Jornada violenta; elección forzada. Robo de urnas, levantones y caos

OBSERVATORIO
    Todo lo que se veía venir, ocurrió. Todo menos la coordinación entre la Guardia Nacional y las policías estatales y municipales. La delincuencia se movió a sus anchas para realizar ‘levantones’, intimidar por los métodos que quiso, interferir en los comicios desbaratando casillas ante los ojos de todos, efectuar actos porriles con bates y piedras, amedrentar a personal de los órganos electorales y tapizar de volantes con campañas negras con tal de incidir en el sufragio.

    Ahora, al amanecer, lo menos importante será conocer quién ganó en Sinaloa la votación de Gobernador, alcaldes y diputados locales y federales porque la interrogante que se situará en la tensa atmósfera poselectoral es quién violentó el proceso comicial, con qué fines, para beneficiar a cuáles candidatos y por qué las autoridades federales y estatales se mostraron tardías y omisas frente a la jornada negra del 6 de junio. Como si la delincuencia se constituyera en partido de preferencia omnipresente y postulara a sus propios candidatos infames a fuerza de armas, miedo y haciendo con la democracia una orgía.

    Lo que en la proximidad de la votación había anunciado la privación ilegal de la libertad de José Alberto Salas Beltrán, Secretario de Organización del comité directivo estatal del Partido Revolucionario Institucional, además del ataque al cuartel de campaña y activistas de Gerardo Vargas Landeros, candidato a Alcalde de Ahome del Movimiento Regeneración Nacional y Partido Sinaloense, se convirtió ayer en la acción concertada o aislada para sembrar temor entre los votantes, con la ineficacia por supuesto de la fuerza pública y autoridades de los tres niveles.

    Todo lo que se veía venir, ocurrió. Todo menos la coordinación entre la Guardia Nacional y las policías estatales y municipales. La delincuencia se movió a sus anchas para realizar “levantones”, intimidar por los métodos que quiso, interferir en los comicios desbaratando casillas ante los ojos de todos, efectuar actos porriles con bates y piedras, amedrentar a personal de los órganos electorales y tapizar de volantes con campañas negras con tal de incidir en el sufragio.

    En espera de evaluar el empuje cívico que se mostró con la valentía de ir a votar con todo y la burbuja de tensión creada, o de a quién favoreció el resultado electoral pues este análisis se realiza al cierre de casillas, es un hecho la emisión del sufragio con los grupos delictivos queriendo descarrilarlo en zonas específicas del norte y sur del estado, mientras que la instancia electoral, las autoridades de seguridad pública y el Movimiento Regeneración Nacional intentaban minimizar los hechos.

    ¿Qué pasó ayer? Desde el adueñamiento de casillas enteras por grupos armados, la renuncia a la candidatura a la alcaldía de Badiraguato de la priista Guadalupe Iribe después de que le “levantaron” a su hermano, hasta el cierre de casillas antes de la hora legal en Ahome, le dan forma a un veredicto electoral donde la tinta indeleble que marcó las boletas y los dedos de los sufragantes adquirió el color del plomo.

    Vivimos en los tiempos de la barbarie y el proceso comicial no tendría por qué ser diferente, fue la justificación que daban los partidos hacia los que apuntaba la sospecha de ser beneficiarios del salvajismo que desde temprano se extendía a lo largo y ancho de Sinaloa. Desde la apertura de casillas y sin tener idea de lo que vendría más tarde, el representante del Partido Acción Nacional ante el Instituto Electoral del Estado de Sinaloa, Marco Antonio Zazueta Félix, solicitó que se declarara como atentado a la elección la privación a la libertad del Secretario de Organización del Partido Revolucionario Institucional, José Alberto Salas Beltrán, ocurrida un día antes de la jornada comicial.

    Luego las denuncias se vinieron en cascada. Todo se fue oscureciendo más de la cuenta con reportes de incidencia delictiva sistemática. La casilla 071 de Los Mochis se tornó el ícono del aquelarre electoral estatal cuando un grupo de hombres armados robó las boletas y despojó de sus celulares a los funcionarios electorales y enseguida tiró los votos implantando el reinado del salvajismo encima del dominio de la ley. Así fue como el hampa se alzaba como ganador, a pesar de no aparecer como tal en las papeletas electorales.

    Los “gorilas” se hicieron notar con agresiones al transporte de taxis rojos mediante palos, piedras, trayendo al Siglo 21 el sistema de elección del rey de las cavernas para implantar el voto del Neandertal tan grave como el arma en la sien o tan sutil como el bate estrellado en los cristales de los vehículos. Y nunca faltó el Instituto Estatal Electoral que se vio rebasado por el ímpetu cívico de los ciudadanos y por los que tercamente trataron de derribar la democracia.

    De vuelta a los días del robo de urnas, de células que ya no quieren gobernar detrás del trono sino sentados en la silla que antes ocupaban los políticos que patrocinan, de elecciones que al caer el último voto entran en el sospechosismo y triunfos declarados antes que cualquier conteo legal defina a ganadores, hoy se invocará a la democracia, la cordura y la unidad como si nada hubiera pasado ayer. Tantos borrones y cuentas nuevas en la historia como para que Sinaloa no aguante otro más.

    Reverso

    En la guerra por los votos,

    Quién se afirme ganador,

    Que cuente también los cotos,

    Que ganó el violentador.

    Campanas a vuelo

    Los dos, Mario Zamora Gastélum y Rubén Rocha Moya se declararon ganadores de la elección de Gobernador, el primero por la coalición PRI-PAN-PRD y el otro de la alianza Morena-PAS. Antes de que el Programa de Resultados Electorales Preliminares comenzara a correr, sin mostrar encuestas de salida y llevándose entre sus cálculos en el caso de Rocha la teoría del carro completo. Entonces la noche transcurriría con festejos y nervios, tambora y silencios, miedos y envalentonamientos. Y tal vez no haya peores debacles que la que sufrió en sí la democracia sinaloense al ser rehén de células del narcotráfico.