|
Columna

Aquel Divino Maestro

EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA

    La misión educadora de la Iglesia, proclamada por su magisterio y expuesta a través de los siglos procede de su mismo fundador; Jesús.

    En la encíclica “Divini illius magistri” del año 1929, el Papa Pío XI aborda el tema y la razón de la labor educativa de la iglesia, conceptos críticos, ya en ese tiempo, son tratados con visión, después serían ampliados y desarrollados en diferentes oportunidades por los sucesores del pontífice.

    Importante es ubicar de donde parte la educación, pues, aunque todos somos educadores, en un momento dado, sin embargo, no todos estamos en el mismo punto de la escala al descubrir la jerarquía en cuanto al derecho y deber de educar. Confundiendo esta jerarquía, o alterándola, muchas veces dolosamente, es utilizada para lograr fines ajenos y aún contrarios a la educación.

    El ser humano es un ser sociable por naturaleza, por tanto, la educación nace y se desarrolla en este ambiente social.

    La familia, instituida por Dios, tiene el deber y el derecho de procrear y educar, por esto tiene la prioridad sobre cualquier otra sociedad, Pero Aún teniendo esta prioridad, la familia no cuenta, en si misma, todos los elementos para su perfeccionamiento, por esta razón es llamada sociedad imperfecta, necesita apoyarse en el estado, quien viene a completar su labor.

    El ser humano es el sujeto de la educación, encerrando en él toda su complejidad, desde la sublimidad de su ser, hasta su latente postración y degradación.

    Teniendo en cuenta este misterio, la educación debe abarcar al hombre completo, con los riesgos latentes y que muchas veces las teorías existenciales tratan de pasar por alto.

    En el interior del hombre habita una división, puede llevarlo a lo sublime o a lo vulgar y degradante. La educación deberá estar pendiente y prever esta realidad.

    Importante es la labor del maestro docente, quien enseña con los conceptos y con los ejemplos, en él se deposita al joven “blando como la cera”, apartándolo de las malas ocasiones y dándole oportunidad a las buenas.

    Un buen maestro procura el bien de la iglesia y de la patria, es necesario despertar la conciencia sobre la necesidad y promoción de la vocación del maestro, en el pleno sentido de la palabra.

    La educación cristiana debe tener como meta, la formación de verdaderos y auténticos cristianos, en todo su sentido, así como dar a la sociedad y a la patria, los mas nobles y provechosos ciudadanos, desde esta visión cumplirá su compromiso, ante Dios y ante el mundo.

    El modelo presente en la educación es y será siempre; Jesús, “modelo universal y accesible, con su ejemplo a todas las condiciones de vida humana, particularmente a la juventud”.

    Periodismo ético, profesional y útil para ti.

    Suscríbete y ayudanos a seguir
    formando ciudadanos.


    Suscríbete
    Regístrate para leer nuestro artículo
    Esto nos ayuda a identificarte mejor al poder ofrecerte información y servicios justo a tus necesidades al recibir ayuda de nuestros anunciantes.


    ¡Regístrate gratis!