Sarcasmos

BUHEDERA
    Las guerras no generan ganadores, sólo viudas.

    Candidatos

    La historia se repite. En junio-julio de 1990 escribí la novela “A imagen y semejanza” (me la publicó Siglo XXI en 1992) a partir de la declaración de mi paisano Enrique Jackson, entonces líder del PRI del DF, de que el PRI iba a barrer en la elección de 1991, con independencia de sus candidatos. “El paraguas del PRI es el que va a ganar, llámense como se llamen los candidatos”, dijo. Y en efecto, el PRI ganó por goliza (en el DF ganó en las urnas las 40 diputaciones en juego, de modo que el número uno de la lista plurinominal, Marcelo Ebrard, protegido estrella del regente capitalino Manuel Camacho, a su vez amigo cercanísimo del Presidente Carlos Salinas y supuestamente su sucesor, se quedó chiflando en la loma). Pero sería la última vez, según yo. En adelante, los nombres de los individuos comenzarían a pesar más que las siglas del partido que los cobijara. Con esa tesis escribí la novela (la primera en México de mercadotecnia política), pero como era una noción abstracta, para efectos literarios la envolví en una trama inventada que la realidad rebasó en 1994 con el sainete del asesinato de Colosio (esa es otra historia).

    Ahora sólo son algunos los partidos que apuestan por el paraguas político-simbólico, en que es el partido el que va a ganar, con independencia de los nombres de los candidatos en las boletas. Evocan la arrogancia de mi paisano Jackson hace 31 años. Pero los tiempos han cambiado. Esa tendencia electoral no se repetirá masivamente. Los candidatos pesarán, no sólo el partido.

    Recuerdo de mi infancia en los años 50’s (sexenio de Ruiz Cortines, durante la “dictadura perfecta”) las pintas en los muros de las ciudades, en las bardas de los pueblos y en las piedras de las carreteras. Era un mensaje muy, muy simple, para el pueblo casi analfabeto que el Poder quería tener y daba por supuesto (aunque entonces constaba de unos 26 millones de habitantes en vez de los 130 de ahora, una quinta parte). Mostraba cruzado con una equis el círculo tricolor del PRI, y una sola instrucción: VOTA ASÍ. Vaya que han cambiado las órdenes electorales. Algunos escépticos dirán que nada más son las formas, pero el fondo es el mismo. Puro gatopardismo. Quizá.


    Fordlandia

    Wikipedia: “Fordlandia (en portugués, Fordlândia, o Ford Land) fue, a principio de los años 30, una población brasileña establecida a orillas del río Tapajós, afluente del Amazonas, cuyos centros urbanos establecidos más próximos eran Santarém y Belém.

    Fue ideada por Henry Ford para establecer más de 20,000 hectáreas de cultivos del árbol de caucho, cuya producción satisfaría la demanda de caucho de la fábrica Ford y rompería el monopolio británico y holandés, originado por las plantaciones en el sudeste asiático, principalmente en Malasia.El gobierno brasileño aceptó darle concesión sobre todo ese terreno, y otros beneficios, a cambio de 9% de los ingresos de Ford por este concepto.

    Por diferentes factores, principalmente porque los trabajadores estaban siendo explotados y por la obsesión de Ford de trasladar cultura estadounidense al Amazonas por la fuerza (de hecho, los obreros importados se sublevaron violentamente), estas plantaciones no prosperarían y darían como resultado que para cuando se produjo el abandono de la ciudad, en los años cuarenta, Ford había acumulado pérdidas por valor de veinte millones de dólares (doscientos millones al cambio de hoy), mientras el caucho sintético convertía al natural en obsoleto.

    Hoy, Fordlandia es una ciudad abandonada que descansa perdida en el corazón del Amazonas, frecuentada tan sólo por unos pocos granjeros y algún turista ocasional.

    A Henry Ford le daban miedo las enfermedades tropicales, por lo que nunca llegó a visitar Fordlandia en persona.