Infraestructura ecosistémica

    Es momento de reconocer las funciones de la infraestructura ecosistémica en las ciudades y trabajar por su recuperación

    En más de una ocasión me ha despertado el canto de “las cuichis” (Ortalis poliocephala) popularmente conocidas como “chachalacas”, que a pesar de su canto estruendoso, es un placer despertar así, porque significa un buen indicador de calidad ambiental del lugar donde vivo. Estas aves son una especie galliforme endémica de México que no tiene mucha agilidad para volar. Por lo tanto, no pueden “desprenderse” fácilmente de su hábitat natural. Las cuichis llegan a los árboles de mi casa porque encuentran un corredor verde compuesto de varios árboles desde el río Culiacán donde es común avistarlas. Este “corredor verde” puede fungir como una Infraestructura Ecosistémica.

    A propósito de esta imprescindible necesidad de las ciudades de “recuperar la piel natural” del territorio mediante la naturalización de los espacios abiertos, celebro que Ayuntamiento de Culiacán y Gobierno del Estado de Sinaloa iniciaran recientemente el programa Plantemos Vida. Celebro doblemente que lo haga acompañado de múltiples instituciones, colectivos y agrupaciones que han realizado un esfuerzo permanente en pro de una mejora ambiental de la ciudad, como son la Sociedad Botánica y Zoológica de Sinaloa, el colectivo Guaiacum y Parques Alegres; porque ello muestra, en este caso, que las autoridades escuchan la voz de los expertos antes de actuar y podremos pensar que se están utilizando especies regionales.

    Espero que pronto se multiplique este esfuerzo para lograr en un futuro no muy lejano una ciudad estructurara por corredores verdes que crucen de un extremo a otro la ciudad y puedan ser éstos más que una bonita colección de árboles una verdadera infraestructura ecosistémica. Esto implica intervenir, además de los camellones y parques (donde suele hacerse) las banquetas de la ciudad que son los lugares eternamente olvidados en programas de reforestación y son, además, los que funcionalmente aportarían más para recuperar la urgente movilidad sustentable de la ciudad. Sería una estrategia muy importante para promover la caminabilidad y el uso de la bicicleta.

    Debo confesar que el tema de esta columna fue inspirado de un segmento del curso de especialización Ciudad Próxima: Un Modelo Ecológico Urbano que estoy tomando en el Centro Iberoamericano de Desarrollo Estratégico Urbano (CIDEU). Esta unidad en específico se llama Naturalización y Biodiversidad Urbana impartido por Jaume Barnada y explica la importancia de este conecto para recuperar la vida pública en los espacios abiertos de las ciudades. Hacer que las calles de la ciudad sean más lugares para estar en ellos y no solo para desplazarse por ellos.

    Llamarlo infraestructura ecosistémica deja más claro que no es solo plantar árboles e incrementar área verde, este último concepto con frecuencia nos hace conformarnos, o peor aún, preocuparnos por verlo todo de este color. Una infraestructura ecosistémica puede tener una diversidad de tonalidades que la hacen más auténtica. Los ecosistemas de nuestra región no son siempre verdes. Su diversidad cromática identifica nuestra naturaleza y es el mejor indicador de estar en buenas condiciones. Así debiesen lucir los espacios abiertos de la ciudad, naturalizados, coloridos y llenos de vida. Muchas veces, esto contraviene intereses comerciales o de otra índole que hace que se derriben árboles para que se “aprecien” grades y peligrosos espectaculares o las fachadas de sus edificios.

    Es momento de reconocer las funciones de la infraestructura ecosistémica en las ciudades y trabajar por su recuperación. Esta infraestructura genera servicios invaluables hoy en día para la ciudad y su población: Son reductores naturales de contaminación y ruido, generan oxígeno, reducen el calor, generan mejores condiciones para caminar y usar la bicicleta, significa identidad y patrimonio natural, incide en la reducción de inundaciones, contribuye a enriquecer el paisaje, mejora la plusvalía de los lugares, son verdaderos instrumentos de servicios psicoemocionales para la población (muy valiosos en la actualidad) y, ante todas las cosas, debemos reconocer su principal valor: ser el soporte de nuestra bella biodiversidad regional que no debemos expulsarla de la ciudad, sino todo lo contrario, debemos, ahora más que nunca, imbricar la naturaleza a la trama urbana de la ciudad.

    Estimados lectores, un servidor se tomará unas merecidas vacaciones a partir de esta semana, por lo que Ecosistema volverá hasta el 15 de agosto con una nueva temporada para seguir con ustedes cada dos lunes como es la costumbre.

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