Retan neoliberales al Presidente y la ‘4ta T’

    Los beneficiarios del modelo económico neoliberal se han lanzado jurídicamente con ímpetu en contra del Presidente de la República, y sus políticas económicas y sociales de la 4ta Transformación, desde el 11 de marzo.

    Desde esa fecha han promovido decenas de recursos judiciales de amparo de y suspensión de la Ley de la Industria Eléctrica promovida por el Mandatario del Poder Ejecutivo Federal– aprobada por el Poder Legislativo–, con el pírrico y falaz argumento de que la referida ley, “daña la competencia y la libre concurrencia”.

    En sus “mañaneras”, el Presidente ha hecho referencia constante de la corrupción y daños que ha causado el sistema neoliberal, pero no ha explicado a detalle a los ciudadanos qué es, cómo funciona y en beneficio de quién.

    En atención a ello, les comparto los cuatro ejes fundamentales de este modelo económico y político que ha sacudido a la inmensa mayoría de las naciones, en particular las del tercer mundo y las que están en proceso de desarrollo. Los describo no desde el punto de vista jurídico, sino socioeconómico y político.

    El neoliberalismo es una doctrina que minimiza el rol del Estado. Su premisa fundamental es que el Estado debe intervenir lo menos posible en la economía y la sociedad en general, y delegar al sector privado y organizaciones de la “sociedad civil” sus funciones.

    Se basa en el libre comercio y la reducción del gasto público en lo que se refiere a las políticas sociales como las de salud, educación, infraestructura y empresas paraestatales, excepto cuando sus negocios entran en quiebra.

    El sistema neoliberal tiende también a eliminar impuestos sobre las ganancias, la renta y la producción y, en contraparte, gravar el consumo.

    Su estrategia para generar riqueza es la desregularización del comercio; la flexibilidad laboral (outsourcing); la privatización de las empresas públicas y las políticas del “desarrollo económico”, (No del crecimiento económico del país) que favorecen la concentración de la riqueza en manos de una minoría, que vulnera los derechos de la mayoría.

    El economista estadounidense Joseph Eugene Stiglitz define al neoliberalismo como “el fundamentalismo del mercado”, esto es, lo considera una “ideología económica” que permite a esa minoría alcanzar sus intereses a costa de evitar los controles y pasar por alto las bases de la democracia.

    Está en lo cierto. Ese “fundamentalismo del mercado” disminuye el gasto público en todo lo que puede; los impuestos de la producción se reducen mientras crecen los relaciones con el consumo (IVA); reduce la legislación proteccionista de cualquier sector económico y la mayoría de las empresas públicas se venden al sector privado nacional y trasnacional.

    México es un ejemplo de ello. En 1982 existían mil 115 empresas paraestatales. Esas empresas aportaban el 18.5 por ciento del PIB y daban empleos al 10 por ciento del sector laboral.

    Seis años después sólo quedaban 196 empresas paraestatales. A partir de ahí, el Estado perdió la capacidad de decisión sobre la política económica de México y se sometió al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAM), que si bien es cierto aumentó las exportaciones, a la par, redujo la producción del sector industrial por lo que la tasa de crecimiento del PIB se redujo del 6 por ciento al 1.2 por ciento, lo que incrementó en forma descomunal la deuda externa, a partir del Fobaproa –“rescate financiero”- en la administración de Ernesto Zedillo.

    Las políticas sociales, particularmente las de educación, salud, pago de salarios y pensiones, les importa un comino a menos que se privaticen. Para ellos, son políticas “populistas”.

    ¡Ah!, pero eso sí, la inflación durante todo ese período se incrementó exponencialmente, con el alza del IVA, el “gasolinazo” y “la reforma energética” de Enrique Peña Nieto.

    Políticamente, los neoliberales están fúricos con el Presidente de la República y la 4 Transformación. Tan es así que, sin recato alguno, los magnates nacionales, empresas españolas, estadounidenses y canadienses están promoviendo amparos en contra de la Reforma a la Ley de Energía Eléctrica y la soberanía nacional de Pemex y la minería, aún y cuando, el amparo contra una Ley no puede derogar la Ley y mucho menos la Constitución. En todo caso puede proteger a los quejosos, pero hasta ahí.

    “Socializar pérdidas y privatizar ganancias” es su lema de campaña.

    Es evidente que están confiados en que “Va por México” va a recuperar en las próximas elecciones intermedias del 6 de junio, sus canonjías de las lesivas reformas energéticas aprobada por Felipe Calderón en noviembre de 2018 y el nefasto “Pacto por México” de Enrique Peña Nieto, si logra la mayoría del Poder Legislativo, que, entre paréntesis, el INE ya está fraguando, con el acotamiento por partidos de las diputaciones plurinominales, que dieron la mayoría en la Cámara de Diputados y Senadores, a Morena y sus aliados en 2018.

    Pero no sólo eso. Hace unos días el INE canceló el registro de 60 candidatos de Morena, a alcaldías, diputaciones locales y gubernaturas, con el pretexto de que no entregaron a la Comisión de Fiscalización del INE, “el gasto de la precampaña”, aún a sabiendas de que tales “precampañas” no se aplicaron.

    Más claro ni el agua. “El miedo no anda en burro”. El INE está apoyando a la coalición “Va Por México” que dirige y financia Claudio X. González, quien en su Twitter difundió recientemente, un slogan en una taza de café, dirigido a sus seguidores y al INE: “O lo dejamos sin la Cámara” (Mayoría del Congreso de la Unión de Morena), “o nos deja sin país”, (el Presidente de la República y la 4t).

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