Periodismo, mentiras y credibilidad

ALDEA 21

    A propósito de la nueva sección “Quién es quién en las mentiras”, en las mañaneras del Presidente López Obrador los días miércoles, la polémica se ha desatado en los medios de comunicación, como era de esperarse, pues pone en entredicho la ética informativa y la línea editorial en muchos periodistas y medios de comunicación en el País y el extranjero.

    A lo largo de la historia del periodismo, los medios de comunicación y recientemente en las redes sociales, el fenómeno de la desinformación y las mentiras han estado presentes desde sus orígenes. En los últimos años han surgido términos como “fake news” y el surgimiento de la posverdad, como parte del nuevo contexto mediático y tecnológico del periodismo, las noticias y la opinión pública en el mundo virtual de la Internet.

    En lo que respecta al término de posverdad, de acuerdo con una investigación realizada por el especialista en temas de periodismo, Javier Mayoral Sánchez, el término “posverdad” no significará “falsedad” o “mentira”, sino que alude más bien a un estado de confusión e incertidumbre en el que los conceptos de “verdad” y “mentira” han sido ya neutralizados. Porque, cuando predomina la sensación de que nada es comprobable, se impone un escepticismo general que impide hablar de hechos verdaderos o falsos.

    De igual forma Mayoral cita al pensador y lingüista Noam Chomsky, quien afirma que antes de que nos invadiera la posverdad, prevalecía el ámbito de lo comprobable. Las estrategias de desinformación se imponen precisamente cuando periodistas y ciudadanos no disponen de mecanismos de comprobación para cada discurso o enunciado. De ahí la importancia que se ha concedido al “fact checking” (o verificación de hechos) como herramienta para combatir la desinformación.

    De esta manera se observa que la llamada posverdad y las fake news, no sólo se articulan como resultado una de la otra, sino que se vinculan también, de manera premeditada en la mayoría de los casos, con los fenómenos de la manipulación mediática y la credibilidad de los medios.

    De ahí que para el periodismo y los medios de comunicación, el reto en lo que va de este Siglo 21, no sólo ha significado tener que adaptarse al cambio vertiginoso y continuo de las nuevas herramientas de la comunicación, sino que enfrenta además los riesgos de convertirse en instrumento faccioso de la manipulación periodística y como consecuencia sacrificar sus niveles de credibilidad ante la opinión pública.

    Para el periodista y escritor Rafael Lutzardo, la manipulación mediática se ha vuelto más evidente con la llegada del nuevo siglo, tanto en su control digital, redes sociales como en papel. De ahí que se pregunta: ¿Quiénes son los que controlan y utilizan estos medios? Sabido es que en todo el mundo existen compañías concentradas en una o pocas manos, con intereses en prensa, TV, telecomunicaciones y otras industrias asociadas. Sus propietarios, individuos, familias o pequeños grupos, los zares de los medios en las zonas en las que operan, acumulan no sólo riqueza, sino también poder e influencia.

    Y no es que sea un error que los medios estén en manos privadas, al contrario, el error sería que los medios de información sólo estuvieran bajo la tutela única del Estado, eso sería un contrasentido a la libertad de prensa y de expresión. Sin embargo, enfrentamos como sociedad una realidad política y económica que implica el desempeño de los medios de información y al periodismo de manera inevitable, porque está en su naturaleza de libertad, pero lo que no está en su naturaleza de origen es el propósito de la desinformación y el empleo deshonesto del medio de comunicación.

    En el caso de nuestro país, es indiscutible que la llegada del Presidente López Obrador y su gobierno de la Cuarta Transformación, afecta intereses políticos y económicos muy fuertes, y que ello sea la razón principal de la lucha política que se expresa diariamente en los medios de comunicación.

    No obstante, el nivel de enfrentamiento entre los medios afines al régimen anterior y el gobierno que representa López Obrador, no debe librarse a toda costa, pues atenta directo a la razón de ser del periodismo, que no sólo libra batallas políticas, sino que también registra la historia, sirve como medio de expresión social, propicia el desarrollo del conocimiento, se instituye como salvaguarda de la libertad entre los individuo y nos brinda, como diría el escritor Gabriel García Márquez, la posibilidad de cambiar algo todos los días.

    Por ello la importancia de revisar a conciencia los principios de la imparcialidad, el equilibrio de las ideas y los criterios para la interpretación, lo más objetiva posible, de la realidad. Todo un reto sin duda, en el universo del pensamiento político, las creencias y los intereses económicos, de ahí la importancia de la ética periodística y la diferenciación entre noticia y opinión.

    Tal vez aspirar a que, como sucede en otras sociedades, en la lucha por el poder no esté de por medio el prestigio y la credibilidad de medios y periodistas, quizá haga falta explorar otras formas menos arriesgadas para influir en la opinión pública sin que se ponga en juego la autoridad moral del gremio periodístico y los medios de información.

    Hasta aquí mi opinión, los espero en este espacio el próximo martes.

    Y no es que sea un error que los medios estén en manos privadas, al contrario, el error sería que los medios de información sólo estuvieran bajo la tutela única del Estado, eso sería un contrasentido a la libertad de prensa y de expresión.
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