Transparente amistad

    Una de las características y virtudes de la amistad es su transparencia. Con el amigo no caben poses ni simulaciones; ante él, se muestra uno como es: sin dobleces, máscaras o mentiras.

    La verdadera amistad incluye tal grado de confianza que no se experimenta ningún temor a críticas, burlas, mofas o traiciones.

    Por eso, conversar con un amigo es placentero y constituye un momento de relax, tranquilidad y descanso. La alegría del encuentro amistoso es delicado bálsamo que cura las heridas y desgaste del camino.

    Séneca, en las Cartas a Lucilio, precisó que con un amigo se pueden hacer todas las confidencias, sin temor de que traicione ni revele lo que se le ha comentado.

    “Encomendaste a tu amigo, según me escribes, unas letras para que me las entregase; luego me adviertes que no comparta con él todos tus asuntos, porque ni siquiera tú mismo acostumbras a hacerlo: así en la misma carta le proclamas amigo y niegas que lo sea... Pero si consideras amigo a uno en quien no confías en la misma medida que en ti mismo, te equivocas de medio a medio y no has valorado con justeza la esencia de la verdadera amistad”. Antoine de Saint-Exúpery, en “Carta a un rehén”, subrayó esta misma confianza:

    “Por esta razón, amigo mío, tengo tanta necesidad de tu amistad. Tengo sed de un compañero que respete en mí, por encima de los litigios de la razón, el peregrino de aquel fuego... ¡Estoy tan cansado de polémicas, de exclusividades, de fanatismos! En tu casa puedo entrar sin vestirme con un uniforme, sin someterme a la recitación de un Corán, sin renunciar a nada de mi patria interior. Junto a ti no tengo ya que disculparme, no tengo que defenderme, no tengo que probar nada”.

    ¿Soy transparente?

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