Sabiduría del dolor

    La pérdida de un ser querido es de las pruebas más fuertes que nos proporciona el dolor. Empero, aún en este acerbo trance podemos alzar nuestra mirada y entonar una súplica confiada.

    La mordedura del dolor a todos nos alcanza. ¿Quién no ha experimentado la enfermedad propia o de algún familiar, así como dificultades, adversidades y desventuras que se abaten sobre nosotros? La experiencia de la muerte de algún ser querido es uno de los dolores más fuertes y que sobrellevamos con mayor pena y rigor.

    Sin embargo, aunque el dolor nos flagela, agobia, hiere y hace que se ausenten el buen ánimo y la alegría, sabemos que experimentarlo es esencial y necesario. Gracias al dolor tomamos más en serio nuestra vida y agradecemos con mayor intensidad los tiempos de bonanza. Es decir, en su momento nos dobla o quiebra, pero siempre nos fortalece. “Ningún árbol es fuerte sin continuos vientos”, dijo Séneca.

    El poeta Amado Nervo expresó fielmente la sabiduría del dolor: “El dolor es como las nubes; cuando estamos dentro de él sólo vemos gris tedioso y trágico; pero en cuanto se aleja y lo dora el sol del recuerdo, ya es gloria, transfiguración y majestad”.

    La pérdida de un ser querido es de las pruebas más fuertes que nos proporciona el dolor. Empero, aún en este acerbo trance podemos alzar nuestra mirada y entonar una súplica confiada.

    En 1939, Vera Lynn fortalecía a los soldados que partían a la guerra con una canción que decía: “Nos volveremos a ver / No sé dónde / No sé cuándo / Pero sé que un día de sol nos volveremos a ver”.

    Ana Frank, quien falleció en los campos de concentración, escribió en su diario: “Mientras exista este sol y este cielo tan despejado y pueda yo verlo no podré estar triste... Mientras todo esto exista, y creo que existirá siempre, sé que toda pena tiene consuelo, en cualquier circunstancia que sea”.

    ¿Experimento la sabiduría del dolor?

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