“Esto no se acaba hasta que se acaba”, así reza conocido adagio beisbolero para referir lo impredecible del marcador final de los encuentros del llamado rey de los deportes, el apasionante beisbol. Nunca olvidaré, por ejemplo, un juego entre Mazatlán y Guasave, cuyo marcador favorecía a los visitantes 7 a 0, en la novena entrada con dos outs en la pizarra, y a partir de un error del equipo de Guasave, se abrió la puerta para que los Venados le dieran la voltereta al marcador y triunfaran con un 11 a 7, poniendo el cerrojazo final el poderoso bateador Frank Ortenzio, quien largó un cuadrangular con casa llena.

    El conocido dicho beisbolero que advierte no cantar victoria antes de tiempo, también podemos aplicarlo a la situación de la pandemia y a los resultados de las pasadas elecciones en Sinaloa.

    En cuanto a los contagios provocados por el coronavirus, seguimos sin aceptar que el bicho llegó para quedarse y que, en consecuencia, tenemos que seguir cuidándonos por un largo rato, sin que nadie pueda precisar el tiempo que esto implique.

    No hay que perder de vista, que si bajamos la guardia, como ahora lo estamos haciendo, nos ponemos en la tesitura de volver a otro indeseable paro de actividades, tal y como sucedió el año pasado, bache del cual, muchos negocios no pudieron librar.

    El C19 sigue vigente por más que las autoridades nos digan que el semáforo sanitario marca amarillo con visos de verde; un verde que te quiero verde, muy alejado de nuestra difícil situación actual, sobre todo, cuando la autoridad pone el mal ejemplo, tal y como lo hizo el reelecto Alcalde Luis Guillermo Benítez Torres, al festejar su triunfo en las urnas con un evento musical que reunió a miles de personas, importándole un cacahuate la posibilidad de prender un contagio colectivo.

    Decía renglones atrás, que los resultados impredecibles, como en el beisbol, también se cumplieron en el proceso electoral que está por concluir, con números finales que favorecieron significativamente a Morena, especialmente en Sinaloa, donde la alianza opositora a López Obrador recibió una paliza que ha quedado para la historia, perdiendo la Gubernatura; 15 de 18 alcaldías y el total de asientos en el Congreso local. Números, que por cierto, dejaron muy mal paradas a las casas encuestadoras y a las apreciaciones de no pocos analistas políticos.

    En cuanto a la contienda por definir al relevo del todavía Gobernador sinaloense Quirino Ordaz, la versión sobre el resultado final se movía desde un cómodo margen de hasta 10 puntos que favorecía las aspiraciones de Rubén Rocha hasta las versiones de un empate técnico entre éste y su contrincante Mario Zamora. Todos fallaron en sus apreciaciones, ya que el ex Rector de la UAS le pasó por encima al vociferante mochiteco, llevándose, en números redondos 497 mil votos contra 286 mil sufragios que conquistó su contrincante, quien, con todo y su juventud, tendrá que volver a ocupar su escaño de Senador de la República, mientras que el maduro triunfador se apresta a recibir la constancia que lo acreditará como el nuevo Gobernador de Sinaloa.

    Rubén Rocha Moya es un hombre que se ha caracterizado por un estilo de vida y actuar público discreto. Cuenta con una amplia experiencia en el quehacer gubernamental y si bien es cierto que hasta ahora su encargo más dificil ha sido el rectorado universitario, quehacer no menor, hay confianza en que se pueda calzar los zapatos de talla extra grande que le dejará el mazatleco Quirino Ordaz Coppel.

    Esperemos que el hijo predilecto de Batequitas no defraude la confianza que le hemos otorgado, construyendo una gestión tatuada con su sello personal y que no se deje engatusar por los veleidosos aromas del poder, olvidando el dicho beisbolero de que esto no se acaba hasta que acaba ¡Buen día!