Con todo, confío en que, como predijo mi querida amiga Lourdes Hurtado, este bicho, al igual que hoy lo es la polio, para el próximo otoño solo sea un espantoso recuerdo. Las vacunas están haciendo lo suyo, al igual que las nuevas cepas se siguen encargando de todas y todos aquellos que se sienten dioses

    Fue a mediados del año pasado que me topé con Némesis, una novela breve del escritor Philip Roth. Sin duda, Roth escribió cosas mucho mejores -Portnoy’s Complaint o Goodbye, Columbus, por ejemplo-, pero Némesis tiene a su favor la oportunidad de la coyuntura que vivimos. Me explico.

    Por si acaso usted no tuvo oportunidad de atender algunas de las sugerencias que le hice en mi último artículo del año pasado para disfrutar del ocio navideño -ahí recomendé algunas series de Netflix y, entre este, un par de libros más-, va un breve resumen del texto de Roth, y del que dejaré el final en suspenso.

    La trama de la historia se desarrolla durante el verano de 1944 en Newark, una comunidad típicamente norteamericana, de Nueva Jersey. La lenta y calurosísima rutina de aquel verano hubiese sido la misma de siempre, de no haber sido por los estragos dejados por la terrible pandemia de polio que azotó ese año.

    Las similitudes de lo que ahí se narra con las que estamos viviendo hoy, son asombrosas. Bucky Cantor, el protagonista de la trama, va enhebrando las escalofriantes coincidencias.

    El dibujo que el escritor hace sobre Cantor es de alguien al que la genética le premió con un físico espectacular. Su fortaleza, rapidez, agilidad, flexibilidad e inteligencia al momento de reaccionar hacían de Bucky Cantor un atleta de cuna. Donde la naturaleza no fue tan generosa fue en el tema de las dioptrías, ya que éste era miope como un topo -desconozco si los topos son miopes, pero sus ojos papujados y apretados me hacen sospechar que no son de buena vista-. Sus muchas medallas en varios deportes le hicieron ganarse el puesto de instructor deportivo de los jóvenes que acudían a los campamentos de verano.

    Un día mientras daba su clase, un grupo de jóvenes provenientes de un barrio bravo italiano, se apostaron frente a la escuela donde Cantor impartía sus clases con el objetivo perverso de contagiar a los estudiantes adinerados que ahí estudiaban. Después de algunos gritos y jaloneos, el profesor impidió que estos golpearan a los jóvenes que jugaban en el parque e ingresaran a la escuela, pero lo que no pudo evitar fue que éstos llenaran de escupitajos la acera. He aquí la primera de las muchas similitudes: la muerte que ronda y flota en el ambiente la genera nuestra saliva.

    El gesto valiente y comprometido de Cantor, además de aumentar la admiración de sus estudiantes, le sirvió para recibir una nueva oferta de trabajo en uno de los mejores campamentos de verano de Nueva Jersey. Tras conversarlo con su familia, novia y jefe directo, Cantor acepta ser el nuevo coordinador deportivo en Indian Hill, un verdadero paraíso enclavado en las montañas.

    A partir de ahí las cosas comienzan a complicarse, ya que la pandemia, poco a poco iba haciéndose presente y dejando sus estragos en términos de contagios, hospitalizaciones y muertes. He aquí la siguiente similitud: las autoridades locales, al igual que la infraestructura hospitalaria, rápidamente se vieron rebasadas.

    No tenía idea que la velocidad expansiva de la polio fuera prácticamente idéntica a la del Ómicron. En la historia, bastaba un saludo, una breve conversación o respirar el aire expirado por otros, para que el virus se anidara en las vías respiratorias y de desde ahí poner a hervir la sangre, órganos, dificultar la respiración y paralizar todos los músculos del cuerpo. Lo que sí tenía claro eran los efectos de la polio. Algunos familiares, amigos de mi papá y tíos, compañeros de la escuela y varias personas del barrio de mi abuela materna cargaban con el amargo recuerdo y estigma de la polio. Tener una pierna chiquita, renquear o tener la mitad del cuerpo paralizada, era la seña inequívoca que el bicho hizo de las suyas dejando su marca para siempre.

    Al día de hoy, más que un mal que nos ponga los pelos de punta, la polio es un recuerdo añejo que dista de ser el terrible flagelo que fue. El mal que generó -muertes, cuerpos desfigurados, pulmones abatidos por la fibrosis, desempleo, crisis económica, etcétera-, descansan en la memoria de quienes no alcanzaron en su tiempo a ser vacunados, y aquellos familiares que estuvieron a cargo de sus cuidados.

    La última similitud que hay entre aquel verano de 1944 y nuestro invierno de 2022, es que vivimos enfrentados al mal con el que Philip Roth titula su libro: Némesis.

    A decir de la RAE, némesis significa “castigo fatal que restablece un orden anterior”, o bien, “Persona enfrentada a otra enemiga acérrima suya”. Me sumo al sentir de muchas y muchos: la pandemia del Covid-19 es un castigo fatal que se recrudece, en buena medida, por los peores vicios sociales que aquejan a la sociedad global: el egoísmo, la apatía, irresponsabilidad y, entre otros más, el cinismo que distingue a quienes sabiendo que tienen síntomas y sospechas de ser portadores del virus, salen a desparramar el bicho amparándose en la estúpida creencia de que la nueva cepa del Covid mutó en un catarrillo común y corriente.

    El título escogido por el autor me resulta próximo a la genialidad. El “orden anterior” era uno donde numéricamente la población global no tenía posibilidad de desestabilizar el presente y viabilidad futura del planeta. Sin embargo, ante el aumento descontrolado de la población, solo una pandemia del tamaño de la que fue la polio podría garantizar nuevamente el orden y estabilidad global. Nuestra imbecilidad no está por encima de la capacidad del planeta para vomitarnos el día que le venga en gana.

    Con todo, confío en que, como predijo mi querida amiga Lourdes Hurtado, este bicho, al igual que hoy lo es la polio, para el próximo otoño solo sea un espantoso recuerdo. Las vacunas están haciendo lo suyo, al igual que las nuevas cepas se siguen encargando de todas y todos aquellos que se sienten dioses.

    Y por no dejar, van unas cuantas preguntas al margen: ¿Sabe usted cuál es el aporte de la democracia participativa? ¿Sabe qué aporta al espíritu democrático la participación directa? Más allá de filias y fobias, ¿tiene clara la importancia que puede tener para la salud de nuestra democracia el ejercicio de la revocación de mandato?

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