Lozoya-FGR: testigo nulificado

    ¿Qué debe seguir ante el teatrito montado desde Palacio Nacional con Lozoya como testigo estrella del régimen, operado por la FGR y desmontado ahora con Lozoya paseándose con absoluta libertad e impunidad por la ciudad de México? Nada menos que la renuncia del Fiscal Gertz Manero que, hoy por hoy, es insostenible en su cargo al carecer de toda credibilidad, autoridad y confiabilidad

    La fotografía de Emilio Lozoya en libertad, impune y cenando plácidamente con amigos en un restaurante -captada y divulgada de manera oportuna por la colega periodista Lourdes Mendoza-, tiene tres significados de fondo. Primero: se erige en el emblema de la complicidad y pacto de impunidad entre la Fiscalía General de la República (FGR) con Lozoya. Segundo: es la descalificación automática de Lozoya como testigo confiable del Gobierno. Tercero: como consecuencia directa, debilita en gran medida las acusaciones que el ex director de Pemex ha hecho en contra de los opositores a López Obrador.

    ¿Qué debe seguir ante el teatrito montado desde Palacio Nacional con Lozoya como testigo estrella del régimen, operado por la FGR y desmontado ahora con Lozoya paseándose con absoluta libertad e impunidad por la ciudad de México?

    Nada menos que la renuncia del Fiscal Gertz Manero que, hoy por hoy, es insostenible en su cargo al carecer de toda credibilidad, autoridad y confiabilidad.

    Analicemos, pues, esa carambola de tres bandas que significó la fotografía pública de Emilio Lozoya y que retrata, de paso, el circo montado por la FGR -con la bendición de AMLO-, en torno al círculo Lozoya-Odebrecht-Opositores:

    MONTAJE. Cuando Emilio Lozoya tenía que presentarse a una audiencia pública el pasado 10 de septiembre, su excusa para no asistir fue que estaba bajo arraigo domiciliario que le impedía salir de su casa (según reveló Lourdes Mendoza) en Lomas de Chapultepec, la cual, por cierto, el gobierno obradorista le ha permitido seguir habitando, junto con el disfrute de sus bienes. El Juez respetó el argumento. Empero, esa patraña ha quedado descalificada ante la aparición pública de Lozoya en un restaurante. ¿Qué significa ello? Nada menos que Lozoya, el testigo estrella protegido por la FGR, puede hace lo que le plazca y salir cuando quiera de su domicilio, sin ser molestado. ¿Y por qué lo hace? Porque la Fiscalía de Gertz Manero obedece la instrucción de Palacio Nacional: a Lozoya no se le toca ni con el pétalo de una audiencia, puede hacer su regalada gana y no se procede en contra de él. ¿Por qué? Debido a que sus declaraciones (hasta ahora, sin comprobar una sola) son la única “prueba” del gobierno en contra de Ricardo Anaya y opositores a quienes acusa -sin sustento- de haber recibido dinero de Odebrecht. Así, se descubre el montaje armado por la FGR y se muestra la realidad irrefutable: un pacto de impunidad entre Lozoya y la FGR en contra de los opositores a López Obrador, pacto que hoy ha quedado evidenciado.

    NULIFICADO. “Testigo único, testigo nulo”, reza una máxima en leyes. Y esa condición se le aplica a la perfección a Emilio Lozoya quien, desde el sábado pasado por la noche al reaparecer en público con total descaro, desafiando a las autoridades con el mensaje de “voy a donde yo quiera, menos a las audiencias judiciales”, ha quedado prácticamente bajo la calidad de testigo nulificado. Sí: a cualquiera que Lozoya acuse, carecerá de validez. ¿Cómo creer en un pillo que viola su arraigo? “Es insostenible lo que dice Lozoya ante la FGR contra (Ricardo) Anaya”, reconoce el ex abogado de Lozoya, Javier Coello Trejo. Aún más: “A Lozoya siempre le dije que para hacer cosas que no debía, tenía que tener pruebas, y él nunca me las presentó”, advirtió Coello en entrevista con Carmen Aristegui. Lozoya está nulificado hasta por su propio ex abogado. Así, el testigo estrella de la FGR-AMLO ha quedado, en la praxis, nulificado por mentiroso. Y un testigo mentiroso, desprestigiado y no confiable, es un testigo nulo.

    ACUSACIONES DEBILITADAS. Si Emilio Lozoya engañó a las autoridades pretextando que no podía asistir a audiencias por su calidad de arraigado domiciliario, hoy es evidente que mintió. Luego entonces, esta mentira -grave y que seguramente pesará en su contra durante el proceso legal ligado al ex director de Pemex-, repercutirá directamente en el grado de confiabilidad del testigo protegido del gobierno obradorista. ¿Bajo cuál parámetro de credibilidad y calidad moral asumirán los jueces las acusaciones y testimonios de Lozoya en contra de otros políticos, más allá de carecer de pruebas físicas y sólidas para sostener, hasta ahora, sus palabras? Con ninguna confiabilidad. Cero. Así, las acusaciones lanzadas por Lozoya han quedado debilitadas de forma irremediable. Tras la fotografía de Lozoya, su credibilidad quedó hecha añicos por una razón de peso y fondo: el testigo estrella del régimen de AMLO y de la FGR en contra de los opositores, es un mentiroso certificado. Un corrupto y mentiroso certificado. La consecuencia directa: la FGR se quedó, en cuestión de horas, con las manos vacías. Su testigo clave se ha debilitado sin remedio alguno.

    *****

    Se le cayó el montaje al gobierno de López Obrador -vía la FGR- con Emilio Lozoya, un testigo cuya credibilidad pendía de alfileres y que, desde el sábado anterior, esos alfileres le fueron retirados mediante una fotografía, su credibilidad se estrelló con la realidad y se rompió en mil pedazos. ¿Quién le cree ahora a Emilio Lozoya?

    Si la FGR no tenía ninguna prueba contundente contra Anaya, Jorge Luis Lavalle y demás opositores a quienes quiso involucrar en los sobornos de Odebrecht, ahora -con Lozoya nulificado prácticamente- mucho menos las tendrá. Está noqueada. Fulminada.

    Y ante su fracaso, a Gertz Manero solamente le queda abrir una puerta: su renuncia.

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