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Grito de Independencia

Un festejo sin el tamaño de antes, el Grito de Independencia en Culiacán

Muchos filtros de seguridad, medidas sanitarias, para muy poquitos asistentes que ya no pueden comportarse como antes, sin algarabía, sin la sal de otros años

El templete ya no tiene el tamaño de antes. Son menos bocinas y no hay algarabía.

Después de las 21:00 horas, la explanada del Palacio de Gobierno tiene su peor cara en fiestas patrias.

Otras veces repleta, embarrada como niño que recién le ha dado una mordida al pastel y todo lo han empujado con fuerza, hoy si acaso tiene un dedazo de betún.

$!Foto: Noroeste/José Abraham Sanz
Foto: Noroeste/José Abraham Sanz ( )

Eso sí, desde abajo, se ve que en el segundo piso el área que el Ejecutivo estatal acondicionaba para ofrecer un banquete para invitados especiales, se nota igual que siempre, con una decena de filtros con mesas acondicionadas, meseros y todo a pedir de boca.

Pero abajo, don José, de 70 años, se ha tenido que aguantar una hora de puras pruebas de sonido, uno que otro chorro de humo para calar los efectos del escenario, para empezar a escuchar que suene algo.

$!Foto: Noroeste/José Abraham Sanz
Foto: Noroeste/José Abraham Sanz ( )

Y el algo es un tenor y un par de sopranos que ya están cantando “Sabor a mí”.

No puede explicar muy bien cómo, pero logró colarse, junto a un vigilante de avanzada edad y otras media docena de jóvenes que se han acomodado en la primera fila.

“No pretendo ser tu dueño. No soy nada, yo no tengo vanidad; de mi vida, doy lo bueno, soy tan pobre, ¿qué otra cosa puedo dar?”, sigue la melodía.

$!Foto: Noroeste/José Abraham Sanz
Foto: Noroeste/José Abraham Sanz ( )

Son sus gustos, sus rolas, pero no el estilo, dice José con una mueca.

“Todo mal, todo mal”, responde cuando se le ha preguntado sobre el trabajo de Quirino al frente del gobierno estatal.

Luego comenta que si la pregunta era sólo por la organización del evento.

Abre sus manos, muestra sus palmas y voltea a los lados. “Pues, ve”, justifica.

--¿Y en general?

--Mal, todo mal, reafirma.

La pandemia por el Covid-19, que llegó a Sinaloa desde finales de febrero de 2020, obligó a los sinaloenses a tener que esconderse, algunos, los más necios o valientes, como los médicos, si salieron.

“Bueno, eso sí afecta a que esté solo”, dice José, quien es vecino de la colonia Ejidal.

“Pasarán más de mil años, muchos más”, suena de nuevo el estribillo y José ya no quiere platicar.

Se ofende porque se le pregunta si es priista.

“No, soy morenista, ahí viene Rocha, ahí viene lo bueno”, expresa.

La charla con José termina con el show del tenor y las sopranos, cuando ya viene la cantante Nadia Yuriar, con un conjunto norteño.

Alguien grita como buya un ayayay para mofarse del llanto del acordeón que se estrella con la plancha de concreto y roca de la explanada, que aún luce vacía y solo viste 21 líneas de sillas que esperan en 25 filas.

Difícil conocer cómo se ha colado don José, porque es obvio que llegó solo, y atravesó, por lo menos, media docena de filtros de agentes de la Unidad de Vialidad y Tránsito, luego de agentes de la Policía Municipal, otro más de la Policía Estatal y luego de cientos de elementos de la Guardia Nacional apostados en las inmediaciones del Palacio, tanto por Insurgentes como por la calle Lázaro Cárdenas.

Pero algo más es obvio, las decenas de camionetas lujosas y los constantes accesos de otros vehículos dan a entender que la fiesta arriba es la misma.

Y abajo, con don José, faltan la lluvia de sonidos de cornetas tricolor, las trompetas de plástico, las espantasuegras, los silbatos, los rostros rayados de crayón tricolor, las adelitas, los charros, los morelos, los hidalgos, los puestos de hotdogs, las espiropapas, los tostiesquites, los esquites, los churros rellenos, las aguas de sabores, los cuetones, el castillo, las peleas de cholos y una que otra “caguama” o botes de cerveza que alguien ha metido de contrabando.

Nadia Yuriar comienza a mandar saludos a los organizadores y se luce, porque decenas vienen entrando, de diferentes colonias, traídos en camiones urbanos, invitados especiales que fueron escogidos por razones poco claras.

Nadie baila, nadie festeja, solo beben unos pequeños botes de agua helada que les regalan a la entrada.

Vienen niños menores y adultos mayores.

Mayores, como don José, que ya renegó porque todo le ha parecido una exageración.

La cara norte del Palacio de Gobierno luce exactamente igual, iluminado, con figuras y luces tricolores y su campana está lista para gritar.

Enfrente, bien poquito de los mismos, que ya no se pueden comportar igual que antes.

Abajo todo filtros y medidas sanitarias, mientras allá arriba en el balcón del Palacio de Gobierno todo era abrazos, sonrisas y aglomeraciones.

Par momentos después, el Gobernador Quirino Ordaz Coppel daba el último Grito de su administración dejando su marca arengando después de varios “Viva México” y “Viva Sinaloa”, su “Puro Sinaloa”.

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