Las ganas de “echar pa’lante” caracterizan a los colombianos. Hoy, el rumbo de esa voluntad avanza por la izquierda con el primer triunfo de un progresista en la historia de un país donde menos de 10 núcleos familiares se han repartido el poder nacional durante dos siglos.

    Gustavo Petro, Presidente, y Francia Márquez, Vicepresidenta, son emblemas del cambio que nos hace pensar que la hora le ha llegado, al menos inicialmente en el discurso, al clasismo y racismo que domina en ese país y en una buena porción de América Latina.

    En otra vida, Petro fue “Aureliano”, pseudónimo que eligió inspirado en el famoso Coronel que habita “Cien años de soledad”, emblema del realismo mágico de Gabriel García Márquez; con ese nombre se unió a la guerrilla del M19. Yo lo conocí en 2015, cuando asistí a un encuentro multilateral en Bogotá -ciudad de la cual él era Alcalde- para analizar estrategias de combate al robo de celulares, que entonces era un delito preocupante para ambos países.

    Destaco dos aspectos de aquel viaje. El primero, y más revelador, fue la serie de anuncios en radio y televisión en los cuales se notificaba que “los afrodescencientes ya pueden ser parte de la Policía Nacional”. Hace apenas ocho años. El segundo, la convicción y confianza de Petro para sostener que sin empoderamiento ciudadano para la denuncia no habría estrategia de seguridad que detuviera los atracos.

    En la ecología de la seguridad, sostengo que es indispensable asumir la correlación existente entre diversos delitos. El robo de celular estaba desde entonces relacionado con la extorsión, delito tremendamente adaptable y versátil en su acecho a una ciudadanía que aspira a desplegar su libertad tanto en la presencialidad como en el espacio virtual.

    Colombia sigue siendo referencia global y caso de estudio de algunas prácticas delictivas, incluida la persistencia de su capacidad de abasto global de cocaína. Cifras del Grupo Información de Criminalidad de ese país revelan un aumento de 16 por ciento entre 2020 y 2021 en la extorsión. Recordemos que de Colombia se extendió a todo el continente el “gota a gota”.

    Entre enero y mayo de este año suman 3 mil 257 denuncias acerca de la extorsión en un país de 51.6 millones de habitantes. En México -con 128.9 millones- en lo que va de 2022 se han registrado, en el mismo periodo, 4 mil 347.

    En Colombia, la Policía Nacional tiene detectado que las extorsiones provienen en su mayoría de los centros penitenciarios, mientras que en México éstas representan, de acuerdo con los datos del Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, menos del 2 por ciento.

    Un dato importante que refleja avance de un gobierno progresista ya a mitad de su gestión: en la capital nacional, la estrategia impulsada por la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, reporta una disminución de 61 por ciento en extorsión, al comparar los primeros cinco meses de 2022 con el mismo periodo de 2019; el mejor indicador desde 2015.

    Desde la ciudadanía, seguiremos con atención el impacto de la visión social que Petro imprimirá a su acción contra la delincuencia. En el diálogo regional es indudable que son tiempos de transformación y humanismo: vivir sabroso significa privilegiar el bienestar colectivo y empoderar al individuo.

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