posición de poder (y hay muchas formas de hacerlo, inclusive algunas ilícitas), todos los subordinados tienen la obligación de rendirles pleitesía.

En mi vida como dirigente empresarial, la formación de nuevos líderes fue una de mis mayores preocupaciones. Instituimos conjuntamente con la Coparmex, cursos de liderazgo en diversas partes de la República con el afán de motivar y enseñar, instruir y guiar a jóvenes que quisieran asumir el privilegio, el riesgo de guiar a sus semejantes.

México está urgido de gente que comprenda que la autoridad virtual que ostentan tiene que convertirse en autoridad moral o liderazgo auténtico. Los pueblos hacen poco por sus autoridades y mucho por sus líderes, porque estos contagian y arrastran, mientras que las primeras ordenan y empujan.

Hace algún tiempo, en el 35 aniversario de la fundación del Tecnológico de Monterrey, dije algo a este respecto que hoy quiero asentar como final de este escrito:

n Un jefe ordena a sus hombres; el líder los dirige.

n Un jefe ejerce autoridad; el líder obtiene la buena voluntad.

n Un jefe inspira temor, el líder inspira entusiasmo.

n Un jefe exige que le tengan confianza; el líder la da y la gana.

n Un jefe dice: yo; el líder dice: nosotros.

n Un jefe señala las tareas; el líder actúa y da ejemplo de cómo hacerlo.

n Un jefe señala las faltas; el líder enseña a enmendarlas.

n Un jefe sabe cómo se hace; el líder muestra cómo se hace.

n Un jefe inhibe el desarrollo de sus subordinados; el líder lo propicia.

n Un jefe obliga al trabajo; el líder hace del trabajo una tarea grata.

n Un jefe deja que otros se expongan; el líder da la cara primero.

n Un jefe dice: vayan; el líder dice: vamos.

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